viernes, 8 de diciembre de 2017

Lo malo cuenta y cuenta mucho



Este diciembre se han cumplido cinco años de la presidencia de Enrique Peña Nieto. Siendo sinceros, yo tenía la esperanza de que no durara tanto, pero ya ven. He procurado hacer la crónica de lo mal que nos ha ido durante este sexenio que va en la recta final.

Para seguir con esa tradición hoy les presento aglunos puntos por los que deberíamos estar escandalizados, indignados y encabronados con la clase política mexicana. Porque no todo es culpa de Peña, claro está. Es más, también deberíamos estar decepcionados de nosotros mismos, que como sociedad civil nos hemos sabido organizarnos para crear una mejor cultura política y reconstruir el tejido social.

Pero antes, un repaso rápido por estos últimos cinco años:

·         Indígnate, México
·         México en llamas

No hay muchísimo de nuevo que decir. Las mismas tendencias de las que ya hemos hablado en resúmenes anteriores han seguido acentuándose a lo largo de este año: corrupción gubernamental, crecimiento de la desigualdad económica, aumento de la violencia delictiva en general, y de la violencia de género en particular, y violaciones a los derechos humanos por parte de autoridades que no sienten que deban rendir cuentas.

I. A los mexicanos nos explotan




México es un país con un alto índice de desigualdad económica: el 10% más rico posee tanta riqueza como el 70% más pobre. Las medidas para paliar la desigualdad son insuficientes y a este ritmo tardaríamos otros 120 años para remediar el problema [aquí]. Un 70% de los mexicanos ve con suma desesperanza el futuro del país, el más desesperanzado de América Latina después de Venezuela [aquí].

Esto se da como parte de un fenómeno global generalizado, producto del dogma ideológico impuesto desde hace algunas décadas a la economía, cuyo propósito era precisamente permitir que los ricos acumularan más riquezas. No es de extrañar que los Millennials sean la primera generación desde la Segunda Guerra Mundial que tendrá una vida adulta menos prometedora que la de sus padres [aquí].

Los adalides de la libre competencia aseguran que si hay mexicanos que ganan menos es simplemente porque lo que hacen vale menos. Pero resulta que los mexicanos somos de los que más horas trabajan en el mundo. Un mexicano trabaja 875 horas más al año que un Alemán. Además, los mexicanos tenemos menos días de vacaciones al año. Para ganar el derecho a tener un mes de vacaciones tendrías que laborar por 30 años. Mientras tanto, un francés sólo tiene que trabajar un año para recibir el derecho a un mes de vacaciones pagadas. Pero, a pesar de todo producimos menos riqueza que un alemán o un francés… ¿qué pasa? [aquí y aquí].



Algunos dicen que trabajamos mucho, pero que no trabajamos bien, que seguro la mayoría se la pasa en la oficina todo el día, pero perdiendo el tiempo en el chisme, las redes sociales y la comida chatarra. Quizá, pero si es así la cosa, si nos la pasamos echando la hueva, ¿cómo es que los mexicanos somos de los trabajadores más estresados y agobiados del mundo? El 75% de nuestros compatriotas padece síndrome de fatiga por estrés laboral [aquí].

A pesar trabajamos más horas, descansamos menos días y estamos más agobiados incluso que los chinos y los estadounidenses, los sueldos en México son de los peores de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Mientras que la paga por la mano de obra en un país promedio es de 50 dólares, en México es de menos de 15; incluso por debajo de otros países que se consideran “baratos” y cuyas economías son más pequeñas que las nuestra, como Chile [aquí]. Y aunque el desempleo se ha reducido, esto ha sido a costa de una precarización del trabajo; o sea, que hay más trabajos, pero cada vez peor pagados. La cosa está tan mal que sólo un 21% de los mexicanos alcanzan a comprar una canasta básica con su sueldo. [aquí].

Ya hemos dicho que “los que ricos son ricos porque trabajan más, mientras que los pobres son pobres por flojos o tontos” es un mito que se ha sido desmentido en decenas de estudios socioeconómicos [aquí]. La realidad es que si los trabajadores mexicanos producen menos es precisamente porque nos tienen en las oficinas, fábricas, talleres, maquiladoras y demás, por más horas a cambio de menos dinero, en un estado de estrés y agotamiento constantes que termina por afectar nuestro desempeño.

II. México misógino



Hace unos meses, el feminicidio de la joven Mara Fernanda por parte de un conductor de Uber causó una oleada de indignación en México, lo que resonó en el mundo de habla hispana [aquí]. Desafortunadamente, el caso no es excepcional. De hecho, los casos de feminicidios en México han aumentado, como también ha aumentado el porcentaje de los mismos que quedan impunes. En promedio, 5 mujeres son asesinadas en México todos los días; unas 6,500 perdieron la vida de forma violenta entre 2013 y 2015 [aquí].

El fenómeno va aunado al hecho de que la cultura machista, que culpabiliza a la víctima y normaliza el crimen, permea las instituciones encargadas de impartir justicia, pues la mayoría de los jueces carece de nociones básicas de perspectiva de género [aquí y aquí].

No se trata solamente de casos aislados; las mujeres son víctimas de un sistema cultural a la vez que económico y político, pues a la violencia de género se suman la explotación y la corrupción gubernamental. Los casos de la trata de mujeres son el mejor ejemplo de ello. Mujeres, especialmente jóvenes, son raptadas y obligadas a prostituirse por cárteles del crimen organizado.



En este escenario, la exsenadora panista Rosi Orozco ha monopolizado el activismo en contra de la trata, cuando lo que en realidad ha construido una red de influencias que le permiten sobornar o chantajear actores políticos y obtener fondos públicos millonarios, sin hacer nada en contra del delito que supuestamente combate [aquí].

La misoginia no se expresa solamente en estos casos más obviamente violentos. México va de mal en peor en materia de equidad: la brecha de género está hoy por hoy en su nivel más alto desde 2013. Esto ha llevado que el Foro Económico Mundial degradara a México de la posición 66 a la 81 (de 144 países) en la escala de equidad de género. En América Latina, México ocupa el lugar número 20 de 24 países, por debajo no sólo de los países más desarrollados de la región, como Argentina o Chile, sino superado también por Belice, El Salvador, Venezuela, Cuba y Bolivia [aquí y aquí].

¿Ahora entienden por qué las mujeres en México están tan molestas? ¿Seguirán los necios diciendo que la igualdad de género ya se logró? ¿O captarán por qué hay tantas feministas indignadas y en pie de lucha?

III. Corrupción internacional



Resulta que los mexicanos somos los más corruptos de América Latina. El 51% de nuestros conciudadanos ha admitido haber pagado sobornos a alguna autoridad. Esto habla muy mal de nosotros: ¿cómo podemos esperar que nuestros políticos sean honestos si nosotros como ciudadanos? Pero luego entendemos que no se trata de simple malignidad por parte de los mexicanos: la mayoría de los sobornos del ciudadano común se da en la prestación de servicios, como en escuelas, centros de salud y documentación personal. En otras palabras, la mayoría de los mexicanos se ven obligados a pagar “mordidas”, porque de otra manera no reciben los servicios que necesitan. El aparato estatal es tan ineficiente que sólo funciona a base de palancas y sobornos [aquí].

No se trata de minimizar la responsabilidad del mexicano promedio. Uno tiene el deber cívico de ser honesto para construir una mejor sociedad. Pero también es ingenuo esperar que simplemente con mantener las manos y la conciencia limpias el problema de la corrupción política institucional se resolverá. Es necesario exigir rendición de cuentas y castigo para los infractores, no sólo entre quienes son funcionarios públicos, sino entre los empresarios ricos. Porque, ultimadamente, la corrupción que más nos daña a todos no es la de quien le pagó un dinerillo al policía para evitar una infracción, sino la del alcalde que negoció con el empresario constructor cómo se dividirían el moche de un proyecto de obra pública sobrepreciado.

Ya habíamos visto que México está padeciendo la generación de gobernadores más corrupta de su historia, y que la inmensa mayoría vienen del PRI [aquí y aquí]. Pero la corrupción va más allá de lo local y lo estatal. Políticos y empresarios mexicanos forman parte de redes de corrupción, tráfico de influencias, lavado de dinero y evasión de impuestos que trascienden las fronteras.



Ya lo habíamos visto en el caso de los Panamá Papers y los Bahama Leaks, y ahora tenemos los Paradise Papers [aquí, aquí y aquí]. Estos escándalos revelaron la existencia de paraísos fiscales en los que los más ricos del mundo tienen sus fortunas para evitar pagar impuestos en sus propios países. Aunque el asunto es turbio, no es del todo ilegal. Lo que sí es que es una canallada: los más ricos se libran de pagar impuestos, mientras que las clases medias y bajas están cautivas por el régimen fiscal. Las inmensas cantidades que los ya de por sí asquerosamente ricos dejan de pagar en impuestos podría haber servido para mejorar los servicios de educación, salud y seguridad. La riqueza no es solo producto del esfuerzo individual, sino de las condiciones sociales; al evadir impuestos, estos millonarios están dejando de contribuir a las sociedades a las que deben su fortuna.

Más grave y trascendente (y menos discutido) ha sido el caso Odebrecht. Qué mejor que este artículo de El País para resumirlo:

“En junio de 2015, la policía brasileña encargada de investigar la macrotrama corrupta de la petrolera estatal Petrobras arrestaba, en su lujosa casa de São Paulo, a uno de los empresarios más poderosos de Brasil, Marcelo Odebrecht, quien al final aceptó cantar y delatar a cambio de rebajar diez años la condena (de 19 años). Con él, otros 77 altos cargos de la empresa se prestaron también a dar nombres, fechas y cuantías a la policía a cambio de años de libertad. 
Además de pedir perdón públicamente, la empresa también se avino a pagar la mayor multa impuesta a una compañía acusada de corrupción: 3.500 millones de dólares, repartidos entre los Gobiernos de BrasilEE UU y Suiza (países que también investigaban a Odebrecht por sus prácticas corruptas). A cambio, dejaba de estar proscrita y volvía a poder concursar a obras públicas, su principal fuente de ingresos.Pero una vez que las investigaciones se hubieron puesto en marcha, nada iba a impedir que el torrente de revelaciones siguiera arrasándolo todo. Desde EE UU y pasando por las fiscalías locales, ya afecta, fuera de Brasil, al presidente colombiano Juan Manuel Santos y a varios expresdientes de Perú, incluso ha rozado al mexicano Felipe Calderón. 
Odebrecht empleó una secreta, pero totalmente funcional, unidad de negocios de la empresa –un departamento de sobornos, por decirlo de alguna manera– que sistemáticamente pagó cientos de millones de dólares para corromper a funcionarios del Gobierno en países de los tres continentes’, afirmó en diciembre de 2016 Sung-Hee Suh, fiscal general asistente de la División Criminal del Departamento de Justicia norteamericano.”

Independientemente de la mención al expresidente Calderón, quien ha resultado más enlodado por este escándalo ha sido el exdirector de Pemex, Emilio Lozoya. El exdirector de Odebrecht en México, y uno de los arrestados por la policía brasileña, Luis Alberto de Meneses Weyll, ha denunciado a Lozoya como uno de varios funcionarios de Pemex que recibieron un total de 10 millones 500 mil dólares en sobornos [aquí].



El caso de Lozoya es importante, dado que el sujeto es muy cercano al presidente Peña Nieto y, como colaborador en su campaña electoral, uno de los principales responsables de haberlo llevado hasta la presidencia. De nuevo, el presidente se ve más que rozado, embestido por las evidencias de corrupción de la gente que lo rodea.

Pero peor aun es la descarada impunidad con la que este caso se ha desarrollado en México. Mientras en otros países de América Latina han rodado cabezas, en el nuestro el silencio es casi absoluto; no sólo no hay arrestos, ni siquiera hay cargos formales. Lozoya hasta se da el lujo de amenazar con demandas a quienes simplemente repiten lo que los medios internacionales están señalando en su contra [aquí y aquí]. Quizá es que estamos tan perdidos entre tanto escándalo que cada uno silencia al anterior y terminamos acostumbrándonos a la jodidez en la que nos tienen los poderosos.

IV. Más poder al poder



El propósito de la guerra, decía Hugo Zemelman, es mantener un constante estado de excepción que le permita al ejecutivo gobernar por decreto pasando por encima de las instituciones democráticas. A nivel internacional, esto se ha dado con la guerra contra el terrorismo encabezada por los Estados Unidos. A nivel de México, con la guerra contra el narco encabezada por Calderón.

Ya les había mostrado la gráfica que muestra el índice de asesinatos en México. Aquí se puede ver cómo había habido una paulatina reducción de los homicidios a lo largo del siglo XX (una tendencia global, por cierto), pero que justo en 2007, con el inicio de la guerra calderonista, la violencia se disparó. A diez años de que iniciara esta guerra las cosas no han mejorado en lo absoluto: ni hay menos drogas llegándole a nuestros hijos y la violencia sólo se pone peor.



De hecho, 2017 superó todos los récords en homicidios de años anteriores, incluyendo al más violento anterior, que había sido el 2011. Solamente el pasado mes de octubre fue el más violento en 20 años, registrando más de 2,300 homicidios [aquí y aquí]. ¿Por qué nos va tan mal? ¿Es porque el gobierno no ha tenido la suficiente mano dura? No, es porque todo este mitote estuvo hecho con las patas desde un principio, como nos lo explica un análisis del New York Times [aquí]. Aunque el origen de la crisis se remonta a hace 20 años, es decir, mucho antes del sexenio de Calderón, durante su mandato se privilegiaron acciones a corto plazo y todo ello provocó mayores problemas a largo plazo:

“La solución del problema parece obvia: tener un cuerpo policial y procuradores de justicia sólidos, supervisados por políticos a quienes los ciudadanos exijan rendir cuentas, podría acabar con el vacío en el que florecen las bandas de delincuencia y los funcionarios corruptos. En vez, el desorden y la violencia han aumentado.”

Ante este panorama se perfila la Ley de Seguridad Interior, que regulariza el actuar del ejército mexicano en sus funciones de policía. En efecto, desde hace 10 años las fuerzas armadas han estado haciendo las veces de agencias policiacas, dado que estas instituciones se encontraban rebasadas o infiltradas por el crimen organizado. El problema: el ejército no está capacitado para tales funciones y no existía un marco legal que justificara su actuar. La respuesta viene en esta ley, recientemente aprobada por la Cámara de Diputados, la cual se puede resumir en ocho puntos [aquí]:

1.       El presidente tendrá la facultad de ordenar la intervención del ejército en zonas en las que se considere que existen amenazas a la seguridad interior.

2.       Al expedir una Declaratoria de Protección a la Seguridad Interior debe tener el “visto bueno” del Consejo de Seguridad Nacional, pero a la Comisión Bicameral de Seguridad Nacional y a la Comisión Nacional de los Derechos humanos sólo tendría que hacerles una “notificación”.

3.       Con todo, si el presidente cree que así lo amerita, podrá ordenar la intervención inmediata del ejército, pasando por alto el mínimo protocolo mencionado antes.

4.       Eso sí, dice que las acciones de las fuerzas armadas deberán respetar rigurosamente los derechos humanos…

5.       A menos que la perturbación a la paz pública sea tan grave que para atenderla se requieran suspender los derechos; entonces, ni modo, habrá que hacerlo (pero apegados a la Constitución).

6.       Esto es lo sabroso: si hay movilizaciones de protesta social que no se consideren “pacíficas”, se podrán tomar como amenazas a la seguridad interior.

7.       De antemano debe fijarse cuánto durará la intervención del ejército, que no podrá durar más de un año… A menos que el presidente decida que el plazo se debe aumentar porque todavía existan la amenaza. O sea, que esta ley pone todos los límites, pero deja a la discreción del presidente cómo y cuándo es válido pasarse esos límites.

8.       Durante la emergencia, las fuerzas armadas podrán recolectar la información que crean pertinente… Lo cual incluye el espionaje a ciudadanos.

Diversas organizaciones no gubernamentales, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos y hasta un grupo de exrelatores de las Naciones Unidas han alertado en contra de esta ley [aquí, aquí y aquí]. Básicamente esta ley permitiría mayores violaciones contra los derechos humanos por parte del ejército (que tiene un historial terrible al respecto), significa la renuncia a hacer funcionar las agencias policiacas para en vez de ello recurrir a las fuerzas armadas y no ayudaría a mitigar el problema de la violencia en el país, sino que antes bien serviría para escalarla [aquí y aquí].



Simplemente darle poder a las instituciones de gobierno, no ha traído nada bueno. Recordemos el caso (bastante reciente, pero enterrado por otros escándalos) que se llamó #GobiernoEspía. El gobierno de Peña Nieto (a través del secretario del Consejo Técnico de Seguridad Nacional, Tomás Zerón de Lucio) contrató el infame software Pegasus de la igualmente infame empresa italiana Hacking Team, que le permitía espiar a los ciudadanos de forma ilegal. ¿Lo usaron para vigilar a los criminales? No, lo usaron para espiar a activistas sociales, rivales políticos y periodistas incómodos, que fueron tratados como enemigos del Estado. Lo peor: este chistecito nos costó 32 millones de dólares [aquí, aquí y aquí].



Hemos visto que cuando el gobierno comienza a amasar más poder, no es porque planee usarlo para protegernos, sino para protegerse a sí mismo. Se trata de mantener sus privilegios, sus riquezas, su capacidad de actuar impunemente, de preservar el sistema político del que se benefician. Ya lo dice sabiamente la canción: “si le das más poder al poder, más duro te van a venir a coger”.

jueves, 30 de noviembre de 2017

We can be heroes!



Por fin está en cines la película con la que he soñado desde que era un pequeño nerd, la reunión en la pantalla grande de todos (bueno, algunos) mis héroes favoritos, Liga de la Justicia. Y bueno, la peli está… Ok.

He esperado algún tiempo antes de sentarme a escribir; ya vi la película dos veces (casi nunca pago dos veces por una peli en cines), y he estado escuchando opiniones diversas al respecto. Es que quería bajarle un poco a la emoción y aclarar mis pensamientos. Dudo mucho que se pueda objetivo hablando de arte y entretenimiento, pero sí trataré de ser honesto.

Voy a contarles algunas cosas que pasan en la peli sin arruinar ninguna sorpresa (de hecho, no hay sorpresas) para hablar de lo bueno, lo malo y lo regular de Justice League.

Lo meh



La historia no es que sea mala, es sólo genérica. La trama es formulaica, simple y lineal: llega un villano que quiere conquistar el mundo con ayuda de un ejército de monos alados; los héroes se van reuniendo de uno en uno; tienen una pelea inicial con el malo de la que apenas salen bien librados; durante un momento parece que el equipo se va a fragmentar; pero van, presentan batalla y ganan. No está mal, sólo es rutinario, y algunos pensarán que es una ventaja dejar de lado las complicaciones innecesarias de Batman v Superman con sus mil subtramas que no llevaban a ningún lado.

El villano, Steppenwolf, no es el peor del cine de superhéroes. Es sólo meh. Es poco conocido fuera del círculo comiquero y los espectadores no tenían ninguna referencia de él antes de esta película. No lo vemos desplegar su maldad y tampoco mucho de su poder, como para odiarlo o temerle. Sabemos que al final será derrotado. La voz de Ciarán Hinds está bien padre, pero el aspecto del tipo es ordinario y olvidable.

Lo mismo podríamos decir de las secuencias de acción: están lo suficientemente entretenidas, pero no es nada que no hayamos visto antes (excepto la pelea bajo el agua con Aquaman, que es lo único auténticamente novedoso en cuanto a acción se refiere).

Saca de onda que Man of Steel haya tenido mejores secuencias de acción que sus dos secuelas. Creo que en ambas los creadores han querido dejar fuera de peligro a todos los civiles, después del genocidio de MoS, pero no entendieron el punto: lo que molestó de la batalla contra Zod en Metrópolis no es que hubiera víctimas civiles, sino que a Superman parecían no importarles un comino. La solución no es quitar a los civiles de la escena, porque así el público no siente que haya nada en riesgo, sino mostrar a los héroes haciendo de todo para salvarlos. En cambio, aquí tenemos a una familia rusa que ocupa tiempo desproporcionado en pantalla y apenas se sobreentiende que también había otras personas en peligro.

Lo malo



Por otro lado, el tono de la peli es irregular, pasando de lo épico y solemne a lo chistín marvelero. Está bien que le hayan querido bajar dos rayas a la sordidez. El contraste entre Superman y Batman funciona porque uno es un ser de luz y el otro una criatura de la noche, y cuando en BvS ambos son un par de emos depresivos, se pierde mucho de lo que hace interesante su interacción. Estuvo bien que le regresaran las sonrisas y el humor a Superman, pero esos one-liners que le impusieron a Batman fueron infames: “Dios mío, de verdad es alto”, “Sí, definitivamente algo está sangrando”. Faltó nomás “Nunca salgo de la cueva sin ella”.

El problema de ritmo de la película se nota en que todo sucede muy rápido y muy fácil. Nuestros héroes entienden y aceptan la situación a la que se enfrenta muy rápido y saltan a las conclusiones acertadas de forma muy conveniente, sin detenerse a pensarlo ni un momento. Esto se nota sobre todo en la resurrección de Superman (no es spoiler, los de Warner son unos ridículos por querer mantenerla en secreto), cuando nuestros héroes entienden “¡a huevo, así se revive a un muerto!”, que la posibilidad del asunto ni se discute y su pertinencia apenas merece comentarios.

Lo peor: hicieron de la muerte de Superman algo irrelevante. Mataron a Supes en una secuencia que sobraba, en la segunda película en la que aparecía, y lo revivieron más fácil que al perro de Frankenweenie. Además de que mientras en BvS el kryptoniano es una figura que polariza al público (como las películas de Zack Snyder), resulta que en Justice League todo el mundo lo quería, lo extrañaba y lo quiere de regreso (como a Zack Snyder).

Por la misma razón se me hace difícil de tragar que el mundo se haya sumido en la desesperanza por la falta de Superman (más de eso en un momento), un personaje al que llevaban dos o tres años de conocer. Eso y que la caja matriz de Steppenwolf esperara a la muerte del kryptoniano para reactivarse… ¿por qué no lo hizo durante los siglos que no hubo superhéroes en la Tierra?

Otra inconsistencia: Cyborg dice que fue creado cuando la caja matriz se activó tras la muerte de Superman. Pero en BvS vimos un video de la creación de Cyborg que ya existía mucho antes de que Superman muriera (estaba en poder de Luthor desde hace quién sabe cuánto). ¿Qué pasó ahí? ¿Un hechicero lo hizo?

Por último, esta cinta de Snyder refleja a la perfección algo que en la teoría de género se llama the male gaze, o “la mirada masculina”, y que en cine se expresa mediante la forma en que las mujeres son encuadradas por la cámara. En este caso, la mirada masculina cae sobre Diana de forma muy evidente. El personaje es el mismo (es lo máximo del mundo mundial), pero la cámara le dedica demasiada atención a su escote y su culo, en oposición evidente a cómo lo hacía Patty Jenkins en Wonder Woman. No me quedó claro si su falda es más corta, pero definitivamente se le levanta y se le ve el calzoncito todo el tiempo, lo que antes no pasaba. Lo mismo sucedió con las amazonas, cuyas armaduras de batalla fueron cambiadas por bikinis de metal. Todo esto serían simplemente clichés bobos típicos del género, pero como ya teníamos el antecedente de Wonder Woman, que rompía precisamente con todo ello, se siente como un  retroceso.

Lo bueno



Pero lo bueno, a mi parecer, compensa por lo malo y lo mediocre. Lo mejor de la película fueron los protagonistas. Cada uno de los seis magníficos está caracterizado a la perfección y cada uno tiene un momento, aunque sea breve, pero que es suficiente para conocer qué pasa por su mente y con su vida.
Flash es el novato nervioso, Batman el veterano cansado, Diana es la líder nata pero está insegura de su papel, Aquaman es un buen tipo que no halla su lugar en el mundo y Cyborg se siente como un fenómeno. Por supuesto, aquí tenemos POR FIN al Superman que queríamos ver, el símbolo encarnado de la esperanza y de lo mejor del espíritu humano.

Me pareció fantástico el arco argumental de Batman, que inicia desde BvS, en donde tenemos un hombre consumido por la amargura, que al descubrir la auténtica humanidad en Superman (sí, que haya sido con lo de Martha es una tontería, pero lo que significa ese momento es maravilloso) reencuentra la suya propia. En esta película continúa con ese mismo viaje, y tiene unos momentos de introspección en los que admite que “Superman era más humano que yo”. ¡Y sí! De eso se trata la oposición entre Bats y Supes: que uno quiere ponerse por encima de la humanidad como superhombre nietzscheano, mientras el otro es profundamente humano a pesar de su origen semidivino. Y tengo entendido que en una versión más extensa de esta cinta, Batman profundizaba más en cómo se había dejado dominar por la furia y convertido en un asesino (¡muero por ver esa edición!). O sea, Superman salva a Batman, metafóricamente le devuelve la vida, y por eso tiene sentido que después sea Bruce quien literalmente le devuelva la vida a Clark.



Repito, incluso si parece que tienen poco tiempo para desarrollarse como personajes, los momentos que sí tienen, los diálogos que enuncian, son suficientes para entender sus personalidades, sus motivaciones, sus conflictos internos. Si acaso, lo único que me molestó fue que Flash no parara de ser chistín y poner cara de subnormal todo el tiempo, pero es que yo no tengo sentido del humor, o algo así.

La química entre ellos es también perfecta. De hecho, los mejores momentos de la película suceden cuando están ahí, interactuando como personas, y no tanto cuando luchan contra los monos alados de Steppenwolf. Desde los roces tensos hasta la entrañable camaradería, estos actores y las relaciones que crean para sus personajes son los que pone el corazón de la película.

Luego están los momentos hell yeah!, esas escenas emocionantes que hacen vibrar el corazón de los fans comiqueros. Hablo de secuencias como: el flashback a la batalla contra Steppenwolf en la antigüedad (no puedo esperar a ver la versión extendida); o cuando Superman revive y los demás tienen que pelear con él porque se pone berserker (y en particular ese momento súper cool en el que Supes ve a Flash a supervelocidad); o cuando Supes regresa a patearle el trasero a Steppenwolf.

¡Detalles! Batman v Superman estaba llena de detalles que no sólo eran guiños para los fans, sino que nos hablaban de la riqueza mitopoética del Universo DC, que se extiende en el tiempo y el espacio mucho más allá de lo que nos muestran las películas. Lo mismo sucede en esta nueva entrega, sólo que aún más: Atlantis, Themyscira, Apokolips, los viejos dioses, los nuevos, las escenas poscréditos... ¡LOS LINTERNAS! ¡Oh, por Darkseid!



A continuación otros detallazos que me encantaron: El mar de Aquaman, que para hacerlo más badass no nos mandan a las playas de California llenas de surfistas y chicas en bikini. Aquí tenemos el mar tormentoso y helado de las latitudes septentrionales, el de las playas rocosas azotadas por las mareas. Un mar hostil para un héroe rudo.

La Gotham de Batman, que en la película anterior sólo parecía Metrópolis de noche, aquí se ve como la Ciudad Gótica que conocemos por los cómics. Tiene el aspecto más comiquero desde las películas de Tim Burton (en general, toda la peli se ve más comiquera). Hablando de eso: la banda sonora de Danny Elfman, con mucho más corazón que la repetitiva música de Hans Zimmmer, y que tiene el corazón de darnos el tema de Batman de 1989, el tema de Superman de 1978 y el tema de la Mujer Maravilla del año pasado, ¡juntos en la misma peli! Qué gozadera.

La secuencia inicial (y Snyder siempre se saca unas secuencias iniciales estupendas), que nos muestra al mundo desesperanzado tras la muerte de Superman. Dije que no le veía mucho sentido que ésa fuera la causa de que la gente hubiera perdido la esperanza. Pero creo que sí es un buen reflejo del ánimo que domina en estos días oscuros en los que el fascismo parece estar de vuelta. Sospecho que originalmente esa secuencia debía ser más larga, pero por lo pronto nos muestra dos características clave de la realidad contemporánea: la crisis económica, encarnada en el pobre mendigo con el letrero “lo intenté” a sus pies; y el odio fanático creciente, ejemplificado por los racistas que atacan la tienda de una mujer musulmana. Son sólo dos detalles, pero muy poderosos.



Por último, una cosa más que me parece fabulosa de esta película: resulta ser, quizá no de manera intencional, una especie de metáfora del DCEU. Inicia sombría y acaba luminosa. Déjenme elaborar aquí.

Si leemos la saga de Snyder como una trilogía, veremos en ella la estructura clásica del viaje de los héroes: Man of Steel  es el capítulo introductorio, en el que el héroe se asume como tal; Batman v Superman es el episodio central, más oscuro, en el que el papel del héroe es cuestionado y tiene que reafirmarse a través del autosacrificio; Justice League sería la culminación de ese viaje, la salida a la luz después de haber pasado por las tinieblas, en que los héroes se entronan, metafóricamente, como los protectores de la Tierra. El meollo de toda la cinta es la búsqueda y el reencuentro de la esperanza perdida. Sé que la forma en que ese viaje mítico está narrado en muchos momentos no funciona, pero si lo ven como una narración completa, se darán cuenta de que al final tiene sentido.

Pues la misma trayectoria del DCEU de Snyder se ve reflejada en la odisea de sus héroes. Hay una primera entrega que sienta las bases, una segunda en la que este universo no está seguro de lo que quiere ser y se deja llevar por la oscuridad, y una tercera en la que redescubre su identidad como la expresión de una mitología en la que lo más importante es el heroísmo y la esperanza en que el sol volverá a salir. Y la voz en off de Lois lo resume a la perfección.

En conclusión, como película Justice League es de base genérica y hasta mediocre, pero tiene suficientes elementos positivos como para hacerla muy disfrutable, divertida y hasta emocionante. El problema es que la tan esperada película de la Liga de la Justicia debía haber sido mucho más. Esta tenía que haber sido el Avengers de DC, no una más del montón. Así, es natural que decepcione a muchos, y lo único que puedo hacer yo es invitarles a ver lo bueno en ella.

Pero bueno, a fin de cuentas qué sé yo. Digo, a mí me gustan The Phantom Menace Spider-Man 3, así que quizá no quieran hacerme caso...

Teoría de la recepción



Sobre las elecciones entre Bob Patiño y el Alcalde Diamante, Lisa Simpson dijo “¿Cómo es posible que un criminal condenado obtenga tantos votos y otro criminal condenado obtenga tan pocos?” A menudo me siento así cuando veo las reacciones ante las películas de Marvel y las de DC. Digo, cosas como BvS y JL distan mucho de ser perfectas, pero el odio y desdén que generan me parece desproporcionado, sobre todo teniendo en cuenta que el grueso del MCU está lleno de películas entre aceptables y olvidables. Mucho de lo que se le achaca a las de DC se perdona a las de Marvel. Por ejemplo, díganme un solo villano memorable de Marvel que no sea Loki; pero por alguna razón todo mundo se ensaña con Steppenwolf.

Primero, los fans de DC debemos dejar de lado las teorías conspiratorias (¡Mickey Mouse los tiene sobornados a todos!) y los ataques ad hominem a los que no les gustan estas películas (¡es que eres un borrego sin criterio propio!). Tampoco podemos culpar de todo a un prejuicio anti-DC por parte de la crítica: Wonder Woman tuvo un excelente recibimiento. Menos podemos decir que el cine de superhéroes grimdarkserious ya no pega: Logan es una cinta en verdad trágica y le fue de maravilla en crítica y taquilla.

¿Entonces qué es? Bueno, sospecho que algo tiene que ver que aunque Marvel tienen un montón de pelis que son puro relleno palomero, también tuvo un excelente inicio con Iron Man y un espectacular final de primera temporada con The Avengers, además de alguna auténtica joyita como The Winter Soldier. Es más fácil perdonar traspiés y tonterías cuando la totalidad de la saga tira para el lado bueno.



Creo que las tres películas de Snyder son mejores que la entrega de Marvel promedio. Pero de 5 películas totales, tres “están chidas”, una es honestamente buena (Wondwer Woman, pero fue la cuarta en salir) y otra más es una reverenda porquería (Suicide Squad, obvio). Tomándolo como un todo, DC no sale bien parado.

Aun así, creo que eso no basta para explicar el odio y desdén que reciben las cintas de DC."Bodrio" ha sido una palabra que he leído a menudo y me parece fuera de toda proporción. Sigo creyendo que hay razones culturales que pesan más, que quizá el estilo de Snyder no va de acuerdo con el zeitgeist de la época, que quizá han salido en un mal momento o que generaron expectativas que no podían cumplir. Quizá en el futuro se aprecien mejor. Pero bueno, qué sé yo: a mí me gustó Watchmen.

viernes, 24 de noviembre de 2017

La Civilización Occidental

Ruinas griegas


Nuestro uso de la frase “Edad Oscura” para cubrir el periodo entre el año 600 y el 1000 es señal de nuestra indebida preferencia por concentrarnos en Europa occidental. En China este periodo incluye los tiempos de la dinastía Tang, la mejor época de la poesía china, y en muchos otros aspectos una era muy destacable. De la India a España, la brillante civilización islámica florecía. Lo que se había perdido para la cristiandad en estos tiempos no se había perdido para la civilización, sino al contrario.

Nadie habría imaginado que Europa occidental se convertiría más tarde en la civilización hegemónica, tanto en poder como en cultura. Para nosotros, parecería que la cultura europea occidental es LA civilización, pero ésta es una visión estrecha. Mucho del contenido cultural de nuestra civilización proviene del Mediterráneo oriental, de los griegos y de los judíos. En cuanto al poder, Europa occidental fue dominante entre el final de las Guerras Púnicas y la caída de Roma –es decir, aproximadamente durante seis siglos entre el 200 a.C. y el 400 d.C. Después de esos tiempos, ningún estado en la Europa occidental se pudo comparar con China, Japón o el Califato.

Nuestra preponderancia desde el Renacimiento se debe en parte a la ciencia y al método científico, en parte a las instituciones políticas que lentamente se construyeron durante la Edad Media. No hay razón, en la naturaleza de las cosas, que asegure que esta superioridad continuará. En la guerra presente [la Segunda Guerra Mundial], gran fuerza militar ha sido desplegada por Rusia, China y Japón. Estas naciones combinan la técnica occidental con ideologías orientales –bizantina, confucionista o sintoísta. La India, si se independiza, contribuirá con un nuevo elemento oriental. No parece improbable que, durante los próximos siglos, la civilización, si sobrevive, tendrá una mucho mayor diversidad de la que ha tenido desde el Renacimiento.

Existe un imperialismo de la cultura que es más difícil de vencer que el imperialismo del poder. Mucho después de la caída del Imperio de Occidente –de hecho, hasta la Reforma protestante- toda la cultura europea conservó una nota de imperialismo romano. Ahora tiene, para nosotros, una nota de imperialismo occidental-europeo.

Creo que, si queremos encontrar nuestro lugar en el mundo después de esta guerra, tendremos que admitir a Asia como una igual en nuestros pensamientos, no sólo política, sino culturalmente. Qué cambios nos traiga esto, no lo sé, pero estoy convencido de que serán profundos y de gran importancia.

Tomado de Historia de la filosofía occidental, de Bertrand Russell


La mezquita de Córdoba


Me pareció pertinente rescatar la reflexión de Russell (uno de mis pensadores favoritos), en especial en estos tiempos en los que se habla del supuesto peligro que corre la "cultura occidental" por el influjo de inmigrantes de otros orígenes, que traen sus propias cosmovisiones y tradiciones.

Ya de por sí es bastante problemático definir en qué consiste la cultura occidental. Por conveniencia y comodidad, a sabiendas de que el término es inexacto e insuficiente, usémoslo para referirnos a ese agregado cultural heterogéneo que tiene en común la doble raíz grecolatina y judeocristiana (y, en menor medida, germanocéltica). Que abarca Europa, pero también el mundo anglosajón desde Norteamérica hasta Australia y, sí señor, América Latina (con un asterisco, por la enorme influencia de las culturas amerindias de la conformación de la identidad latinoamericana).

Hoy en día, algunos reaccionarios, no sólo en las blancas Europa y Estados Unidos, sino también en la colorida América Latina, quisieran mantener intacta y prístina la herencia cultural de Occidente, sin contaminación de fuentes extranjeras. Pero su visión de lo que es la cultura occidental es estrecha, limitada a sólo algunos fetiches descontextualizados y superficialmente comprendidos.

Russell es difícilmente el típico mamerto multiculti de los que despiertan la antipatía de derechistas y centristas por igual. Pero ya en 1944 nos recuerda que Occidente se construyó con aportaciones fundamentales de otras culturas, que su hegemonía no durará para siempre y que es necesario que empecemos a comprender y apreciar otras tradiciones culturales para adaptarnos a un mundo cada vez más diverso.

No hace mucho, hablando del canon occidental, decía yo que, así como hoy desde Canadá hasta Argentina se lee a los clásicos griegos, llegará el momento en que nuestros programas educativos tendrán que incluir obras chinas o árabes. Un mundo más integrado va a requerir de mayor entendimiento entre todos nosotros. De lo contrario nos convertiremos en provincianos culturales.




Los neofascistas suelen alardear del orgullo que sienten por las raíces grecolatinas y germanocélticas. Pero, como nos explica Carl Sagan en el capítulo El espinazo de la noche de su serie Cosmos, si Grecia se convirtió en el portento que llegó a ser en la Antigüedad, se debe al factor accidental de su geografía. Era una región principalmente insular y costera, un pueblo de marineros y comerciantes. Estaba lo suficientemente cerca de otras civilizaciones más antiguas y avanzadas, como Egipto, Persia y Babilonia, como para aprender mucho de ellas. Pero estaba lo suficientemente aislada para no dejarse dominar por ninguno de esos viejos imperios. Esa mezcla de oportunidad para aprender de otros y de independencia y libertad fue lo que llevaron a Grecia a la grandeza.

El influjo enriquecedor está en la cuna misma misma de Occidente, pero no termina ahí: el Imperio Romano era multicultural; como pueblo mediterráneo, los romanos se veían a sí mismos más cercanos a los norafricanos y a los mediorientales que a los bárbaros nórdicos. El mundo árabe mantuvo vivos los conocimientos de los griegos y romanos, que regresaron a Europa gracias a los filósofos islámicos como Avicena. Uno de los grandes triunfos de la cultura occidental, la Revolución Científica, sería impensable sin las aportaciones previas de la ciencia del mundo islámico, que van desde la química hasta el cero (traído desde la India). Desde el té y el café hasta el jazz y el rock, la influencia de Asia, Europa y la América prehispánica en la conformación de Occidente es profunda.

El verdadero peligro para el mundo occidental es el anquilosamiento, la cerrazón al cambio, la renuncia a la riqueza cultural que pueden aportar otras civilizaciones. Una de las grandes fortalezas del agregado heterogéneo al que llamamos "Occidente" ha sido precisamente su capacidad para abrirse a las enseñanzas de otros. En el caso de América Latina, esto incluye revalorar nuestras raíces indígenas y africanas. Y si bien debemos oponernos a ideologías y prácticas que vayan en contra de los derechos humanos, la libertad individual o el avance del conocimiento científico, las respuestas que proponen los reaccionarios y xenófobos precisamente van en contra de esas conquistas culturales que tanto valoramos. 

Arquitectura neomaya en Yucatán


Termino con un extracto más, de otro de mis pensadores favoritos:

De hecho la cultura griega, al menos desde los tiempos de Pitágoras, no se podría concebir sin tener en cuenta a la cultura egipcia, y en el magisterio de los egipcios y los caldeos se inspiró el más típico de los fenómenos culturales europeos, o sea el Renacimiento, mientras que el imaginario europeo, desde los primeros obeliscos descifrados y hasta Champollion, desde el estilo imperio a las fantasmagorías de la new age, modernísimas y muy occidentales, se ha nutrido de Nefertiti, de los misterios de las pirámides, de las maldiciones de los faraones y de los escarabajos de oro.
No vería yo como algo inoportuno, en una Constitución, una referencia a las raíces grecorromanas y judeocristianas de nuestro continente, unida a la afirmación de que, precisamente en virtud de esas raíces, del mismo modo que Roma abrió su propio panteón a dioses de toda raza y elevó al trono imperial a hombres de piel negra (sin olvidar que San Agustín era africano), nuestro continente está abierto a cualquier otro aporte cultural y étnico, considerando esta apertura precisamente como una de sus características culturales más profundas.
Tomado de Las raíces de Europa, de Umberto Eco


viernes, 17 de noviembre de 2017

Yo sólo quería ser popular: 10 años de Ego




Pues sí, mis queridos contertulios. Hoy merengues, el 17 de noviembre del año 2017, este su espacio está cumpliendo 10 añotes de existencia. Figúrense. ¿Quién pensaría que seguiría haciendo esta tontería después de una década? Yo no, ciertamente. Esperaba a estas alturas tener un mejor trabajo :,v

Mucho ha pasado desde que inicié un blog oscuro y pequeñito, descuidado y ocurrente, en aquel lejano 2007 (mismo en el que inicié mi carrera como docente, por cierto). He aprendido a no cagarla tanto, a no decir no más cualquier cosa que se me ocurra y a tratar de fundamentarlo todo con fuentes fidedignas. He aprendido que es más importante tratar de aportar algo que hacerse al irreverente. En los últimos años me he vuelto más mangina.



He escrito 795 entradas (contando ésta). El blog ha recibido más de 4 millones de visitas. Tengo más de 4 mil seguidores en mi fanpage. Pero, según las estadísticas, mi época de fama y gloria ya pasó. Nunca he vuelto a tener tantos lectores como en agosto de 2013. Y si todavía en abril de este año recibía más de mil visitas diarias y cada entrada nueva llegaba a las mil en la primera semana, a partir de aquel mes por alguna razón mi rating se desplomó (específicamente, después de esta entrada sobre videojuegos nostálgicos). Ahora es un milagro si alguna entrada nueva alcanza la mitad de eso. Y pos sí me pone triste, porque creo que he escrito algunos de mis mejores textos en el último par de años.

Pero de pronto me llega algún mensaje bonito que me recuerda que no hago esto por la fama, la fortuna o el sepso. Que mientras quede alguien que pueda sacar algo positivo de estos debrayes, aquí seguiré. Además, si no escribo se me pudre el alma.



Me dicen que ya nadie lee blogs. Pues sí, hay tantos sitios de Internet interesantes, que cuentan con la participación de muchos colaboradores cada uno, que un blog que publica un texto nuevo una vez a la semana tendrá problemas para captar la atención. Me dicen que el futuro (¡qué digo, el presente!) está en el video. Quizá es así y algún día dé el salto a Youtube, pero como producir videos requiere de mucho tiempo y yo apenas tengo para sentarme y escribir estas líneas a lo largo de una semana, no creo que vaya a pasar pronto.

Otros me dicen que debería especializarme para tener un público bien segmentado. Pero a mí me gusta ser hombre del Renacimiento, pato y vato de interés general. Veo a este proyecto como una revista de un solo hombre, con todo lo bueno, malo e insuficiente que eso pueda traer. Así, seguiré hablándoles una semana sobre monstruos que follan señoritas y a la siguiente sobre las raíces filosóficas y culturales del fascismo.

En fin, no quiero que esta entrada sea demasiado larga o demasiado deprimente. Pero déjenme platicarles de los años dorados de blogósfera en español. Eran tiempos en los que casi todo el mundo llegó a tener un blog, incluyendo a varios de mis amigos. Y a otros tantos los conocí en la red.

Antes de que Facebook y Google se comieran la Internet, la blogósfera fue una gran red social. Claro, algunos blogs existían no más para que las personas compartieran sus anécdotas de la vida cotidiana y sus amigos y conocidos les comentaran. Para eso sí que sirve Facebook, y debieron haber sido los primeros que en emigrar hacia allá. Pero otros surgieron para hacer tertulia y debate, para compartir conocimientos y reflexiones.

Unos a otros nos enlazábamos en nuestras entradas y blogrolls, nos comentábamos mutuamente y hasta nos mandábamos memes y retos. Incluso armábamos eventos colectivos en el que todos escribíamos de un mismo tema y en uno de los blogs aparecía un menú con enlaces a los demás. Teníamos una buena comunidad, pues.

¿Se acuerdan de cuando ponía encuestas?

Así, más que celebrar mi década de estar aquí perdiendo el tiempo cuando podría estar trabajando en algo que me dejara dinero, y además de agradecer a ustedes que siguen por acá, quiero honrar a mis compañeros de la blogósfera, los que dejamos en el camino. Estos son algunos de los blogs que más extraño. Amigos míos, los saludo con orgullo:

Desde el Infierno: Diabla, mi querida Diabla. Todos éramos fanses de esta chica que escribía sin pelos en la lengua. En su genial estilo nos hablaba de las vicisitudes de ser una chica rebelde y medio darks en un mundo conformista y lleno de machos idiotas.

El increíble show del Señor Paquidermo: Miauricio Jiménez, alias Morocco, es una de las personas más entrañables que he conocido a través de las redes. Poeta, feminista y rebuena gente. En este blog nos compartía sus anécdotas con su estilo tan simpático, y de vez en cuando hasta sus poemas.

Dulcamara Inc. El Dr. Dulcamara era un merolico que vendía toda clase de chucherías al estilo de viajante de ferias de finales del siglo antepasado. Gran ilustrador, alguna vez quise reclutarlo para hacer alguna colaboración, pero nunca se dejó. Pásenle a la diversión.

Cultura Pulp: Uno de mis blogs favoritos en español dedicados a las cosas locochonas de la cultura pop. No se dejen engañar por su aspecto actual; cuando inició era todo colorido y extravagante. Era el lugar al que ibas para leer curiosidades insospechadas.

La Corte de los Milagros: Pereque fue mi mentor. No sé si él lo sepa. Pero cuando todavía andaba muy confundido con todo esto de la realidad, la fantasía, la ciencia y la magufería, fue él quien, después de Carl Sagan, me ayudó a poner las cosas en claro. Uno de los mejores blogs de escepticismo que se escribieron en lengua española. Estés donde estés, se te extraña, Pereque.

¿Se acuerdan de los Egocómics?


El Desván del Abuelito: Es una hermosa joya de la red de redes. Este blog español se dedicaba a reseñar rarezas de la cultura pop más retro y más extraña que se puedan imaginar, desde películas hasta tebeos. El estilo con el que escribía el abuelito era para carcajearse con cada línea. Se mudó a Wordpress y luego dejó de publicar. Ahora subsiste como página de Facebook.

Piedrita de Oro: La maravillosa Kix escribía lúcidas aunque breves entradas en este blog que, como los mejores, era de temas varios y diversos. Su agudeza como escritora iba a la par de su afabilidad como persona.

Ya vas que chutas: El Karate Pig era otro todólogo, y yo siempre lo leía con gusto, excepto cuando hablaba de futbol, porque de eso no entiendo ni mais. En otros temas, así fuera de política o cómics, sí que me interesaba leer sus opiniones agudas. Se le quiere al KP.

La Bitácora Mordaz de Sir David von Templo: Considero a David uno de mis mejores amigos de los Internetz y su blog era de los más divertidos e interesantes. Era de los más jóvenes de nosotros y se le notaba siempre su entusiasmo. Es una lástima que ya no siga escribiendo.

Reflexiones de un Hijo del Pop: David Moreno es uno de mis críticos de medios favoritos. Paisano yucateco, lo conocí primero en su programa de Radio Universidad. Siempre estaba yo ansioso por leer sus críticas de cine y TV, pero también cuando le entraba a hablar de política. Su blog sobrevive en Wordpress y también colabora en Soma.

¿Se acuerdan de los duelos improbables?

Éste no es el blog de N: Una sola letra identificaba a la autora de este blog, dedicado sobre todo a la poesía, pero también a la reflexión. Me gustaban mucho sus poemas, pero su estilo prosístico me encantaba. Me emocionó cuando anunció su regreso en 2014, pero luego no le siguió, rompiéndonos a todos a el corazón.

De la realidad aparente y de la realidad real: Mónica es una de las personas más inteligentes que conozco (virtualmente). Socióloga, atea y una excelente ensayista, se aventaba unas entradas fabulosas en las que pendejaba a todo mundo. Ahí anda por el feis, y todavía la consulto para quitarme un poco lo bestia.

Ahuramazdah: Otro de mis senseis en eso del escepticismo fue el gran Keith. Sus entradas son un genial ejemplo de cómo hacer divulgación y enseñar pensamiento crítico de forma sencilla y efectiva. Hace poquito publicó un texto por primera vez en varios años.

De las maravillas al nunca jamás: Aletta era otra de esas blogueras que hablaban de todo un poco. Sus textos eran breves, pero muy bien escritos y lo suficientemente fuertes para que nomás con eso desencadenar la discusión.

Tiburcia y TheJab: Esta pareja de blogueros colaboraban para escribir de todo un poco, como son los mejores blogs. Son personas simpatiquísimas, cuyos textos leía siempre con interés. Por supuesto, también eran parte de a familia de escépticos fantásticos.

¿Se acuerdan de los Demotivationals?

El blog Ausente: Otro gran blog dedicado a la cultura pop rara, en especial a todo lo que tenga que ver con la fantasía, la ciencia ficción, el horror y el cómic. Hace mucho tiempo que ya no publica una entrada, pero quiero pensar que no está del todo abandonado.

Mitos y Timos: Éste es uno de los mejores blogs de ciencia y escepticismo en español. Por cada tema que aborda tienen detrás una investigación documental súper pro. Hace menos de un año que fue su última publicación; espero que sólo esté desatendido y que en cualquier momento regrese.

Mélange: El blog de Marichuy es de los de la vieja escuela, de ésos que tratan de todo y de nada. Que no más son los pensamientos salvajes de una persona muy inteligente. Siempre es un gusto leerla. Igual lo rescato porque cada vez publica menos.

Postcards from the Edge: Armando es un auténtico experto en literatura de ciencia ficción. Lector voraz, conocedor de todas las obras y todos los autores. El blog trata sobre todo de reseñas de libros. Su última entrada es de hace un par de meses, así que tampoco es que esté abandonado, pero como que cada vez publica menos y deja pasar más tiempo, ya me da miedo que en una de ésas tire la toalla.

La pata izquierda de Cthulhu: Lo mejor para el final, quizá el blog que más extraño de todos es el del cuatito Abraham Sánchez. Él sí alcanzó el estatus de verdadero blogstar, con un montón de comentarios para cada uno de sus geniales posts. Se caracterizaba por su estilo agudo y su humor muy ácido en el que se burlaba de todo y de todos. Ahora escribe de vez en cuando en Medium.

¿Recuerdan cuando nos volvimos virales?

Hubo algunos blogs que ya no pude recuperar, porque no sólo nunca se actualizan sino que de plano ni existen. Blogs como El Bizcocho de Montecristo, Ornitorrincos vestidos de paisano y Kentucky Freud Chicken eran una delicida por su sentido del humor y porque, cual es la esencia del blog, se animaban a tratar de casi cualquier tema.

Al inicio de la Internet 2.0 los blogs reinaron. Algunos blogueros notorios dieron el paso a publicar en revistas digitales o hasta tener sus propios libros. Otros simplemente fueron abandonando el oficio. Pero quiero pensar que por el breve momento en que fuimos relevantes contribuimos a construir un medio de comunicación multidireccional, una Gran Conversación en la que cada quien fue alternativamente maestro y discípulo, orador y oyente, artista y crítico, divulgador y detractor. Y no sé cuánto tiempo seguiremos por acá, pero mientras me sea posible, diré:


¡LARGA VIDA A LOS BLOGS!

¡Gracias por estos 10 años!


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