viernes, 22 de septiembre de 2017

Las pensadoras.



En un texto anterior hablé de la necesidad de incluir más mujeres en los planes de estudios de las materias humanísticas con enfoque histórico (historia, historia del arte, filosofía, literatura…). Pero creo que más que una defensa general hace falta construir el caso de qué mujeres en específico deberían estar en los programas y por qué. Ya que actualmente imparto la materia de Filosofía, les quiero platicar de las pensadoras que incluí “de contrabando” en el programa, ya que originalmente no estaban ahí.

Aclaro que no pretendo con esto plantear una lista definitiva, sino sólo proponer desde mi experiencia, mis conocimientos y claro, mis inevitables sesgos (soy parcial a la tradición anglosajona, so there’s that). Estoy seguro de que muchos de ustedes tendrían propuestas diversas y hasta mejores. 

También les comparto que a partir de este año la materia de Filosofía en bachillerato quedó reducida de dos semestres a uno solo, lo cual es una lástima, pues me veré obligado a quitar a muchas figuras señeras, hombres y mujeres, del programa.

Hipatia de Alejandría (330-416 d.C.)

Debido a que, por desgracia, la totalidad de su obra quedó destruida (y las citas que circulan por ahí atribuidas a ella son apócrifas), no hay mucho que sepamos de las ideas de Hipatia. La incluyo más por su historia y por lo que ésta representa. Hipatia fue una célebre matemática, astrónoma y filósofa neoplatónica que vivió en Alejandría, Egipto, a finales de la Edad Antigua, a pocas décadas de que cayera el Imperio Romano. Su fama de mujer sabia le ganó el respeto de sus contemporáneos, pero también la animadversión de muchas personas, en particular de los cristianos que se estaban convirtiendo en un grupo poderoso. A ella le tocó ser testigo de la destrucción de la legendaria Biblioteca de Alejandría a manos de una turba de fanáticos religiosos. Años después, ella fue linchada y asesinada por esos mismos fanáticos. Su historia queda como testimonio del potencial de las mujeres para destacar en la ciencia, así como de los peligros de la misoginia y el fanatismo religioso. Más sobre Hipatia aquí.



Hildegarda de Bingen (1098-1179)

Monja, abadesa, profetisa, mística, médica, compositora y escritora medieval originaria de Alemania. Como se le quiera ver, Hildegarda fue una persona extraordinaria para los estándares de cualquier época y cultura. Aconsejó a algunos de los líderes más importantes de su tiempo, incluyendo el Papa y el Emperador. Predicó sobre la redención y criticó la corrupción en la Iglesia. Su obra más importante fue El libro de las obras divinas, un tratado de teología que no le envidia nada a los trabajos de los grandes pensadores del cristianismo. Tan es así que el papa Benedicto XVI la nombro Doctora de la Fe, título que comparte con figuras de la talla de Santo Tomás de Aquino. Es una lástima que tuviera que esperar casi un milenio para ese reconocimiento. En clase no profundizamos en sus ideas (la teología es una asunto muy denso para los preparatorianos), pero la menciono como muestra de los logros que una mujer, en una época tan difícil como la Edad Media, era capaz de conseguir. Más de Hildegarda aquí.



Cristina de Pizán (1364-1430)

Filósofa, poeta y humanista, esta gran mujer italiana tuvo vida muy dura (se casó y quedó viuda con tres hijos siendo apenas una adolescente) en los difíciles tiempos de la Guerra de los Cien Años. Fue quizá la primera escritora profesional de Occidente, es decir, alguien que vivía directamente de las ventas de sus libros. Y también fue probablemente la primera feminista tal cual de la historia (aunque claro, el término no existía) ya que ella escribió específicamente sobre el derecho de las mujeres a recibir educación y participar en los debates públicos. Eso le ganó la antipatía de los escolásticos de la Universidad de París, quienes básicamente le decían que se callara porque era mujer. Su libro más famoso es La ciudad de las damas, en las que rescata de la historia (y de la mitología, que en esa época no había mucha diferencia) las vidas y obras de muchas mujeres ilustres para demostrar que el género femenino es tan capaz como el masculino, y no ese receptáculo de vicios que en ese entonces se le atribuían.



Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695)

¿Qué se puede decir de Juana de Asbaje? Probablemente sea la persona más brillante que ha dado este territorio llamado México y cada aspecto de su biografía intelectual es impresionante. En clase de literatura es un tema obligatorio, así que en filosofía nos concentramos en analizar sus ideas. La pasión de Sor Juana por el conocimiento en todas sus formas, desde las ciencias a las artes y la filosofía, es una inspiración aún en el mundo contemporáneo que quiere reducir la feminidad a lafrivolidad, algo contra lo que se rebela en su famoso soneto En perseguirme, mundo, ¿qué interesas? La doble moral sexista es duramente criticada en las archiconocidas redondillas Hombres necios, y debo decir que me encanta ver cómo mis alumnas reaccionan a este poema y dicen que “sí es cierto, que así sigue siendo”. Pero el texto que estudiamos es la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, en donde Sor Juana hace esa apasionada defensa de la necesidad de aprender y estudiar. Lo mejor es cuando ese entusiasmo por el conocimiento se le contagia a mis alumnos y alumnas por igual. Como plus, este tema sirve también para que vean que la filosofía también floreció de este lado del Atlántico.



Mary Wollstonecraft (1759-1797)

La Ilustración fue una gran revolución cultural, pero así como los filósofos y líderes de aquellos tiempos hablaban de “los derechos del hombre”, fue necesario que las mujeres escribieran a favor de sus propios derechos. La más famosa fue la inglesa Mary Wollstonecraft, con su Vindicación de los derechos de la mujer, obra en la que critica con dureza la idea de que las mujeres son intelectualmente inferiores a los hombres y cuyas únicas virtudes serían el encanto con el alegran la vida de sus compañeros varones. Para ella estaba muy claro que esta condición no era en absoluto natural, sino producto de la educación. Como buena filósofa ilustrada, Wollstonecraft defiende la necesidad de tratar a hombres y mujeres como seres igualmente racionales, sujetos de derechos y obligaciones, y consideraba que mientras no se desarrollara el potencial de las mujeres el progreso humano quedaría siempre trunco. Cabe mencionar que ella es madre de Mary Shelley, la autora de Frankenstein.



Olympe de Gouges (1748-1793)

Durante las revoluciones americana y francesa la filosofía se transformó en acción, y una de las figuras más relevantes de este periodo fue la revolucionaria Olympe de Gouges. Al igual que otras muchas mujeres que participaron con sus ideas y sus acciones en la Revolución Francesa, Olympe defendió la igualdad de derechos para su género, lo que la llevó a escribir la Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana, una respuesta al documento revolucionario, tan reverenciado hoy en día, pero que no contemplaba a la mitad de su población en la gesta libertaria que se estaba peleando. Por sus ideas y su “innatural inclinación a la política” fue guillotinada por el régimen de Robespierre. Defensora también de la abolición de la esclavitud, sus palabras siguen resonando como una crítica a los hombres que siguen queriendo hacer revoluciones por la libertad y al mismo tiempo ser déspotas de las mujeres.





Harriet Taylor Mill (1807-1858)

Esta filósofa inglesa formó parte de la corriente conocida como utilitarismo, de gran importancia para la reflexión tanto ética como política, pues sostenía que las acciones deben juzgarse moralmente por sus consecuencias, y que por tanto el propósito de la política era lograr el mayor bienestar para el mayor número de personas. Harriet, ya una célebre feminista, se casó en segundas nupcias con uno de los máximos representantes del utilitarismo, John Stuart Mill. La influencia de ella en la filosofía de Mill fue tremenda, al punto de que se podría decir que lo educó en el feminismo. De hecho, estos dos grandes pensadores trabajaron muy estrechamente y creo que al hablar del uno se debería hablar de la otra (cuando se trata de Harriet siempre se menciona a Mill, pero rara vez ocurre al revés). John y Harriet eran considerados “radicales” para su época, pues estaban a favor de la igualdad total de hombres y mujeres en la educación y la ley, de la abolición de la esclavitud y el sufragio universal. Su obra más importante es La emancipación de las mujeres.



Susan B. Anthony (1820-1906)

La más famosa de las sufragistas estadounidenses, primera mujer que apareció en las monedas americanas y que fue arrestada en 1872 junto con otras mujeres que votaron en las elecciones presidenciales, lo cual era contra la ley. En realidad, más que hablar de Anthony en específico, el subtema es el movimiento sufragista (parte del tema de la filosofía política del siglo XIX), así que igual podría haber escogido a otra americana como Elizabeth Cady Stanton (1815-1902) o a la británica Emmeline Pankhurst (1858-1928). Lo importante para los estudiantes es conocer no sólo la lucha de las mujeres por el voto y por la igualdad de derechos, sino los argumentos que se usaron en ese largo debate. Cómo se justificaba esa desigualdad y cómo las sufragistas combatieron el discurso sexista con argumentos racionales (y con activismo político en la calle). Sobre todo, cómo ese mismo sexismo sigue presentándose de otras formas hoy en día: argumentos muy similares continúan usándose para atacar al feminismo.



Rosa Luxemburgo (1871-1919)

Ya entramos en la filosofía política del siglo XX, centuria de terribles acontecimientos, de entre los cuales destacan las guerras mundiales y múltiples revoluciones. Hablando de lo cual no podemos dejar de mencionar a la activista Rosa Luxemburgo, de quien ya habíamos tratado aquí. Filósofa marxista de origen polaco y fundadora del Partido Comunista Alemán. Criticó tanto el comunismo soviético como las formas moderadas de la socialdemocracia. Sostenía que las reformas al capitalismo no eran suficientes, y que era necesario que las clases trabajadoras tomaran el poder, pero creía que el régimen bolchevique se estaba convirtiendo en una tiranía que usaba los ideales comunistas para mantener en el poder a una clase privilegiada. Fue torturada y asesinada por el gobierno alemán durante una revuelta en 1919. Una de sus obras más importantes es Reforma o revolución.



Emma Goldman (1869-1940)

Empezamos el tema hablando de socialismo en sus variantes soviética y occidental, repasamos el capitalismo liberal, estudiamos detenidamente el fascismo y el nazismo, y terminamos viendo el anarquismo. Esto manda que hablemos de Emma Goldman, una de las pensadoras más influyentes de esta corriente política. De origen judía y nacida en Lituania (Imperio Ruso), huyó de su casa hacia Estados Unidos a los 15 años. A los 20 se convirtió en activista. También vivió en diversos países de Europa y en Canadá. Fue una de las fundadoras del anarco-feminismo, pues entendía el patriarcado como una forma más de opresión. Se oponía tanto al capitalismo como al comunismo soviético y consideraba que ciertas acciones de violencia, si eran estratégicas, estaban justificadas. Creía en la libertad individual para la autoexpresión y el disfrute de la vida, de ahí su famosa frase "si no puedo bailar, no es mi revolución". Una de sus obras más importantes es Anarquismo y otros ensayos.



Hannah Arendt (1906-1976)

Esta filósofa alemana de origen judío se especializó en filosofía política. Ante el ascenso del nazismo huyó a Francia y durante la guerra ayudó a rescatar niños judíos de Austria y Checoslovaquia. Cuando los nazis invadieron Francia, pasó un tiempo en un campo de concentración, pero logró escapar a los Estados Unidos, donde escribió sus principales obras. Trabajó como profesora universitaria y de hecho fue la primera mujer en enseñar en Princeton. Tiene dos trabajos fundamentales para entender la historia del siglo XX: Los orígenes del totalitarismo  y Eichmann en Jerusalén. El primero es una obra monumental que permite empezar a comprender cómo fue posible que el nazismo y el estalinismo pudieron conquistar tantas mentes y hacerse del poder para luego convertirse en los regímenes más sanguinarios de los tiempos recientes. En el otro libro nos introduce el concepto de banalidad del mal. Inspirada por el juicio a Adolf Eichmann, que presenció como corresponsal, Arendt señala que quienes hacen el mal no son precisamente monstruos, sino que las personas comunes y corrientes son capaces de cometer monstruosidades si nunca cuestionan las reglas del sistema al que pertenecen. El mal no es algo demoniaco ni incomprensible, sino algo muy banal y superfluo.



Simone de Beauvoir (1908-1986)

Llegamos con la única pensadora que estaba originalmente en el programa escolar, y con la última de nuestra selección. Simone de Beauvoir nació en una familia de clase media acomodada y muy religiosa. Estudió filosofía en la Sorbona, donde fue una alumna destacada. Ahí conoció al filósofo Jean-Paul Sartre, con quien tuvo una relación amorosa de muchos años. Su relación era muy abierta; nunca se casaron ni tuvieron hijos y se permitían tener otros amantes. Inició su carrera como novelista y profesora. Pero mientras que Sartres era reconocido como el gran intelectual de su tiempo, ella era sólo "la novia" de aquél. Esto cambio cuando ella publicó su primer libro de filosofía, El segundo sexo, que la convirtió en una de las pensadoras más importantes del feminismo y una de las principales influencias para la segunda ola de movimientos feministas. De Beauvoir es famosa por su frase “una no se nace mujer, sino que se hace mujer”, lo cual se refiere a que el ser mujer está marcado por lo que la sociedad entiende que ello implica, y que aunque la biología es fundamental para entender su situación en la vida, no marca un destino inamovible, sino que su carácter está moldeado por la sociedad y la cultura.




Con esto terminaos por ahora. Quizá en un futuro cercano podamos incluir a algunas pensadoras más recientes, pero por el momento confío en que partimos de un buen inicio para conocer más la obra de las grandes filósofas y lo mucho que sus palabras nos pueden enriquecer e inspirar como seres humanos.

martes, 12 de septiembre de 2017

Tragando mitos: Agustín de Iturbide



Si la Independencia de México se logró oficialmente el 27 de septiembre de 1821, ¿por qué no conmemoramos esa fecha? ¿Por qué, si él fue quien logró la consumación, no celebramos a Agustín de Iturbide junto a Hidalgo, Morelos y Guerrero? ¿No merecería incluso más reconocimiento que aquéllos?

Desde que estaba en la primaria, me había hecho estas preguntas. La forma en la que nos enseñan la historia de México es confusa, incompleta y contradictoria. Hay muchas cosas que no nos dicen y de las que sólo podemos enterarnos si seguimos aprendiendo por nosotros mismos, en libros dirigidos ya no a niños o adolescentes en edad escolar, sino a adultos que, se espera, tienen el criterio y estómago para aceptar ciertas verdades incómodas.

Por ejemplo, que los movimientos de Independencia y Revolución no fueron tan heroicos (ni exitosos) como nos dicen. Que en nuestro panteón de héroes nacionales coexisten próceres que se hicieron la guerra, se traicionaron o asesinaron unos a otros. Que se cacarea el inicio de la Revolución, pero ninguna consumación porque no queda claro cuándo, o si es que, terminó. O que la historia de México en general está llena de metidas de pata, traiciones, mezquindades, confusión y violencia, y que en ese caso es mejor tomarla con humor para no deprimirnos.

El problema es que esta deficiencia educativa prepara el terreno para la incepción de otras nociones, igual de equivocadas y maliciosas, si no es que más. Aquí es donde se cuela la visión histórica de revisionistas, hispanistas, mitófagos y demás caterva de chafaldramas que se acercan a decirte "Pss, pss, ¿qué crees? ¡Todo lo que te han enseñado sobre la historia es mentira! ¡Yo te voy a contar la mera neta del planeta!"



Acto seguido proceden a hacer lo mismo que tan chafamente hizo la SEP por nosotros, sólo que al revés. Es decir, nos presenta de igual forma una versión de la historia mitificada, romantizada, a medias, simplista y maniquea, con la única diferencia que cambia a todos los "buenos" canónicos por los "malos" usuales y a todas las "gestas heroicas" por "edades de oro". Así, nos pinta que personajes tradicionalmente villanizados, como Maximiliano de Habsburgo o Profirio Díaz, son los verdaderos héroes de la historia de México y que Hidalgo y Juárez eran seres repugnantes, mientras que periodos como la Colonia o el Porfiriato fueron momentos de paz y prosperidad arruinados por convulsiones fratricidas que no trajeron nada bueno. Y todo ello porque "la historia la escriben los que ganan" y los que ganan mienten, se entiende.

Pues bien, este tipo de personas tienen como uno de esos héroes a Agustín de Iturbide, Agustín I Emperador de México, Padre de la Patria, Consumador de la Independencia, Rompedor de Cadenas, Madre de Dragones, etcétera. Y cada septiembre despotrican sobre cómo deberíamos celebrar a don Agustín en vez de a Hidalgo, Morelos y su bola de chairos revoltosos que nomás trajeron sangre y destrucción a una Nueva España donde todo marchaba de lo lindo.

La realidad es que las cosas son más complicadas que eso, y para que no se deje engatuzar por cuando tragamitos circula en las redes sociales, déjeme le cuento la verdadera historia de Agustín de Iturbide y de la consumación de la Independencia de México.

El realista



Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu nació en 1783 en Michoacán, hijo de un vasco rico y de una criolla michoacana. Desde joven tuvo fama de mal estudiante y bravucón, pero también de astuto, valiente y ambicioso. Encontró su vocación en el ejército.

En 1808 Napoleón invadió España y depuso al rey Fernando VII, con lo que hubo un vacío de poder y confusión en las colonias. ¿A quién tocaba obedecer? Algunos sostenían que ya que el gobierno francés en España no era legítimo, la Nueva España debía declararse autónoma hasta que el rey regresara al trono. Con este plan en mente, los criollos del Ayuntamiento de la Ciudad de México, encabezado por Francisco Primo de Verdad, propusieron al virrey Iturrigaray para lograr la autonomía de la Nueva España.

Entran aquí dos grupos que, siempre aliados, han estado detrás del sabotaje de prácticamente todos los intentos de hacer avanzar la historia en este país: la Iglesia y los ricos. Éstos temían perder sus privilegios, de modo que para mantener el statu quo, dieron un golpe de Estado, depusieron al virrey y asesinaron a Primo de Verdad. Con ello frustraron el intento de lograr pacíficamente la autonomía del país. En fin, Iturbide, rico y próspero, no tenía interés en que la situación de la colonia cambiase. Se puso a las órdenes de los golpistas en 1808.

Esto es importante porque los criollos que anhelaban la independencia se dieron cuenta de que por las buenas y la vía legal no sería posible y que llegaría el momento en que habría que salir a coger gachupines. Así que cuando los revisionistas lloriquean porque "ay qué malote Hidalgo que se levantó con violencia", recuerden que el intento de hacerlo pacíficamente fue frustrado, como siempre, por los poderosos, y que su "héroe" estaba de parte de quienes frustraron ese intento.



En 1810 las tropas de Hidalgo (si es que se le puede llamar así a sus turbas iracundas y desordenadas) saquearon la hacienda de papá Iturbide, con lo que provocó la ira del gallardo joven, quien se unió a las fuerzas de Torcuato Trujillo para combatir la insurgencia. A lo largo de las primeras etapas de la Guerra de Independencia, Iturbide hizo carrera combatiendo a los rebeldes con sonado éxito. Por ejemplo, sofocó la guerrilla de Albino García en Guanajuato, hizo fusilar a 170 de sus hombres y al cabecilla lo descuartizaron.

Ah sí, porque Iturbide era famoso por la brutalidad con la que reprimía los brotes rebeldes. Sus tropas saqueaban y arrasaban pueblos enteros; mataron o mutilaron a miles de insurgentes, y no les importó masacrar a mujeres, niños o ancianos. Además, Iturbide tenía la costumbre de realizar fusilamientos masivos.

Esto es para cuando los fanses del Agus lloriquean "¡Ay, qué malote Hidalgo, goe, sus tropas mataban a un chingo de gente! ¡Remember the Alhóndiga!" O sea, sí. Hidalgo y Morelos hicieron también terribles crueldades y las de Iturbide no justifican las suyas. Pero la cosa es que los mitófagos suelen salir con que "Iturbide sí es héroe porque Hidalgo y Morelos eran unos asesinos", lo cual es una pendejada. No se pueden agarrar de eso para decir que uno fue "el bueno" y los otros "los malos", porque Iturbide fue igual de sanguinario, si no es que más.



Además, ya desde entonces Iturbide demostró tener tendencias despóticas. Gracias a sus hazañas militares, recibió el grado de Coronel y fue nombrado intendente provincial de Guanajuato en 1814. Iturbide aprovechó el puesto para convertirse en todo un cacique: monopolizaba el comercio y se apropiaba del presupuesto para su uso personal, además de que sus tropas robaban a los ganaderos y luego culpaban a los insurgentes.

Los notables guanajuatenses lo acusaron con Félix María Calleja, entonces virrey de la Nueva España, quien no hizo mucho caso, aparentemente porque recibía su tajada de los chanchullos de Iturbide. Pero el jueguito se le acabó cuando llegó un nuevo virrey: Juan Ruiz de Apodaca, quien sí escuchó las acusaciones y destituyó a Iturbide de su cargo. Acuérdense, porque esto es importante.

Para 1815 las cosas en la Nueva España tornaron a cierto estado de calma. Morelos y sus principales capitanes habían sido ejecutados; Apodaca ofreció un indulto real a los líderes insurgentes que quedaban y la mayoría de ellos aceptaron dejar las armas para vivir en paz. Sólo algunos líderes como Vicente Guerrero y Guadalupe Victoria rechazaron el indulto y continuaron haciendo la guerrilla en zonas remotas del país, donde eran más un estorbo que una amenaza para el orden virreinal. Como Iturbide de verdad le caía mal al nuevo virrey, quien ya no tenía un buen uso para él en tiempos de paz, decidió refundirlo en una hacienda cerca de Chalco, cosa que el ahora popular y celebrado héroe realista no tomó con mucha gracia. Tomen nota.

El libertador



Ok, para entender lo que sigue hay que regresarnos a la Madre Patria y hablar de la Constitución de Cádiz. En 1812, con España ocupada por las fuerzas de Napoléon, un grupo de políticos, juristas y letrados liberales de la Península y de todo el Imperio Español se reunieron en la ciudad de Cádiz. Allí, acosados por los cañonazos franceses redactaron un nueva Constitución que acababa con el absolutismo y establecía una monarquía parlamentaria (siguiendo el modelo inglés). La Constitución de Cádiz (en cuya elaboración participaron representantes de la Nueva España) también abolía la Inquisición, el feudalismo, los derechos señoriales y el sistema de castas, con lo que otorgaba igualdad legal a todos los ciudadanos del Imperio Español. En fin, limitaba los privilegios del clero, la aristocracia y el ejército.

Esta constitución, liberal y revolucionaria, no pudo aplicarse realmente ni en España, que estaba en guerra contra los franceses, ni en la Nueva España, que estaba en guerra contra sí misma. Además, en 1814 el rey Fernando VII regresó al trono y lo primero que hizo fue echar a la basura la nueva constitución, porque al fin y al cabo el absolutismo lo manda Diosito. Aun así, la influencia de este documento fue tremenda para la historia de la Independencia, y ahora veremos por qué.

En 1820 una revuelta en España obligó al rey a reconocer la Constitución de Cádiz y éste no tuvo más remedio que hacerlo. La constitución tendría que aplicarse en la Nueva España, lo que causó que las clases privilegiadas paniquearan y empezaran a correr en círculos chocando los unos contra los otros. La Iglesia perdería muchos de sus ingresos y sus privilegios; los altos mandos militares, en su mayoría partidarios del absolutismo, podían ser llamados a España donde serían castigados por los liberales en el poder; los ricos perderían sus monopolios comerciales por las leyes del libre comercio.

Ante este panorama, empezaron a conspirar en el templo de la Profesa para dar autonomía a la Nueva España y que así se mantuviera el orden absolutista. Incluso pretendían invitar a su majestad Fernando VII para que gobernara México como monarca absoluto tal cual lo quiere Dios. O sea, si la guerra de Independencia inició porque sus líderes querían lograr un cambio radical para construir una sociedad más justa e igualitaria, al final se logró porque un montón de curas y riquillos querían dejar las cosas como estaban. Yey.

Los conspiradores de la Profesa querían que Iturbide, héroe para los realistas, regresara de su retiro para ser el líder militar de este complot. Para ello, convencieron al virrey Apodaca de que lo enviara a sofocar la guerrilla que Vicente Guerrero aun mantenía en las selvas del sur. Como a Iturbide estaba bien resentido contra el gobierno de Apodaca y veía la emancipación como una oportunidad de adquirir mayor poder, aceptó el trato.



Lo que sigue es bien conocido: en vez de derrotar a Guerrero, Iturbide empezó a cartearse con él para llegar un acuerdo. En 1821, después de mucha correspondencia, Guerrero salió al encuentro de Iturbide, se dieron un abrazo en Acatempan (es un decir) y acordaron luchar juntos por la Independencia de México con el Plan de Iguala. Se establecieron las Tres Garantías: religión, unión e independencia. Verde, blanco y rojo.

El resto fue como bajar una colina. Las guarniciones realistas se rendían o se sumaban al Plan de Iguala. Hubo muy pocos muertos en esporádicos enfrentamientos. Así como Iturbide había convencido a Guerrero, Antonio López de Santa Anna -otro realista de carrera- animó a Guadalupe Victoria a dejar la clandestinidad y unirse al movimiento. La Iglesia saludó el cuartelazo como una lucha santa contra la herejía liberal que había tomado posesión de España. En honor a Iturbide y el Ejército Trigarante, unas monjitas poblanas inventaron los chiles en nogada, que es lo mejor que salió de todo esto.

Cuando el liberal Juan O'Donojú, el último gobernante enviado por el gobierno liberal de España (no como virrey, sino capitán general), llegó a México, se dio cuenta de que no había nada más que hacer y firmó los Tratados de Córdoba en los que reconocía la independencia de la colonia. El 27 de septiembre de 1821, "casualmente" fecha de cumpleaños de Iturbide, el Ejército Trigarante entró triunfal a la Ciudad de México, con Iturbide a la cabeza como victorioso héroe. Y pos ahí termina la cosa.

Para ser justos, Iturbide no estaba interesado en llevar a cabo el proyecto de los absolutistas ni sentía mucho amor por los gachupines. Durante la guerra muchos criollos habían logrado avanzar en sus carreras militares y la llegada a México de más peninsulares (ni se diga el rey), significaría un retroceso para sus compatriotas. Su Plan de Iguala pretendía ser una especie de compromiso entre las ambiciones de los absolutistas y las de los insurgentes. Para la Iglesia, religión única y privilegios del clero; para españoles y criollos ricos, respeto a sus propiedades y puestos; para el pueblo, reducción de impuestos e igualdad ante la ley. El México independiente no sería una monarquía absolutista como querían los conservadores, ni una república como anhelaban los independentistas, sino una monarquía moderada. O sea, que trató de dejar contentos a todos. Lo cual, en este país, es suicida.

El Emperador



Para organizar el gobierno, Iturbide estableció una "regencia" encabezada por él mismo y llamó a conformar un Congreso del cual excluyó a los líderes insurgentes. El libertador se recompensó a sí mismo de 120 mil pesos anuales (el doble de lo que ganaba un virrey) y se regaló 20 leguas cuadradas de terrenos en Texas. Mientras, el país agonizaba en la ruina en que lo habían dejado 11 años de guerra civil.

Como Fernando VII obviamente no aceptó ser rey de México, y tampoco ningún otro monarca o príncipe europeo, en 1822 los seguidores de Iturbide lo proclamaron Emperador. El Congreso estaba tan intimidado que no tuvo más remedio que aceptarlo. Todo mundo lo celebró. Guerrero aceptó de buen grado la coronación. Sólo Guadalupe Victoria dijo fuck this shit y se volvió a ir a la selva para armar la guerrilla contra el nuevo tirano.

No le duró el gusto al flamante Agustín I. El país estaba todo dado en la madre, mientras él y la Emperatriz se afanaban para crear en México una parodia Región 4 de las fastuosas cortes europeas. Su pompa y derroche resultaron entre ridículos y ofensivos para un país que se estaba muriendo de hambre. Los ánimos de las masas son volubles, y quien fuera aclamado "portento del mundo", luego fue odiado por la mayoría. Las expresiones de descontento no tardaron en aparecer.

El país estaba lleno de enemigos de Iturbide. Los absolutistas querían que México volviera a ser parte del Imperio Español. Los republicanos querían, pues, una república. Nadie quería a Iturbide y lo culpaban de todos los males del país. Harto de sus conspiraciones, Iturbide disolvió al Congreso y mandó a encarcelar a sus opositores para gobernar él solito.




No es que el Congreso fuera un ejemplo de organización parlamentaria democrática. Pasaron meses y sus integrantes, electos por dedazo, ni madres que escribían una constitución y no más se la pasaban discutiendo sus sueldos y facultades. Hasta tenían la intención de convertirse en el órgano central de gobierno y que todo el poder quedara en sus manos.

Como sea, su disolución provocó la ira de medio país. Los antiguos insurgentes, como Nicolás Bravo, Guadalupe Victoria y Vicente Guerrero se unieron en una rebelión en su contra, encabezada por Antonio López de Santa Anna, quien no más se levantó en armas porque Iturbide ya sospechaba que recibía sobornos de los españoles en San Juan de Ulúa y le había ordenado ir a la Ciudad de México. Santa Anna tenía buenos negocios y poder en Veracruz, y como no quería perderlos, optó por derrocar al ya de por sí nada popular Emperador. Eso lo hizo en nombre de la República, claro está, aunque, como él mismo confesaría después, en ese entonces ni siquiera sabía lo que significaba la palabra. En fin: Santa Anna, otro héroe al que los chupamitos de Internet tratan de redimir.

La insurrección tuvo un éxito rápido y en mayo de 1823, sólo ocho meses después de su coronación, Agustín I partió al exilio. Intentó volver en 1824; sus seguidores lo convencieron de que tenía simpatizantes en todo el país y que con nomás poner un pie en tierra firme todos se levantarían para regresarlo al trono. Pero no más era wishful thinking: casi bajándose del barco, Iturbide fue apresado. Ignoraba que el nuevo gobierno republicano lo había declarado enemigo de la patria. El Emperador fue fusilado el 19 de julio de ese año.

Un balance



A pesar de su título y de su armiño, Iturbide estaba muy lejos de ser un verdadero monarca al estilo de Napoleón o Federico el Grande. Fue más bien un caudillo latinoamericano, un dictadorzuelo de ésos que nuestras regiones han dado con prodigalidad: autoritario, incompetente, pagado de sí mismo, ridículo en sus aires de grandeza y, en última instancia, muerto como perro.

¿Por qué Iturbide tendría que ser considerado un héroe? Si evaluamos sus logros veremos que lo que realmente tiene es haber consumado la Independencia legal de México. Eso es todo. Además, lo hizo después de haber pasado años luchando para evitar que se diera esa Independencia, y con el apoyo de los poderosos que no querían perder sus privilegios, los mismos que por esa misma causa habían frustrado el primer intento pacífico en 1808 y combatido la insurgencia desde 1810.

A Hidalgo lo mataron a menos de un año de haber iniciado el movimiento, pero Morelos siguió esa misma lucha y quienes finalmente fundaron la República -Bravo, Guerrero, Victoria- empezaron peleando bajo sus órdenes. O sea, que hay una continuidad entre lo que inició el 16 de septiembre de 1810 y lo que culminó en octubre de 1824, así que pueden decir lo que quieran, menos que el levantamiento de Hidalgo fue irrelevante. Iturbide aparece como un paso más en ese proceso, un mal paso necesario al que había que darle prisa.



Si nos vamos a sus acciones veremos que como gobernante Agustín I fue pésimo y como militar fue un hombre tan cruel y sanguinario como se acusa que lo fueron Hidalgo o Morelos. Lo cierto es que las guerras eran así en esos tiempos y la magnanimidad no era lo más común. Y vamos, eso no hace que esté bien, pero no veo el sentido en hacer énfasis en que Hidalgo fue un asesino de masas porque sus tropas masacraron gente y que Iturbide fue un héroe porque sus tropas masacraron gente. Pos sí, a Hidalgo se le botó la canica, se creía invencible y se hizo llamar Su Alteza Serenísima. Pero Iturbide se hizo coronar Emperador, no mamen. 

Si nos vamos a sus motivaciones, como se vea Iturbide sale perdiendo. Porque Hidalgo quería abolir la esclavitud y el sistema de castas, y Morelos no sólo eso, sino fundar una nueva nación basada en la igualdad ante la ley y la separación de poderes para evitar la tiranía. Iturbide sólo era un oportunista, aficionado al poder y al dinero, que tuvo la suerte de estar en el lugar correcto en el momento correcto.

Si a personajes nos vamos, no sé ustedes, pero si he de escoger un héroe (y eso del culto a la personalidad no me late), la neta prefiero al cura dicharachero, campechano, mujeriego y bebedor, tan culto como desmadroso, que lo mismo hablaba latín, francés, náhuatl y purépecha, traductor de Moliére, amigo de los indios y los pobres, y tan aficionado al toreo que le dio por torear a sus prisioneros españoles. ¿Por sobre un niño rico hijo de papi que dedicó toda su vida a pelear por sus privilegios de clase? Sí, en cualquier momento.

¿Qué importa todo esto?



No se dejen engañar. Los hispanistas, mitófagos o cual sea el nombre que usen estos revisionistas históricos, así como sus maestros histo-pop, no están en pos del descubrimiento de los hechos objetivos para comunicarlos al gran público. Su propósito es construir y difundir una narrativa cuasi mitológica que vaya de acuerdo con sus posturas ideológicas conservadoras, si no de plano retrógradas. Nacionalismo decimonónico, catolicismo intolerante, autoritarismo fascistoide, clasismo, racismo, misoginia y homofobia abiertos o muy mal disimulados. 

Sus contradicciones son delirantes hasta la esquizofrenia: la Independencia fue mala porque la Colonia era un paraíso, pero el verdadero héroe es Iturbide porque él logró la Independencia; la Reforma fue mala y estaríamos mejor con el Imperio de Maximiliano, que el verdadero héroe es Porfirio Díaz porque él hizo la Reforma y derrotó a los franceses; que Juárez es un traidor proyanqui, pero que los conservadores que trajeron al ejército francés sólo querían lo mejor para México.

No es de extrañar que estos personajes se suban al tren del mame del derechairismo internacional, con su apoyo a Trump, su admiración hacia Putin, su lucha contra los fantasmas inexistentes de la "ideología de género" y el "marxismo cultural", y su coqueteo casual con otros fantoches asiduos a revisar la historia para contárnosla al revés: los neonazis. Pero el Mitófago tiene casi 200 mil seguidores en Facebook, así que le ha de estar funcionando.

Bibliografía:
  • Esbozo de historia de México - Juan Brom
  • La epopeya de México - Armando Ayala Anguiano
  • Historia de México - Héctor Barroy Sánchez



PD: Mi insurgente favorito es Guadalupe Victoria, era un verdadero badass y todos ustedes se la comen.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Manifiesto filosófico contra los eclipses



Siglo XVII, toda la Nueva España está ocupada por el Imperio Español. ¿Toda? Sí, toda. En aquella época una de las figuras más destacadas de la intelectualidad novohispana era don Carlos de Sigüenza y Góngora (1645-1700). Una de las mentes más prolíficas y agudas que ha dado este pedazo de tierra al que llamamos México, don Carlos fue filósofo, científico, historiador, arqueólogo, poeta, pariente del barroquísimo Luis de Góngora y, por si necesitaba más credenciales, amigo cercano de Sor Juana Inés de la Cruz.

Y según Once TV, estaba bien papi.

En 1680 un cometa se dejó ver por el cielo. Lo cual, como se podrán imaginar, causaba pánico entre los habitantes de la Nueva España. Desde hacía siglos, los cometas habían sido vistos como portentos, señales de mal agüero, anuncios de tragedias por venir, castigo divino y ese tipo de cosas. El interés en los cometas, como en los demás fenómenos del firmamento, partía más de la astrología (es decir, magia) que de la astronomía (¡ciencia, nena!).

Entra en escena don Carlos, quien, harto del mame en que caía todo mundo, decidió aventarse un texto explicándole a la bandita que no, güeyes, que el cometa no es nada mágico ni nada a lo que había que temer, sino un fenómeno natural que puede comprenderse mediante la ciencia. Así, de 1681 tenemos el Manifiesto filosófico contra los cometas despojados del imperio que tenían sobre los tímidos. La última parte del título es lo que más me gusta, porque don Carlos dice claramente que va a quitar a los cometas el poder que tienen sobre los miedosos.



Resulta que en ese tiempo estábamos viviendo uno de los acontecimientos más importantes de la historia de Occidente: ¡la Revolución Científica! Junto a Galileo, Kepler, Bacon, Hudgens y Harvey estaba uno de los más importantes científicos de esa época: Edmund Halley (1645-1742). Unos años más tarde, fue Halley quien en 1705 determinó que cierto cometa visto en 1682 (el siglo XVII fue pródigo en cometas) no era un objeto nuevo, sino que aparecía con regularidad en el cielo. Halley determinó la periodicidad de ese cometa de forma que sería posible saber cuándo aparecería la próxima vez (pasa cada 76 años, la próxima será en 2061). En su honor, el cometa lleva el nombre del astrónomo.

Pero aunque faltaban años para que Halley revelara sus descubrimientos, don Carlos estaba bien enterado de los avances científicos más importantes de la época y siendo él mismo un estudioso, su propósito era exponerlos al público (al que supera leer, claro... que no eran muchos). Su texto es importante porque marca una diferencia entre la superstición de la astrología y la ciencia de la astronomía. Claro, esto no gustó a todo mundo.



El famoso padre jesuita Eusebio Kino, a quien le debemos el vino más barato del país, escribió un texto defendiendo la visión tradicional con su Exposición astronómica del cometa, en la que acusaba directamente a Sigüenza de no seguir las enseñanzas del angélico doctor santo Tomás de Aquino, quien ya había establecido con toda su autoridad que los cometas eran enviados por Dios mismo para alertar a la humanidad de las desgracias venideras.

Don Carlos le respondió con un tratado científico en cuerpo y forma, Libra científica y filosófica, uno de los textos más importantes para entender el desarrollo de la Revolución Científica de este lado del charco. En efecto, la obra de don Carlos es una muestra de cómo la mentalidad de la gente educada comenzaba a abandonar el dogmatismo de la escolástica religiosa y encaminarse hacia el racionalismo que sería la marca intelectual de la siguiente centuria, el Siglo de las Luces.



¿A qué viene todo esto? Bueno, hace un par de semanas, específicamente el 21 de agosto del 2017, el mundo presenció otro fenómeno astronómico: un eclipse solar. Los eclipses solares son algo verdaderamente espectacular. Especialmente si vives en la región del mundo en la que la luna, al pasar frente al sol, logra taparlo casi por completo, y así el día se transforma momentáneamente en noche.

Dado que la luna es muuuucho más pequeña del sol, esto sólo se aprecia bien desde cierto ángulo (prueba tapar el sol con tu pulgar; te mueves tantito para un lado y ya no lo estás tapando). No obstante, con ayuda de cristales y filtros especiales, en esos otros lugares del mundo (como México) fue posible apreciar el disco lunar pasando frente al astro rey, lo cual era en sí fascinante.


El eclipse tal como se vio desde Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

Dado lo especiales que son, los eclipses han sido momentos oportunos para estudiar el cosmos y así a lo largo de la historia muchos científicos han hecho importantes descubrimientos, desde Hiparco de Nicea, quien en el siglo II a.C. calculó con mucha precisión la distancia entre la Tierra y la Luna; pasando por el ya conocido Halley, quien determinó que el movimiento de rotación de nuestro planeta se había reducido desde tiempos antiguos, y hasta el famoso eclipse de 1919 durante el cual Arthur Eddington pudo comprobar el postulado de Albert Einstein, según el cual la fuerza de gravedad afecta también a los rayos de luz estelar.

También son oportunidades perfectas no sólo para contemplar un espectáculo muy poco frecuente, sino para acercar al gran público al fascinante universo de la astronomía, para impulsar en nuestros niños y jóvenes la curiosidad por aprender sobre las maravillas del cosmos y el porqué las cosas pasan como pasan.

Trayectoria del eclipse de 2017

O para paniquear por tonterías sin sentido, según cada quien. Porque resulta que esto del eclipse también generó miedos supersticiosos y se decía que la radiación, las "energías" y los rayos ultravioleta serían más fuertes y podría afectar a las mujeres embarazadas ¡dependiendo de los colores que usaran! Pero que las mujeres embarazadas podrían evitarlo usando prendas rojas y alfileres. ¿Fuentes? Cosas en Facebook que la gente comparte sin verificar porque no tiene criterio. 

Pos claro que esas creencias no tienen ningún sustento y quién sabe de dónde salieron. Ni el eclipse iba a emitir radiaciones peligrosas y si las fuera a emitir los colores de tu ropa y los alfileres no te salvarían.

Por lo menos una de esas publicaciones parece haber iniciado en tono de broma o sarcasmo, pero fue compartida muy sinceramente por toda clase de crédulos en Facebook. La parte en la que dice que "toda la comunidad científica del país (aproximadamente 7 personas)" debía darles la pista de que el asunto era guasa. Pero no, en tiempos de posverdad todo puede ser creído y todo puede ser descreído a según el estado de ánimo y los gustos de cada quien.



Lo más triste fue cuando el mero día del eclipse empezaron a aparecer las fotos de orgullosas mamás presumiendo que ya estaban listas, protegiendo a sus bebés con prendas rojas y alfileres. Pero no, señora, su hijo ya está condenado porque será criado por una tonta supersticiosa.

Sobra decir que tampoco es cierto que los niños que nazcan durante un eclipse sean superdotados (me atrevería a apostar que teniendo progenitores que crean eso, difícilmente tendrán inteligencias sobresalientes...). Y habrán notado que eso de que podías bajar varios kilos durante el eclipse fue una tontería. ¿Eh, gorditos?

Queridos habitantes de la Nueva España: el movimiento de los cuerpos celestes no afecta de forma alguna los asuntos humanos. No hay "energías" (concepto que los que lo usan no pueden ni definir) que provengan de los planetas o las estrellas y que afecten nuestra personalidad, nuestro destino ni nada de eso. Ni siquiera los fenómenos astronómicos inusuales como la aparición de cometas o los eclipses es capaz de provocar malformaciones, enfermedades ni locura. Los astros están tan lejos que cualquier influencia que pudieran tener (por la gravedad o la radiación, cosas que sí existen) quedaría anulada por la influencia del cuerpo más cerca a nosotros: la Tierra, nuestro planeta.



Pero parecería que muchos de nosotros siguen viviendo en tiempos premodernos, que la Revolución Científica no pasó por sus barrios. Vaya, si hasta el secretario de educación de Coahuila instruyó a los maestros para que no dejaran a salir a sus alumnos durante el eclipse y no fueran a correr "riesgos innecesarios". Tal parece que una buena parte de este país sigue tan perdida como los habitantes de la Colonia durante el siglo XVII, y que no importan cuantos "manifiestos filosóficos" se dirijan a combatir estas creencias, éstas hallarán a sus defensores y sus crédulos (incluso usando las herramientas creadas por la ciencia para socavarla). Perdónenos, don Carlos, le fallamos.

Para saber más:

Carlos de Sigüenza y Góngora: las letras, la astronomía y el saber criollo
El poder revelador de los eclipses
Los mitos más difundidos en México sobre el eclipse
Einstein tuvo que esperar a que un eclipse confirmara su teoría
Escepticcionario: Astrología

viernes, 1 de septiembre de 2017

El mexicanísimo arte de Jesús de la Helguera

Grandeza azteca


Seguro han visto sus pinturas e ilustraciones muchísimas veces y sin reparar mucho en ellos. Pero sus pinturas nos son familiares a todos los mexicanos. Se les puede ver en almanaques, afiches de películas, libros de texto y hasta en las planillas de ésas que comprábamos en las papelerías antes de que hubiera Internet.

Jesús de la Helguera nació en Chihuahua en 1910, pero su familia huyó a España, de donde era su padre, por causa de la revolución mexicana. Allí pasó su infancia, adolescencia y juventud. Como desde muy joven demostró una gran aptitud para el arte, a los 12 años inició sus estudios profesionales. Recibió la tutela de la figuras de la pintura española como Cecilio Pla y José Moreno Carbonero.

Ya un hombre casado y con hijos, tuvo que volver a huir a través del Atlántico cuando la Guerra Civil Española azotó el país. Jesús quedó enamorado de su patria natal, y se dedicó a viajar por México para aprender de sus paisajes, costumbres, historia y tradiciones pictóricas.

Así, su estilo se inserta en una época de nacionalismo revolucionario de los 30 y 40. La idealización de lo folclórico hasta niveles kistch, va de la mano con la estética del cine mexicano de la Edad de Oro y con el espíritu patriótico del gran muralismo de aquel entonces. Su obra, tan del gusto popular como las rancheras de Jorge Negrete, era reproducida masivamente por la industria editorial, y desdeñada por la crítica seria.

Sus pinturas, llenas de pueblitos coloridos e idílicos, hombres fuertes y vigorosos junto a mujeres pasivas y delicadas, paisajes prístinos o guerreros aztecas tan idealizados como deidades romanas, tuvieron que esperar algunas décadas para ser revalorizadas. Los inmigrantes e hijos de inmigrantes mexicanos en Estados Unidos tomaron las imágenes producidas por Helguera como seña de identidad, y Carlos Monsiváis habló de él en sus escritos.

Lo cierto es que la obra de Jesús de la Helguera es muy mexicana, no porque retrate la realidad del país, sino precisamente porque no lo hace, porque esa ingenuidad evasiva que idealiza lo propio de esta tierra, es algo muy, pero muy de México.






















Más sobre el artista:

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