viernes, 17 de noviembre de 2017

Yo sólo quería ser popular: 10 años de Ego




Pues sí, mis queridos contertulios. Hoy merengues, el 17 de noviembre del año 2017, este su espacio está cumpliendo 10 añotes de existencia. Figúrense. ¿Quién pensaría que seguiría haciendo esta tontería después de una década? Yo no, ciertamente. Esperaba a estas alturas tener un mejor trabajo :,v

Mucho ha pasado desde que inicié un blog oscuro y pequeñito, descuidado y ocurrente, en aquel lejano 2007 (mismo en el que inicié mi carrera como docente, por cierto). He aprendido a no cagarla tanto, a no decir no más cualquier cosa que se me ocurra y a tratar de fundamentarlo todo con fuentes fidedignas. He aprendido que es más importante tratar de aportar algo que hacerse al irreverente. En los últimos años me he vuelto más mangina.



He escrito 795 entradas (contando ésta). El blog ha recibido más de 4 millones de visitas. Tengo más de 4 mil seguidores en mi fanpage. Pero, según las estadísticas, mi época de fama y gloria ya pasó. Nunca he vuelto a tener tantos lectores como en agosto de 2013. Y si todavía en abril de este año recibía más de mil visitas diarias y cada entrada nueva llegaba a las mil en la primera semana, a partir de aquel mes por alguna razón mi rating se desplomó (específicamente, después de esta entrada sobre videojuegos nostálgicos). Ahora es un milagro si alguna entrada nueva alcanza la mitad de eso. Y pos sí me pone triste, porque creo que he escrito algunos de mis mejores textos en el último par de años.

Pero de pronto me llega algún mensaje bonito que me recuerda que no hago esto por la fama, la fortuna o el sepso. Que mientras quede alguien que pueda sacar algo positivo de estos debrayes, aquí seguiré. Además, si no escribo se me pudre el alma.



Me dicen que ya nadie lee blogs. Pues sí, hay tantos sitios de Internet interesantes, que cuentan con la participación de muchos colaboradores cada uno, que un blog que publica un texto nuevo una vez a la semana tendrá problemas para captar la atención. Me dicen que el futuro (¡qué digo, el presente!) está en el video. Quizá es así y algún día dé el salto a Youtube, pero como producir videos requiere de mucho tiempo y yo apenas tengo para sentarme y escribir estas líneas a lo largo de una semana, no creo que vaya a pasar pronto.

Otros me dicen que debería especializarme para tener un público bien segmentado. Pero a mí me gusta ser hombre del Renacimiento, pato y vato de interés general. Veo a este proyecto como una revista de un solo hombre, con todo lo bueno, malo e insuficiente que eso pueda traer. Así, seguiré hablándoles una semana sobre monstruos que follan señoritas y a la siguiente sobre las raíces filosóficas y culturales del fascismo.

En fin, no quiero que esta entrada sea demasiado larga o demasiado deprimente. Pero déjenme platicarles de los años dorados de blogósfera en español. Eran tiempos en los que casi todo el mundo llegó a tener un blog, incluyendo a varios de mis amigos. Y a otros tantos los conocí en la red.

Antes de que Facebook y Google se comieran la Internet, la blogósfera fue una gran red social. Claro, algunos blogs existían no más para que las personas compartieran sus anécdotas de la vida cotidiana y sus amigos y conocidos les comentaran. Para eso sí que sirve Facebook, y debieron haber sido los primeros que en emigrar hacia allá. Pero otros surgieron para hacer tertulia y debate, para compartir conocimientos y reflexiones.

Unos a otros nos enlazábamos en nuestras entradas y blogrolls, nos comentábamos mutuamente y hasta nos mandábamos memes y retos. Incluso armábamos eventos colectivos en el que todos escribíamos de un mismo tema y en uno de los blogs aparecía un menú con enlaces a los demás. Teníamos una buena comunidad, pues.

¿Se acuerdan de cuando ponía encuestas?

Así, más que celebrar mi década de estar aquí perdiendo el tiempo cuando podría estar trabajando en algo que me dejara dinero, y además de agradecer a ustedes que siguen por acá, quiero honrar a mis compañeros de la blogósfera, los que dejamos en el camino. Estos son algunos de los blogs que más extraño. Amigos míos, los saludo con orgullo:

Desde el Infierno: Diabla, mi querida Diabla. Todos éramos fanses de esta chica que escribía sin pelos en la lengua. En su genial estilo nos hablaba de las vicisitudes de ser una chica rebelde y medio darks en un mundo conformista y lleno de machos idiotas.

El increíble show del Señor Paquidermo: Miauricio Jiménez, alias Morocco, es una de las personas más entrañables que he conocido a través de las redes. Poeta, feminista y rebuena gente. En este blog nos compartía sus anécdotas con su estilo tan simpático, y de vez en cuando hasta sus poemas.

Dulcamara Inc. El Dr. Dulcamara era un merolico que vendía toda clase de chucherías al estilo de viajante de ferias de finales del siglo antepasado. Gran ilustrador, alguna vez quise reclutarlo para hacer alguna colaboración, pero nunca se dejó. Pásenle a la diversión.

Cultura Pulp: Uno de mis blogs favoritos en español dedicados a las cosas locochonas de la cultura pop. No se dejen engañar por su aspecto actual; cuando inició era todo colorido y extravagante. Era el lugar al que ibas para leer curiosidades insospechadas.

La Corte de los Milagros: Pereque fue mi mentor. No sé si él lo sepa. Pero cuando todavía andaba muy confundido con todo esto de la realidad, la fantasía, la ciencia y la magufería, fue él quien, después de Carl Sagan, me ayudó a poner las cosas en claro. Uno de los mejores blogs de escepticismo que se escribieron en lengua española. Estés donde estés, se te extraña, Pereque.

¿Se acuerdan de los Egocómics?


El Desván del Abuelito: Es una hermosa joya de la red de redes. Este blog español se dedicaba a reseñar rarezas de la cultura pop más retro y más extraña que se puedan imaginar, desde películas hasta tebeos. El estilo con el que escribía el abuelito era para carcajearse con cada línea. Se mudó a Wordpress y luego dejó de publicar. Ahora subsiste como página de Facebook.

Piedrita de Oro: La maravillosa Kix escribía lúcidas aunque breves entradas en este blog que, como los mejores, era de temas varios y diversos. Su agudeza como escritora iba a la par de su afabilidad como persona.

Ya vas que chutas: El Karate Pig era otro todólogo, y yo siempre lo leía con gusto, excepto cuando hablaba de futbol, porque de eso no entiendo ni mais. En otros temas, así fuera de política o cómics, sí que me interesaba leer sus opiniones agudas. Se le quiere al KP.

La Bitácora Mordaz de Sir David von Templo: Considero a David uno de mis mejores amigos de los Internetz y su blog era de los más divertidos e interesantes. Era de los más jóvenes de nosotros y se le notaba siempre su entusiasmo. Es una lástima que ya no siga escribiendo.

Reflexiones de un Hijo del Pop: David Moreno es uno de mis críticos de medios favoritos. Paisano yucateco, lo conocí primero en su programa de Radio Universidad. Siempre estaba yo ansioso por leer sus críticas de cine y TV, pero también cuando le entraba a hablar de política. Su blog sobrevive en Wordpress y también colabora en Soma.

¿Se acuerdan de los duelos improbables?

Éste no es el blog de N: Una sola letra identificaba a la autora de este blog, dedicado sobre todo a la poesía, pero también a la reflexión. Me gustaban mucho sus poemas, pero su estilo prosístico me encantaba. Me emocionó cuando anunció su regreso en 2014, pero luego no le siguió, rompiéndonos a todos a el corazón.

De la realidad aparente y de la realidad real: Mónica es una de las personas más inteligentes que conozco (virtualmente). Socióloga, atea y una excelente ensayista, se aventaba unas entradas fabulosas en las que pendejaba a todo mundo. Ahí anda por el feis, y todavía la consulto para quitarme un poco lo bestia.

Ahuramazdah: Otro de mis senseis en eso del escepticismo fue el gran Keith. Sus entradas son un genial ejemplo de cómo hacer divulgación y enseñar pensamiento crítico de forma sencilla y efectiva. Hace poquito publicó un texto por primera vez en varios años.

De las maravillas al nunca jamás: Aletta era otra de esas blogueras que hablaban de todo un poco. Sus textos eran breves, pero muy bien escritos y lo suficientemente fuertes para que nomás con eso desencadenar la discusión.

Tiburcia y TheJab: Esta pareja de blogueros colaboraban para escribir de todo un poco, como son los mejores blogs. Son personas simpatiquísimas, cuyos textos leía siempre con interés. Por supuesto, también eran parte de a familia de escépticos fantásticos.

¿Se acuerdan de los Demotivationals?

El blog Ausente: Otro gran blog dedicado a la cultura pop rara, en especial a todo lo que tenga que ver con la fantasía, la ciencia ficción, el horror y el cómic. Hace mucho tiempo que ya no publica una entrada, pero quiero pensar que no está del todo abandonado.

Mitos y Timos: Éste es uno de los mejores blogs de ciencia y escepticismo en español. Por cada tema que aborda tienen detrás una investigación documental súper pro. Hace menos de un año que fue su última publicación; espero que sólo esté desatendido y que en cualquier momento regrese.

Mélange: El blog de Marichuy es de los de la vieja escuela, de ésos que tratan de todo y de nada. Que no más son los pensamientos salvajes de una persona muy inteligente. Siempre es un gusto leerla. Igual lo rescato porque cada vez publica menos.

Postcards from the Edge: Armando es un auténtico experto en literatura de ciencia ficción. Lector voraz, conocedor de todas las obras y todos los autores. El blog trata sobre todo de reseñas de libros. Su última entrada es de hace un par de meses, así que tampoco es que esté abandonado, pero como que cada vez publica menos y deja pasar más tiempo, ya me da miedo que en una de ésas tire la toalla.

La pata izquierda de Cthulhu: Lo mejor para el final, quizá el blog que más extraño de todos es el del cuatito Abraham Sánchez. Él sí alcanzó el estatus de verdadero blogstar, con un montón de comentarios para cada uno de sus geniales posts. Se caracterizaba por su estilo agudo y su humor muy ácido en el que se burlaba de todo y de todos. Ahora escribe de vez en cuando en Medium.

¿Recuerdan cuando nos volvimos virales?

Hubo algunos blogs que ya no pude recuperar, porque no sólo nunca se actualizan sino que de plano ni existen. Blogs como El Bizcocho de Montecristo, Ornitorrincos vestidos de paisano y Kentucky Freud Chicken eran una delicida por su sentido del humor y porque, cual es la esencia del blog, se animaban a tratar de casi cualquier tema.

Al inicio de la Internet 2.0 los blogs reinaron. Algunos blogueros notorios dieron el paso a publicar en revistas digitales o hasta tener sus propios libros. Otros simplemente fueron abandonando el oficio. Pero quiero pensar que por el breve momento en que fuimos relevantes contribuimos a construir un medio de comunicación multidireccional, una Gran Conversación en la que cada quien fue alternativamente maestro y discípulo, orador y oyente, artista y crítico, divulgador y detractor. Y no sé cuánto tiempo seguiremos por acá, pero mientras me sea posible, diré:


¡LARGA VIDA A LOS BLOGS!

¡Gracias por estos 10 años!


jueves, 9 de noviembre de 2017

Extremismo y conspiranoia



“Las leyendas atraen a lo mejor de nuestros tiempos, así como las ideologías atraen al promedio, y los murmullos sobre horrorosos poderes que están detrás del escenario, atraen a lo peor de lo peor.”
INTRODUCCIÓN

Hace poco les hablé de Los orígenes del totalitarismo de Hannah Arendt, una lectura obligatoria para empezar a entender cómo surgieron y cómo funcionaban los monstruos del nazismo y estalinismo, y al mismo tiempo echar luz sobre lo que sucede estos días con el auge de los fascismos.

Entonces les decía que Arendt hace énfasis en la importancia de las teorías conspiratorias en la conformación y consolidación de los movimientos totalitarios. No fue la única; también Karl Popper, autor de La sociedad abierta y sus enemigos hizo referencia a cómo los movimientos extremistas, que destruyeron la democracia en sus propios países y sumieron al mundo en baños de sangre, se sirvieron de las teorías conspiratorias. Para propósitos de esta entrada, usaré puras citas de la obra de Arendt.

Una teoría de la conspiración es una narrativa según la cual por lo menos algunos de los acontecimientos más importantes del mundo y la historia están manipulados por una cábala secreta que ostenta el poder, así sean los illuminati, los judíos o los extraterrestres reptilianos de Alpha Draconis. Sostiene que la realidad aparente, tal como se nos muestra en los medios de comunicación, los libros de texto, el consenso científico y demás, es una ilusión creada por esos malvados grupos para ocultar la realidad tal cual es.




Bueno, desconfiar de la autoridad es muy sano. El problema es que los teóricos de la conspiración (o como nos gusta llamarlos, conspiranoicos) van más allá de sospechar que los poderosos hacen cosas chuecas que nos ocultan; ellos creerían cualquier ficción, sin importar cuán absurda, sobre las personas o grupos a los que odian. Para explicar por qué la conspiración no sale a la luz, le atribuyen una omnipotencia increíble y una ubicuidad tal que incluiría a prácticamente todo el mundo: los gobiernos, los medios, los expertos, la academia, los científicos, etcétera.

“Como los demagogos que les precedieron, los portavoces de movimientos totalitarios poseían un instinto infalible para todo aquello que la propaganda partidista o la opinión pública ordinaria no se interesara en tocar. Todo lo escondido, todo lo sucedido en el silencio, se convierte en algo de lo más significativo, sin importar su relevancia intrínseca. La turba realmente creía que la verdad era cualquier cosa que la sociedad respetable pasara hipócritamente por alto.”

Mucho se ha dicho acerca de la difusión de teorías conspiratorias y noticias falsas en la era digital. Lo que hace algunos años era cosa de unos cuantos loquitos a los que era fácil ridiculizar pintándolos con sus sombreros de aluminio, hoy es problema que se ha salido de control, que ha llevado a los adherentes a tales teorías a puestos de poder (como el mismo Donald Trump con sus delirios de que “el cambio climático es un complot chino”) y empezado a causar estragos en el bienestar de las personas (como los movimientos antivacunas, que han provocado el regreso de enfermedades casi erradicadas en el mundo desarrollado).

La creencia en teorías conspiratorias es en parte el resultado de características psicológicas innatas en el ser humano, que nos hacen detectar patrones hasta donde no los hay y atribuir intencionalidad y agencia donde sólo hay procesos aleatorios o sumamente complejos.

 “Lo que convence a las masa no son los hechos, ni siquiera hechos inventados, sino la consistencia de un sistema del que presumiblemente son parte […] Lo que las masas se niegan a reconocer es lo fortuito de la realidad. Están predispuestas a las ideologías porque explican los hechos como simples ejemplos de leyes y eliminan las coincidencias al inventar una omnipotencia que está supuestamente a la raíz de todos los accidentes. La propaganda totalitaria prospera en esa huida de la realidad a la ficción, de la coincidencia a la consistencia. […] La huída de las masas de la realidad es un veredicto en contra del mundo en que son forzadas a vivir y en el que no pueden existir, ya que la casualidad se ha convertido en su amo supremo y los seres humanos necesitan la constante transformación de lo caótico y accidental en patrones artificiales de relativa consistencia.”

Pero además las teorías de la conspiración florecen en épocas de crisis y conflictos; son síntoma de la disolución de los lazos de confianza entre los miembros de la comunidad; son reacciones viscerales a cambios sociales drásticos que no pueden explicarse de manera simple. Y son armas perfectas para los movimientos extremistas porque, al contagiar a miles de personas con una visión delirante del mundo, las pueden atraer a sus filas.

“La revuelta de las masas en contra de la realidad, el sentido común y todo lo plausible en el mundo fue el resultado de su atomización, la pérdida de su estatus social junto al cual perdieron todo el sector de relaciones comunales en cuyo marco el sentido común tiene valor. En tal situación de desamparo social y espiritual, la mesurada comprensión de la interdependencia entre lo planeado y lo arbitrario, lo accidental y lo necesario, no puede darse más. La propaganda totalitaria puede insultar al sentido común tan escandalosamente sólo cuando el sentido común ha perdido toda validez.”




Hay teorías conspiratorias de todos los colores políticos, pero de las que quiero hablar en esta entrada son las que promueven los grupos de ultraderechas en Occidente, llámense alt-right, neonazis, nacionalistas blancos o lo que sea. Como todos sabemos, la teoría conspiratoria por excelencia es la del complot judío internacional para controlar/joder al mundo. Por décadas antes de que Hitler encendiera el horno, se fue cocinando una conspiranoia según la cual los judíos controlaban los hilos del mundo; que estaban detrás de las revoluciones, del auge de las ideas socialistas, de las crisis económicas, de los cambios sociales, de la inestabilidad política y, en fin, de todo lo malo que a usted se le pudiera ocurrir.

El texto base de este disparate (aunque no fue lo que la inició) son los infames Protocolos de los sabios de Sión, que presenta a los judíos reunidos como villanos de esos que se frotan las manos y se retuercen el bigote mientras alardean de su maldad; una visión tan pueril y caricaturesca que cualquier persona con dos dedos de frente se dio cuenta de inmediato que se trataba de un fraude. En efecto, la falsedad de los Protocolos ha sido conocida desde un primer momento, pero ha pasado a la historia, junto con La carta del Preste Juan o la Donación de Constantino como uno de los documentos falsos que ha influido más en la historia humana porque, bueno, somos una especie crédula y manipulable.

Hablando de crédulos y no tener dos dedos de frente, uno de los fanses de Los Protocolos fue ni más ni menos que don Adolfo Hitler, el fracasado pintor y exitoso genocida, quien en su Mein Kampf aseguraba que era la neta del planeta.

“El espejismo de un dominio judío ya existente fue la base para la ilusión de una futura dominación mundial alemana. Esto es lo que Himmler tenía en mente cuando dijo que ‘le debemos el arte del gobierno a los judíos’, específicamente a los Protocolos, que ‘el Führer se había aprendido al pie de la letra’.”

Y bueno, ya sabemos cómo resultó eso: en el asesinato en masa de millones de judíos, gitanos, homosexuales y otros grupos indeseables para los nazis. Las teorías conspiratorias modernas de la extrema derecha retoman el complot judío internacional, pero también tienen nuevos delirios.


REVISIONISMO HISTÓRICO



Básicamente, dicen que todo lo que sabemos de Hitler, los nazis y el Holocausto es mentira. En su versión de la historia, Hitler ni siquiera era racista; no odiaba a los judíos como raza, sólo quería salvar al mundo de la conspiración judía internacional.

Dicen que el exterminio sistemático y deliberado de los judíos y otros grupos nunca ocurrió, o que las cifras están infladas. Que los campos eran de concentración, no de exterminio y que los judíos se murieron allí por hambre o enfermedades, no porque los hayan querido exterminar. ¡Valiente excusa! Mucho ojo, que de negar el Holocausto a justificar el Holocausto hay sólo un paso, y si hablas con un negacionista el tiempo suficiente te va a decir “bueno, pero lo merecían”.

Estas visiones son insostenibles frente a toneladas de evidencia histórica, pero lo más importante es que los nazis nunca negaron sus crímenes, ni sus objetivos (no se iban a contentar con los judíos; los eslavos eran los siguientes), ni sus ideales racistas. Todo está documentado, hasta por ellos mismos. Y es aquí donde se convierte en verdadera conspiranoia: nos han hecho creer todo esto los amos del mundo, que son, adivinen, los judíos.

“El objetivo de estos constructos tan variados era siempre revelar la historia oficial como una broma, demostrar una esfera de influencias secretas de la cual lo visible, lo rastreable, lo conocido de la realidad histórica era sólo una fachada erigida explícitamente para engañar al pueblo”


MARXISMO CULTURAL



Ya les he hablado de este término, que los conspiranoicos de derechas usan para llamar a cualquier cosa que sea de izquierda o liberal, desde los movimientos LGBT y el feminismo, hasta la crítica a los excesos del capitalismo actual. Ante la imposibilidad de explicarse un mundo que está cambiando y en el que cada vez más personas están a favor de la diversidad, la inclusión y la tolerancia, atribuyen estos cambios sociales a la infección de una ideología que lo permea todo desde las universidades hasta Hollywood.

En sus versiones más moderadas, los derechistas te dirán que el marxismo cultural es una moda intelectual que los bobos siguen sin darse cuenta de que lo que están difundiendo realmente es comunismo. En su versión totalmente conspiranoica, se trata de una ideología perversa creada expresamente por, ya saben, los judíos, para destruir el mundo occidental con banderas de arcoíris y manifestantes topless.

“Ante la alternativa de enfrentar el desarrollo anárquico y la arbitrariedad total de la decadencia, o rendirse a la consistencia rígida y fantástica de una ideología, las masas siempre escogerán lo segundo y estarán listas para pagar un costo individual, no porque sean malvadas o estúpidas, sino porque en el desastre general este escape les garantiza un mínimo de amor propio.”


GENOCIDIO BLANCO



Es aquí donde la cosa se pone loca (aun más). Según esta conspiranoia, los blancos son una clase oprimida que corre el peligro de ser exterminada. Se basa en dos hechos: la migración desde otras partes del mundo hacia Europa o Norteamérica existe, y la tasa natalidad en los países de primer mundo (de población principalmente blanca) ha descendido en las últimas décadas.

A ello le suman el detalle de que algunos de los dueños de medios de comunicación más importantes del mundo son judíos y voilá, tienen un non sequitur del tamaño del Tercer Reich: los judíos están impulsando la eliminación de la raza blanca. Según los alt-righteros, todo movimiento a favor de los derechos de los migrantes, de dar asilo a los refugiados o de combatir el racismo sistémico en la sociedad y la cultura, tienen el objetivo de cometer un genocidio blanco.

“Simples falsificaciones desde el punto de vista académico eran sancionadas como historia cuando los movimientos las sostenían y pretendían obtener de ellas la inspiración necesaria para actuar.”

Tal narrativa sólo puede ser sostenida con falacias y falsedades. Para empezar, no se puede llamar genocidio si no estamos ante un asesinato masivo. Ciertamente no está pasando nada ni remotamente parecido a los verdaderos genocidios que han ocurrido a lo largo de la historia humana.

Lo que sucede son cambios demográficos, del tipo que siempre están teniendo lugar. Es la proporción relativa de los “blancos” (las razas humanas son un constructo social bastante reciente y que no tiene valor científico alguno)  la que está disminuyendo ante otros grupos étnicos, no el número total. Esto se explica porque en las sociedades desarrolladas, con un bajo índice de mortalidad infantil, equidad de género, prosperidad material y muchas expectativas académicas y laborales, las familias deciden tener menos hijos. De hecho, eso se contagia a los migrantes, y tras una o dos generaciones, su tasa de natalidad cae también.

Por eso algunos alt-righteros han preferido llamar al fenómeno “remplazo étnico”. O sea, dicen que las otras razas están lentamente “desplazando a los blancos” y que así las cosas los blancos terminarán siendo minoría. Este escenario es sólo de temer para quien realmente cree que las “razas humanas”, las naciones y las culturas están condenadas a vivir por siempre en constante lucha a muerte, y que las únicas opciones son ser vencedores o vencidos. Para los putos nazis, pues.

“El racismo no era para ellos una teoría debatible de dudoso valor científico, sino que se realizaba cada día en el funcionamiento de la jerarquía de una organización política en cuyo marco de referencia habría sido ‘irreal’ cuestionarlo.”

Me encanta cómo ponen a México como un país uniformemente cafecito


Algunos dicen que lo que peligra es la “cultura occidental”. Pero no es que en realidad estén preocupados por los valores de la democracia, los derechos humanos y las libertades civiles, que heredamos de la Ilustración, pues gustosamente los destruirían con tal de llevar a cabo las medidas necesarias para mentener la “pureza racial”. Tampoco parecen estar interesados en preservar las bellas artes y la tradición filosófica del canon occidental… En cuya composición entran las aportaciones de mujeres, personas de color, homosexuales e influencias de otras culturas, todos estos grupos a los cuales los alt-righteros desprecian.

Lo que estos fulanos temen perder en realidad son las dinámicas familiares y los roles de género tradicionales por un lado, y por otro, un mundo en el que jamás tengan que ver a personas de otras razas, presenciar manifestaciones de otras culturas o escuchar palabras en otros idiomas.

En pocas palabras, así como las agrupaciones religiosas dicen que “no odiamos a los homosexuales, sólo queremos defender a la familia”, estos individuos dicen “no odiamos a las otras razas, sólo queremos defender a la raza blanca”. Pero el punto es que la “raza blanca” no está en peligro alguno, es simplemente que ellos son unos racistas de porquería.

"El racismo puede bien acarrear la perdición para el mundo occidental y, para el caso, de la humanidad misma."



Se inventan mentiras como que “Alemania está siendo destruida por los refugiados” (aquí, aquí y aquí), que “Barrios enteros en Europa y EUA están bajo la ley islámica” (aquí) que “Suecia es la capital mundial de la violación” (aquí), para difundir el miedo contra los migrantes en general, y los musulmanes en particular.

Linduras por el estilo son difundidas en el pseudo-documental With Gates Wide Open, el cual está lleno de tomas falsas o en contextos diferentes a lo que afirma la narración, además de subtítulos falsos para que parezca que los migrantes están planeando la destrucción de Occidente (aquí y aquí). Son los viejos Protocolos para una generación audiovisual, y al igual que el libelo decimonónico, a pesar de haber sido refutado contundentemente, sigue circulando como la gran revelación de una verdad oculta.

Lo que asusta aquí es pensar a dónde serán capaces de llegar si siguen estas creencias hasta sus últimas consecuencias. Pues, si realmente creen que están siendo exterminados, ¿qué acto, por más atroz que sea, no podrían racionalizarlo como “legítima defensa”?

“El supuesto de una conspiración judía mundial fue transformado por la propaganda totalitaria de un asunto factual cuya objetividad podía debatirse, en un elemento capital de la realidad nazi. El punto es que los nazis actuaron como si el mundo estuviera dominado por los judíos y necesitaran de una contraconspiración para defenderse a sí mismos.”

LOS “MODERADOS”



¿Saben cómo di por primera vez con ese pseudo-documental? Me lo pasó en mi fanpage de féisbuc un lector. Él creía en todo lo que se dice en el videíto y me lo pegó como parte de su argumentación a favor de que existe una verdadera conspiración judía para erradicar a la raza blanca.

Lo llamé “criptonazi” y se ofendió, con razón. Me dijo que no era racista, no deseaba atacar a las otras razas o quitarles sus derechos; sólo le parecía sensato que los blancos quisieran tener países sólo para ellos, al igual que los asiáticos y los africanos. De verdad creía y le atemorizaban los reportes de la destrucción causada por negros, migrantes y musulmanes, y que era válido que los blancos occidentales se defendieran. No negaba el Holocausto ni admiraba a Hitler, pero dado que muchos de los magnates más poderosos del mundo son judíos, le parecía plausible la versión según la cual ellos estaban detrás de esos estremecedores hechos. Es más, él no se consideraba de derechas: era un liberal clásico. ¿Y saben qué? Yo lo creo.

Nuestro amiguito es un ejemplo bastante común de lo que pasa con muchas personas comunes y corrientes ante las teorías conspiratorias de los extremistas. Ellos no son los fanáticos violentos que quieren “la sangre y la tierra”, los completos lunáticos que han perdido todo contacto con la realidad. Son gente común y corriente, algo ingenua y con poca experiencia en la vida, que toman algunos puntos de la narrativa totalitaria y piensan “pues tiene sentido…”

“No fueron la habilidad de Stalin y Hitler en el arte de la mentira, sino su capacidad de organizar a las masas y convertirlas en una colectividad que respaldara sus mentiras, lo que causaba fascinación.”

Ése es el problema. Hitler logró convencer a tantas personas de seguirlo porque aunque atacaba siempre a los judíos no dijo desde un principio “así que, si me eligen, prometo matarlos a todos alv”. No, él decía que había que hacer a Alemania grande otra vez, darle trabajos a la gente y  no permitir que el resto del mundo siguiera abusando tan gandallamente de la madre patria.

Para que los movimientos extremistas triunfen tienen que dar una cara de cierta respetabilidad ante el resto del mundo, avanzar poco a poco. Para esos propósitos resultan muy útiles esas personas que simpatizan con sólo uno que otro punto de la narrativa conspiratoria. Mientras los fanáticos convencidos están en el núcleo, a sabiendas de que sus ideas son demasiado radicales como para ser aceptadas de buenas a primeras por las mayorías, estos aliados incautos van introduciendo en el discurso común ciertas nociones cuya validez el extremismo necesita que sean aceptadas, o por lo menos consideradas como dignas de discusión.



“Los simpatizantes de los movimientos totalitarios, que son a todas luces ciudadanos inocuos de sociedades no totalitarias, difícilmente pueden ser llamados fanáticos monomaniacos. A través de ellos, los movimientos totalitarios hacen que sus mentiras fantásticas aparezcan más aceptables en general; pueden difundir su propaganda en formas más sutiles, más respetables, hasta que la atmósfera está tan completamente envenenada con elementos totalitarios que difícilmente son reconocidos como tales, pues aparentan ser opiniones políticas normales.”

Diferentes aspectos del extremismo de derechas atraen a diferentes personas. Puedes aprovechar la reacción de rechazo que en muchas personas causa el feminismo, y ya que te están prestando atención, hablar contra los inmigrantes y los musulmanes.  Puedes atraer a los religiosos diciendo que estás en contra del aborto, o a los capitalistas diciendo que estás en contra de las políticas socialistas. Puedes apuntar que las migraciones de musulmanes amenazan con destruir a Occidente, sin decir que los judíos están detrás de eso, y podrías atraer a algún judío. Puedes apelar al clasismo y racismo de homosexuales blancos adinerados, dejando de lado la homofobia esencial al centro de tu movimiento (el mismo Hitler tuvo entre sus primeros colaboradores a algunos homosexuales, a los que posteriormente liquidó).

Puedes plantear cuestiones aparentemente sensatas como “¿Por qué no está bien que los blancos se enorgullezcan de su raza y los negros o asiáticos, sí?” o “¿Por qué nadie se escandaliza si Japón se cierra a los migrantes, pero todo el mundo le exige a los países blancos abrirse?”, o plantear falsas equivalencias entre los neonazis y movimientos como Black Lives Matter o Antifa.

Es a estos moderados a los que habría que apelar para que se den cuenta de lo que en realidad están defendiendo. No se puede convencer a los fanáticos, pero se puede evitar que los ingenuos caigan en su trampa, que sigan difundiendo inadvertidamente pequeñas dosis de propaganda extremista. Pero será difícil, porque ésta es la era de la posverdad.


LA ESENCIA DE LA POSVERDAD



¿Conocen el sitio Snopes? Es magnífico. Hace un estupendo trabajo al refutar y desmentir noticias falsas y rumores de Internet. En tiempos de la elección estadounidense de 2016 el sitio estuvo muy ocupado porque la cantidad de noticias falsas que se difundían era tremenda. Hoy, más que nunca, el trabajo de los fact-checkers es vital. El problema es que la posverdad podría ser demasiado hasta para ellos.

No hace mucho me topé con la página de un simpatizante de Trump que despotricaba contra Snopes. Decía que siempre que compartía alguna noticia sobre las cosas horribles que hacía la Hillary, alguien le remitía a un artículo del sitio que desmentía la información. Eso no podía ser; tenía que haber una explicación. El fulano llegó a la conclusión de que si Snopes decía que sus historias sobre Trump y Hillary eran mentira, era porque el sitio estaba financiado por George Soros.

George Soros es un financiero húngaro-americano de origen judío y uno de los hombres más ricos del mundo. También, como muchos billonarios aburridos, se ha dedicado a la filantropía, y financiado proyectos de corte liberal a favor de la democracia, la educación y los derechos humanos. Esto lo ha convertido en el protagonista de innumerables rumores conspiranoicos. Ha venido a ocupar el lugar que alguna vez tuvieron Rotschild y Rockefeller como supervillano que mueve los hilos del mundo. Tan es así, que Snopes tiene una colección de camelos respecto a ese señor.

“En un mundo siempre cambiante, incomprensible, las masas habían llegado a un punto en el que, al mismo tiempo, creerían cualquier cosa y ninguna, pensarían que todo es posible y nada es verdad.”




Ahora, el punto aquí no es discutir la confiabilidad de Snopes, que es excelente. Sino dar con qué se trata esto de la posverdad. Si los políticos y figuras públicas siempre han dicho mentiras y las personas las han creído, ¿qué tiene de especial el concepto de “posverdad”? Después de muchos meses de reflexión y experiencias con loquitos en las redes, creo que he dado con algo.

La posverdad se diferencia de la simple mentira en que es imposible refutarla. Es decir, estamos ante el fenómeno de personas que simplemente niegan la realidad aunque la tengan en frente. Porque, y éste es el meollo del asunto, todos los criterios de verdad han sido destruidos. Las evidencias, los hechos, la coherencia lógica, el consenso de los expertos… todo aquello a lo que recurríamos como criterios de veracidad pueden ser negados por una mentalidad irracional cada vez más común.

¿Fuentes confiables? Ni Snopes ni Wikipedia, ni la NASA ni la ONU, ni la revista Science ni el New York Times, ni Harvard ni Cambridge se salvan; basta decir que son parte del establishment para negar cualquier cosa que digan. Hasta la ciencia y la lógica misma pueden ser negadas en el mundo de la posverdad. ¿La ciencia niega las razas humanas? Es porque las universidades están controladas por liberales políticamente correctos. ¿Falacias lógicas? “Yo no creo en las epistemologías occidentales” me dijo alguien una vez.

 “El súbdito ideal del totalitarismo no es el nazi convencido o el comunista convencido, sino un pueblo para quien la distinción entre la realidad y la ficción, entre lo verdadero y lo falso, ha dejado de existir.”

De todo lo que hemos discutido aquí, eso es lo que más me asusta.



FIN

viernes, 3 de noviembre de 2017

¿Qué es una película de terror? (Segunda parte)

Este debraye es continuación del debraye anterior



El miedo y lo demás

Tiburón aparece casi siempre en las listas de las mejores películas de terror de la historia. No es de extrañar: es en efecto una de las más aterradoras, una que de verdad te hace tenerle miedo al mar y quedarte una sensación de inquietud. Pero, ¿por qué Jurassic Park no?

Jurassic Park nunca ha sido considerada como una película de terror, y sin embargo tiene muchos puntos en común con Tiburón. Ambas se tratan de animales grandes que comen gente. Ambas tienen momentos verdaderamente horrorosos que hicieron gritar a las audiencias (como cuando la T. rex ataca los coches o cuando las velocirraptores acechan a los niños en la cocina). Ambas me causaron pesadillas. ¿Por qué Jurassic Park no es una película de terror?



La clase pasada hablábamos de cómo una película de terror nos hace sentir diferentes formas de miedo utilizando diferentes elementos y estrategias. Pero quedamos en que esas mismas estrategias pueden, y de hecho, son usadas en películas que no se consideran de terror. Ah, y que he estado usando horror y terror indistintamente para referirme a un tipo de películas, pero que a partir de ahora usaré terror para denominar el género y horror para referirme a la emoción que produce. Por ninguna razón en especial.

Quizá la clave está en que a lo mejor en esas otras películas las diferentes formas de miedo pueden estar presentes, pero no son el sentimiento prevalente. Hagamos algunas analogías. En la comedia, el humor es la emoción predominante. Pero tampoco es como si cada escena o cada momento en una comedia fuera chistoso y con la intención de hacer reír. Por otro lado, historias de otros géneros, desde dramas hasta aventuras, pueden tener momentos graciosos, mientras que las comedias pueden tener momentos conmovedores.

Así, podríamos clasificar los diferentes géneros narrativos según las emociones que primordialmente busca producir. La comedia pretende hacer reír; el drama pretende conmover. Otras historias despiertan nuestro espíritu de aventura, de asombro, de heroísmo, de lucha, de intriga, etc. No es que una obra de cierto género se limite a producir cierta emoción, sino que hay alguna que prevalece sobre las demás. Las historias épicas, desde tiempo de Homero, son tan grandiosas en parte porque todas las emociones de la gama están presentes en un momento u otro.

Las películas de acción, por ejemplo, buscan despertar nuestro espíritu de lucha, la emoción primordial que experimentamos al ver a dos bandos (uno con los cuales nos identificamos) enfrentarse con violencia física. Sí, una peli de acción puede además tener grandes dosis de humor, o decantarse más por el suspenso, pero siempre será ese espíritu de lucha el que prevalezca.




Jurassic Park tiene algunas de las secuencias más aterradoras y mejor logradas que haya visto en mi vida, y es que Spielberg es un maestrazo para eso. Pero el miedo no es una única emoción que produce; también están el asombro y la aventura. Hay algo de aventura en Tiburón, como también hay algo de drama y momentos graciosos; pero son las diferentes formas de miedo (sobresalto, suspenso y horror) las que prevalecen.

Todo lo anterior nos puede servir para hallar la diferencia entre el thriller y el terror como géneros narrativos. Aunque las películas de terror usan el suspenso, el tipo de miedo que predomina en ellas es el horror; y aunque los thrillers pueden llegar a tener momentos de horror, es el suspenso la emoción en la que se basan principalmente. La ventana indiscreta es un thriller y Psicosis es una de terror aunque ambas lidien con homicidios, porque el tipo de miedo en cada una es diferente.

El tono y el tema


¿Podríamos basarnos solamente en las emociones para clasificar un tipo de historia? ¿Cuál es el sentimiento primordial en la ciencia ficción, la fantasía o el western? Aquí es donde he decidido rescatar una chaqueta mental que me hacía de chamaco cuando caminaba por los pasillos de los videoclubes.

Los géneros y subgéneros que suelen enlistarse para clasificar las películas son un desmadre y es porque utilizan sin darse cuenta dos criterios completamente distintos. Es que podemos catalogar una peli según el tono o según el tema. No me hagan mucho caso, que tenía como 12 años cuando se me ocurrieron estos nombres, y me gustaron porque ambos empiezan con T. Pero a lo que me refiero con eso de tono es al sentimiento que domina en la película, mientras que tema sería el escenario y situaciones en las que ocurre la película.

Veamos el género de ciencia ficción y nos daremos cuenta de que ninguna película clasificada como tal es solamente eso. A veces son dramas como Arrival, a veces son comedias como Idiocracy, a veces son épicas como Star Wars, o a veces son de horror como Alien. Ciencia ficción nos habla del tipo de escenarios, situaciones y elementos que podemos esperar de la peli: el espacio, el futuro, vida extraterrestre, tecnología avanzada, etc. Pero el tono emocional de la historia no dependen de nada de eso.

Lo mismo con el western; suelen ser historias de acción o aventura, pero a veces son verdaderos dramas como Unforgiven o comedias como Maverick. Así, según el tema tendríamos un conjunto totalmente distinto (y mucho más amplio) de géneros posibles, no sólo compatibles sino necesariamente emparejados con alguno de los géneros que nacen a partir del tono: ciencia ficción, fantasía, western, policiaco, de superhéroes, de guerra, histórico, político, familiar, social, etc. Que además se pueden mezclar entre sí (como el western con la ciencia ficción).

Géneros emparentados



Pero resulta que algunos de estos temas son más proclives a darnos ciertos tonos emocionales. Por ejemplo, la fantasía con la aventura y la épica, o el realismo social con el drama. Por eso algunos elementos temáticos se asocian tradicionalmente con ciertos géneros. Los monstruos y los fantasmas, usados desde siempre en historias que hacen énfasis en el miedo, son por ello considerados típicos del terror, aunque no necesariamente su presencia hace que una historia pertenezca a ese género.

Por ejemplo, tenemos las llamadas comedias de horror, todo lo que va desde Abbot y Costello contra los fantasmas, pasando por Los Cazafantasmas y hasta Scary Movie. Son comedias porque buscan primordialmente hacer reír de diversas formas. Pero se les da esa clasificación porque usan elementos, personajes y situaciones tradicionalmente asociados con el cine de terror, (que en estos casos a menudo sirven al humor negro), y suelen tener momentos en los que se busca producir miedo.

La fantasía oscura es un subgénero en el cual los elementos característicos del terror son usados para crear historias en las que el tono primordial no es el horror, aunque tenga ciertas dosis de éste. Por lo general tenderá más bien a la acción o la aventura. Inframundo es un buen ejemplo de esto. Pero también se puede decantar hacia el drama, como Entrevista con el vampiro. Incluso podríamos incluir las historias de superhéroes se construyen con elementos asociados al terror, como Blade o Hellboy.



Claro, en lo fantástico también hay niveles. Una historia puede contener un elemento sobrenatural que se inserta en un ambiente por lo demás normal en el que la existencia de tales fenómenos es conocida por muy pocos y comprendida por casi ninguno. O puede desarrollarse en un mundo en el que la magia y las criaturas fantásticas sean aceptadas con normalidad por todo mundo. Hay varios puntos intermedios.

El terror por lo general se da en el primer escenario, quizá porque es más fácil producir miedo si la historia está anclada en lo familiar y si el elemento sobrenatural es insólito e incomprensible. Mientras, la fantasía oscura tenderá a tener lugar en el segundo escenario, porque la acción y la aventura se dan más fácil así.

No creo que haya una razón por la que un monstruo sea en esencia propio del género fantástico y otro pertenezca más al terror. Tanto un minotauro como un vampiro nos darían miedo si nos los encontráramos en la vida real, pero uno está tradicionalmente más relacionado con la fantasía y el otro con el terror.

¿Será entonces que el terror consiste en la fantasía oscura cuando da miedo? ¿Es la fantasía oscura una historia de terror que no da miedo? No creo. Más bien lo que llamamos fantasía oscura es un subgénero híbrido y variopinto que en cuanto a tema recurre a escenarios y elementos fantásticos que tradicionalmente han sido asociados con el terror, pero que en cuanto al tono, si bien contiene dosis de horror, privilegia emociones propias de otros géneros.



Por otro lado, quedamos en que una película de terror no tiene por qué tener elementos fantásticos ni sobrenaturales. Los asesinos seriales, por ejemplo, son personajes recurrentes en el género. Aunque, claro, todo depende de cómo se maneje.

Si tenemos a un asesino en serie, pero vemos la historia desde el punto de vista de los detectives que están tratando de atraparlo, por lo general tendremos un thriller, como Zodiac. Pero si la vemos desde el punto de vista de los adolescentes foshadores que van cayendo uno a uno víctima del asesino, tenemos una peli de terror, como Halloween. Venga, si lo vemos desde el punto de vista del asesino en serie puede ser hasta un drama o una comedia de humor negro.

Una película como El silencio de los inocentes, que hace énfasis en el horror y no sólo en el suspenso, es algo entre el thriller y la película de terror, y supongo que por eso se encuentra a menudo en las listas de las mejores piezas de este último género, mientras que otras cintas policiacas, no.

¿Y si no da miedo?


Podríamos decir aunque hay ciertos elementos temáticos tradicionalmente asociados al cine de terror, éstos no son ni necesarios ni suficientes para clasificar una película como tal. La cosa dependería del tono, independientemente del tema, al igual que la comedia, el suspenso o el drama. Entonces, una película de terror es cualquiera en la que el miedo, en la forma de horror, prima sobre las demás emociones. Pero esto plantea a su vez varios problemas, que adelanté en la entrada anterior.

Si una película tiene elementos sobrenaturales, pero se fundamenta más en el suspenso que en el horror, ¿es thriller o es de terror? Bueno, si nos apegamos estrictamente a lo que acabamos de establecer, sería un thriller, pero sospecho que la mayoría de las personas la tomaría como una peli de terror.

¿Qué hay de las películas de terror que han dejado de dar miedo porque han pasado los años? No sé ustedes, pero yo veo La Novia de Frankenstein o El Hombre Lobo como obras de fantasía oscura sumamente conmovedoras en las que prima el sentimiento trágico.

También tengo la teoría de que si una historia de terror se prolonga la suficiente termina convirtiéndose en fantasía oscura. Por ejemplo, Drácula, la versión de Coppola (que es la más fiel al libro). Al inicio hace énfasis en el miedo, en el horror. Esto es sobre todo porque tanto para los personajes como para los espectadores, la naturaleza de lo que enfrentan es desconocido. Pero una vez que se acepta la existencia de los vampiros, se sabe cómo combatirlos y nuestros héroes parten en su búsqueda para acabar con ellos, el espíritu de lucha y heroísmo se vuelven más importantes (sin contar con que la peli tiene sus buenas dosis de drama romántico).



Entonces volvemos al problema ¿las clasificaciones dependen de la reacción emocional del receptor? No lo creo. Una comedia que no da risa puede ser considerada una mala película, pero no deja de ser una comedia. Esto es porque aunque no compartamos el sentido del humor, podemos percatarnos de que los mecanismos que los creadores usaron siquiera para intentar darnos risa.

Las pelis de terror tienen la ventaja de que no tienen que darnos miedo para que sigamos disfrutándolas. Pero aunque no nos vayan a causar pesadillas, podemos reconocer que las situaciones son aterradoras y que los personajes están aterrados. Podemos reconocer que ahí están las estrategias para causar los diferentes tipos de miedo haciendo énfasis en el horror. Sobre todo, podemos disfrutar la maestría de los artistas en el uso de estas herramientas a su disposición. El punto no es que la película te provoque miedo a ti personalmente, sino que el miedo haya sido la parte central de su composición.

Lo anterior sólo son mis debrayes tratando de darme una respuesta a algo que me he preguntado por años. Después de todo, eso de clasificar las obras humanas en categorías esencialistas bien podría ser un completo sinsentido. Siempre habrá ejemplos fronterizos, casos especiales, híbridos y cosas inclasificables. Podríamos seguir reflexionando mucho al respecto, pero ultimadamente disfrutamos una obra de arte no por cómo se clasifica, sino por lo que tiene de único y especial, independientemente de en qué caja podemos ponerla.


FIN

Nota: no le puse pie a ninguna de las imágenes porque quiero que ustedes identifiquen a qué peli pertenece cada una ;)

miércoles, 25 de octubre de 2017

¿Qué es una película de terror? (Primera parte)



Introducción

Como todos los años, este octubre me he puesto a ver las pelis de terror que han visto la luz últimamente, y a subir las respectivas reseñas en mi página de feis. Entre que busco recomendaciones en aquellos sitios de Internet que prometen listas de las mejores pelis de miedo de los últimos años, y entre que decido si pongo las reseñas en una de mis carpetas o en la otra, me reencuentro un viejo dilema: ¿qué es lo que hace que una peli sea de terror?

Al ver que algunos títulos que no considero “de terror” aparecían con frecuencia en estas listas (como Black Swan) o que películas que me habían recomendado como “de terror” no me parecieron tales (como Get Out y Grave), regresé a plantearme esa misma duda y a poner a prueba las respuestas tentativas que me daba desde que era un pequeño obsesivo con una compulsión por clasificarlo todo.

No me quiero clavar con la diferencia entre “horror” y “terror”, que hay gente que le quiere dar muchas vueltas al asunto y se dicen cosas como que “uno es como el erotismo y el otro es como la pornografía”, pero ya ni me acuerdo de cuál era cuál, si bien como emociones humanas podemos percibir que no es lo mismo sentirse horrorizado que sentirse aterrado. Por pura comodidad y sin razones teóricas de por medio, en este par de entradas llamaré "terror" al género (ej. "pelis de terror") y "horror" a la reacción emocional.

Al fin y al cabo estamos en una discusión bizantina porque en la realidad, aunque clasificar las cosas puede ser útil para entender el mundo y no hacernos tantas bolas, lo cierto es que siempre habrán casos fronterizos difíciles de delimitar, más aun tratándose de algo tan ambiguo como los géneros cinematográficos. Que son dos, realmente: ficción y documental, y que son los de ficción los que se subdividen en todos esos que conocemos, más para cuestiones mercadológicas que para análisis teórico. Y eso hay algo llamado teoría de los géneros (genre theory, no confundir con teoría de género, o gender theory, que es a lo que le tienen miedo los derechairos), pero neta que no me ha servido de gran cosa.




¿Cuál dirían ustedes que es el elemento fundamental de una película de terror? Quizá podríamos pensar en la emoción que se supone debe producir. Ya desde tiempos del teatro griego se había delimitado que la diferencia fundamental entre los dos géneros, la tragedia y la comedia, radica principalmente en que una busca conmover mientras que la otra pretende hacer reír. Podríamos extender esa diferenciación clásica hacia los géneros contemporáneos en el cine. Así, la aventura pretende estimular nuestro, eh, "espíritu de aventura" (a falta de un mejor nombre, y perdonen por la rebuznancia), la acción algo así como nuestro "espíritu de lucha" (mismo caso) y el cine de terror busca producir miedo.

Aristóteles hablaba de la catarsis, la experiencia del público al contemplar las desgracias que sufren los personajes de una tragedia. El público podía así experimentar la tristeza y otras emociones fuertes, pero seguros de no ser ellos los que corren dichos peligros. De la misma manera, puede reírse de lo ridículo representado en las comedias, sin ser ellos los que se sometan al ridículo. Extrapolando al buen Aris podríamos suponer que el cine de terror nos permite experimentar miedo, una emoción primaria y evolutivamente muy útil, sin correr riesgos innecesarios. Ahora bien, ¿cómo logra el cine de terror causarnos miedo?

La raíz del miedo

Súbanse conmigo al tren del mame de inventar conceptos, por qué diablos no, que al fin hoy en día cualquiera puede volverse teórico en Internet. Así, he decidido clasificar tres tipos de reacciones emocionales (espanto, suspenso y horror) que se generan mediante la combinación de tres tipos de elementos narrativos (audiovisuales, actanciales y argumentales).

Los elementos auditivos y visuales en las películas de terror son de lo más básico y consisten en señalizadores de peligro, imágenes y sonidos que percibimos como amenazantes y activan de inmediato nuestros primitivos sensores de alerta: gritos, aullidos, rugidos, música siniestra o silencio absoluto, sangre, cráneos, cadáveres, objetos afilados, oscuridad y penumbras, etc. Estos elementos pueden formar parte del escenario y así contribuir a la creación de la atmósfera deseada, o conformar el aspecto del monstruo (y los visuales están en el póster de la peli para que el público sepa de qué va).



Con elementos actanciales me refiero a la agencia o personaje que realiza una función dentro de una narración, en el sentido usado por Algirdas Greimas (ni viene al caso invocar a Greimas, pero suena mamalón). En este caso, el actante por excelencia en el género de horror es el monstruo, un ser al cual percibimos como una amenaza que podría matarnos o hacernos daño; puede ser una entidad sobrenatural, un engendro de la ciencia o simplemente un asesino psicópata o un animal salvaje. Lo importante es que el monstruo tiene una relación con los demás personajes como la que tiene un depredador con sus presas.

Visualmente se construye con los señalizadores de peligro: colmillos, garras, ojos grandes y amenazantes (o ausencia de ojos), rostros deformes o casi humanos (o el uso de una máscara o maquillaje), etc. Si estos seres además violan el orden natural del mundo que conocemos, son entes que no deberían existir o tienen poderes que hacen casi imposible defenderse de ellos, el miedo que producen puede ser mayor.

Por último tenemos pos elementos argumentales, es decir, lo que sucede. En nuestras pelis se trata de situaciones de pesadilla: tortura, mutilación, canibalismo, encierro, muerte propia o de seres queridos, estar rodeados de enemigos que se camuflan como personas ordinarias, estar bajo el poder de alguien o algo de lo que no podemos protegernos, ser incapaces de confiar en la propia razón y los sentidos, etc.



Ahora veamos las reacciones emocionales que este tipo de películas pretenden generar mediante la combinación de esos elementos y que son a lo que indistintamente nos referimos cuando decimos que “sí da miedo”. Una sería el sobresalto y es la más fácil y barata. Consiste en atrapar desprevenido al espectador con algo sorpresivo. Un monstruo que salta de pronto frente a la pantalla o un sonido súbito en medio del silencio… Lo importante es ese contraste entre la quietud y un sobresalto inesperado, que es lo que nos espanta.

Claro que el cine ha evolucionado y desarrollado los “falsos sobresaltos”, momentos en los que la cinta nos presenta señales que –como hemos aprendido con los años- anuncian la llegada de un sobresalto y con ello nos ponen alerta sólo para engañarnos después. Desde luego, también hemos aprendido que después de un falso sobresalto por lo general viene un sobresalto verdadero cuando bajamos la guardia.

Otra emoción, más compleja y difícil de lograr, es el suspenso, una forma de tensión o ansiedad que como espectadores experimentamos cuando sabemos o sospechamos que los personajes están en peligro, pero no estamos seguros de lo que va a pasar. Es lo que nos tiene “a la orilla del asiento”. Claro, para que esto funcione, tenemos que interesarnos en los personajes y en lo que les suceda, y pensar que de verdad pueden estar en peligro. En cuanto a que tememos por los personajes, el suspenso es una forma de miedo. Ignorancia sobre la naturaleza de la amenaza o ambigüedad sobre su presencia pueden acentuar el estrés, que en último grado puede convertirse en desesperación o paranoia.




Por último tenemos el horror mismo ante lo que se presenta en pantalla. Nos horroriza lo que vemos; la simple idea de vivir algo así, de enfrentarnos a monstruos o dementes como aquellos, de encontrarnos en escenarios similares, nos parece horrible. Para que funcione, el horror debe presentarse en una situación verosímil (que no es lo mismo que realista, ojo), de forma que nos permita por un momento suspender nuestra incredulidad y sumergirnos en las ilusiones que la ficción plantea. En un grado máximo, que pocas películas logran, esa sensación permanece después de los créditos finales: a nivel irracional y primitivo tememos que cosas como las que acabamos de presenciar nos sucedan de pronto (funciona mejor si estamos pachecos… me han contado).

En el cine de terror, las otras dos emociones tienen que estar relacionadas con el horror. Es decir, el suspenso que se siente cuando nuestro héroe está, digamos, tratando de desactivar una bomba, pertenece al género de acción. En cambio, el suspenso que sentimos cuando un personaje entra en una casa oscura en la que sospechamos que hay algo horroroso, identifica al género de terror. Aquello que nos sobresalta debe ser igualmente horroroso. Puede ser un gato o algo así en algún momento de falso sobresalto, pero después tiene que ser aquello que protagoniza nuestra historia de terror.

A veces también los elementos de una peli de terror pueden generar repugnancia, que es una emoción diferente al miedo (nos lo enseñó Intensamente, que cuenta como paper científico, ¿no?), pero que funciona como una forma de reforzar la inquietud e incomodidad de los espectadores. El empleo de imaginería gore, por ejemplo, o la fealdad de algunos monstruos, apela tanto a nuestro sentido del horror como al de la repugnancia.

Pero, ¿se trata del miedo?

A estas alturas habrán notado que hay varios problemas con toda la chaqueta mental teorización anterior: podrá servirnos para entender cómo una película de terror nos produce miedo, pero no nos sirve para definir ni clasificar cuáles son pelis de terror y cuáles no.

Todos los elementos que mencionamos y todas las reacciones emocionales que describimos podrían bien estar en películas de otros géneros. Una cinta de aventuras por lo general tiene momentos de mucho suspenso en los que los personajes están en peligro y no sabemos qué será de ellos. Una película de guerra, crimen o atrocidades históricas puede presentarnos situaciones de pesadilla. Las historias de fantasía heroica a menudo incluyen monstruos horribles y las de acción pueden mostrar tanta sangre y desmembramiento como una de terror. Vaya, si nos fijamos bien, la trilogía de El Señor de los Anillos tiene todos esos elementos y causa todas esas reacciones emocionales en diferentes momentos y a nadie se le ha ocurrido clasificarla como de terror.



Por otro lado, lo que le da miedo a una persona puede dejar indiferente a otra. Lo que es más, películas de terror han dejado de dar miedo con el paso de los años, como mis adorados clásicos de Universal Pictures de los años 30. De hecho, muchos fans del cine de terror estamos fascinados aunque las películas no nos den miedo. Si una comedia no diera risa, la consideraríamos un fracaso. Pero una película de terror no tiene que dar miedo para ser buena. La Novia de Frankenstein es una de mis películas favoritas de toda la vida: las actuaciones, el diseño de arte, la dirección, el guión son extraordinarios. It Follows me parece una de las mejores películas del género de los últimos años, pero no me dio ni tantito miedo.

Entonces, ¿de qué se trata? ¿Cómo podemos definir el cine de terror y diferenciarlo de géneros hermanos como el thriller? Quizá una comparación de los elementos típicos de unos y otros nos ayude a despejar las dudas. Pero por ahora ya me extendí mucho; dejemos eso para la próxima entrada. ¡Nos vemos!

CONTINUARÁ

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