jueves, 11 de enero de 2018

Misandria, heterofobia y racismo a la inversa

Cabe la aclaración de que con este texto no pretendo pontificar, sino exponer, poner a consideración o cuando mucho persuadir de mis reflexiones personales.



La misandria sería una forma de discriminación y desprecio contra los hombres. Racismo “a la inversa”[1] sería el odio y prejuicio contra los blancos. Y así por el estilo. Yendo directo al grano, ¿existen esas formas de discriminación? Eso depende de lo que quieran decir con esas palabrejas.

Si por ellas nos referimos a sistemas de opresión, entonces la respuesta en un absoluto NO. Si lo planteamos como actitudes despectivas, entonces podemos decir que SÍ. Éste es uno de esos asuntos en los que la cosa es más compleja de lo que parece a primera vista.

No existen en el mundo actual ejemplos de opresión sistémica contra hombres, personas blancas o heterosexuales, ni me parece razonable pensar que alguna vez los habrá. El racismo, el sexismo y la homofobia son mucho más que actitudes personales de gente ignorante o culera; son sistemas de opresión que se manifiestan en diversos aspectos de la vida social, incluyendo las leyes, las costumbres, los valores, las jerarquías de facto, la distribución de la riqueza, el acceso a las oportunidades, la vulnerabilidad ante la violencia, la cultura mediática, el lenguaje, etcétera.

Por otro lado, sí es posible encontrar ejemplos de actitudes despectivas por parte de algunos individuos o grupos: prejuicio, desdén o de plano odio contra hombres, blancos o heterosexuales. Si le escarban un poco, podrán encontrar ejemplos de feministas extremas que consideran a los hombres como seres inferiores y malvados sin remedio, o activistas afroamericanos que piensan que personas negras que se emparejan con blancas son traidoras a la raza, y cosas por el estilo.

Tratándose de un asunto muy delicado, hay que proceder con cautela y aclarar ciertos puntos. Empezando por el más importante:

Las actitudes despectivas y la opresión sistémica no son equivalentes



En uno de mis constantes debates en los internetz, tratando de hacer que un vato entendiera lo que significa el concepto de “interseccionalidad”, le planteé el siguiente punto: ¿dirías que existe en la sociedad estadounidense un racismo generalizado?[2]

Su respuesta, que le era imposible evitar siendo honesto, era que sí, en efecto existe… Pero (tenía que haber un “pero”) que si te vas a un barrio negro podrás ver cómo ahí discriminan a los blancos.

Ahora bien, eso es probablemente cierto. El error (o la maña) consiste en plantear esas dos situaciones como si fueran equivalentes, o peor, como si una anulara la otra. Bien puede ser que una persona de raza negra sienta rencor y desprecio contra los blancos. Puede ser que esas actitudes sean compartidas por algunos de sus vecinos y conocidos. Pero estas personas carecen del poder para hacer que sus sentires tengan mucha consecuencia. No pueden hacer leyes, no pueden cabildear en los congresos, no dictan los contenidos de los medios de comunicación. No tienen ni siquiera los números, la organización o la influencia para convertir su sentir en actitudes generalizadas. Simplemente, no están en posiciones de poder. Si acaso, ejercerán esas actitudes despectivas en contextos muy reducidos en alcance y proporción. Después de todo, estamos hablando de comunidades marginadas, en oposición a naciones enteras.

En una ocasión, una gringa blanca (y libertariana, para más inri) me dijo que a ella, cuando estudió en México, profesores y alumnos habían sido despectivos sólo por ser güera. Le creo: los mexicanos tenemos un trauma de rencor contra “los pinches gringos”. Estuvo muy mal que la trataran así. Pero me lo dijo porque estábamos discutiendo acerca del racismo de Trump y sus seguidores. Sacó a colación su experiencia para poder decir “también hay racismo contra nosotros los blancos”. Tu quoque.

Aquí está otro punto importante: las personas que plantean que la “discriminación inversa” también existe, rara vez lo hacen porque les preocupe la situación. Lo que pretenden es hacer de cuenta que racismo contra negros y racismo contra blancos son equivalentes y minimizar el primer problema, como diciendo “las cosas están parejas, así que no se quejen”. Es como cuando ante cualquier tema feminista, alguien sale con “los hombres también tienen problemas”, pero sin la menor intención de tratar los asuntos de los hombres, sino solamente de hacer que se callen las feministas y dejen de plantear cuestionamientos incómodos.

Con esta actitud deshonesta, conscientemente o no, muchas veces lo que pretenden es proteger su zona de confort intelectual para no tener que discutir un asunto espinoso que implica cuestionar su responsabilidad moral para desmantelar el sexismo, el racismo y la homofobia. A veces, de plano se trata simplemente de disimular o justificar sus propias actitudes discriminatorias, y detrás de todo el rollo, lo que quieren decir es “sí, soy racista/misógino/homófobo, pero los del otro lado también me odian y me quieren oprimir, así que tengo derecho a serlo”.

“No eres tú, es tu tribu”



No hace mucho salió la noticia de un hombre que había sufrido meses de acoso por parte de una stalkeadora loca, tipo Atracción fatal. La reacción predecible de muchos antifeministas no se hizo esperar: “Ya lo ven, los hombres también sufrimos”. Es decir, la actitud clásica de la que hablábamos en el apartado anterior.

Pero también hubo algunas mujeres que se rieron del caso con comentarios del estilo “jajajaja, lágrimas de onvre; a nosotras nos matan, violan y demás, y tenemos que compadecernos de este pobre onvre”.

Es aquí donde vemos la actitud negativa opuesta. Dado que, a nivel global, la violencia de hombres hacia mujeres no sólo es inconmesurablemente mayor en números, sino que además es facilitada por el orden social en el que vivimos, lo que pueda sufrir un hombre a manos de una mujer es indigno de compasión.

Los seres humanos tenemos el pensamiento tribal muy enraizado en nuestra psique. Sin pretenderlo, juzgamos moralmente lo que hacen las personas en función de la “tribu” a la que pertenecen, en vez de juzgarlos como en individuos en situaciones concretas. Si lo hace alguien de “mi tribu” es menos malo (incluso defendible); si lo hace el de “la tribu enemiga” es un crimen. De hecho, en el pensamiento tribal se fundamentan el racismo y la xenofobia.

Cuando ocurre un atentado terrorista en Europa y alguien dice “bueno, pero los europeos han jodido al tercer mundo”, como para justificar o minimizar el crimen, no están considerando como individuos a las personas que pierden la vida, sino miembros de una “tribu” que comparten la culpa de ésta y por tanto merecen su mismo castigo. Es la misma estructura de pensamiento detrás de la islamofobia y es igualmente inmoral.



El sumarnos a las causas más nobles y justas no nos libera en automático de los sesgos cognitivos más comunes, y las personas que se encuentran activa y enérgicamente en contra de las diversas formas de opresión sistémica no se salvan de caer en el pensamiento tribal. Así, surge una máxima, explícita o implícita, a la hora de juzgar los actos de los demás: si lo hace alguien de un grupo históricamente oprimido contra alguien de un grupo históricamente privilegiado, entonces no está tan mal (incluso puede ser que esté bien).

Veamos un par casos, extremos entre los extremos. En su autobiografía Soul on Ice, el miembro de las Panteras Negras Eldridge Cleaver admitió haber violado mujeres blancas como un acto político, una venganza por todas las mujeres negras que los blancos habían violado a lo largo de siglos. Contrario a lo que nos dicen los blancos supremacistas, el dato es correcto: históricamente la violación de hombres blancos contra mujeres negras ha sido mucho mayor [aquí, aquí y aquí]. Pero, ¿quién podría ser tan mierdas para justificar las acciones de Cleaver? ¿Quién diría a esas mujeres violadas que no la hagan de pedo porque las mujeres negras han sufrido más? Pero esta actitud no es representativa de los movimientos por los derechos de los afroamericanos. Martin Luther King e incluso el más radical Malcolm X denunciaron esas actitudes como racistas (con esa palabra) y hasta el mismo Cleaver reconoció después que lo que hizo fue inhumano[3].

Miren a Valerie Solanas, quien sostenía que los hombres son inferiores biológicamente a las mujeres, que el sexo heterosexual era para mujeres débiles y que llevar a cabo un genocidio de hombres no vendría mal. Además intentó asesinar a Andy Warhol y a otros dos hombres. ¿No llamaríamos “misandria” a esa actitud? ¿No sería aterrador si muchas personas la compartieran? Por fortuna, no es así. Hasta las feministas radicales (vaya, hasta Dworkin) rechazaban las posturas de Solanas. La cual por cierto, fue diagnosticada con esquizofrenia paranoide, así que sus rollos eran más psiquiátricos que ideológicos.



Estos casos son extremos, representan actitudes marginales y no es razonable pensar que llegarán a ser algo más que eso. Pero tampoco por eso se vuelven menos atroces. Es difícil, pero importante, aprender a mantener un equilibrio entre las dimensiones social e individual de la vida humana. En lo social: la opresión sistémica del sexismo, el racismo y la homofobia son incomparablemente más graves que las actitudes despectivas que algunas personas puedan tener hacia los grupos sistémicamente privilegiados. En lo individual: la violencia que sufra una persona a manos de otra no es por ello menos condenable.

Debemos tener mucho cuidado aquí, porque muchas veces quien dice “yo estoy en contra de la violencia, venga de donde venga”, en realidad lo que pretende es minimizar la violencia que es resultado y expresión de la opresión sistémica, y ultimadamente sin mover un dedo contra esa violencia genérica a la que supuestamente se opone.  

Por supuesto, el contexto es importante para juzgar las acciones de una persona y decir “toda violencia es mala” como un machote universalmente aplicable sin modificaciones no es viable. ¿Se trata de un acto de autodefensa? ¿Fue una agresión injustificada? ¿Estuvo motivada por el odio o desprecio hacia un grupo? ¿Esta persona tuvo que hacerse justicia por mano propia porque no tuvo de otra? Pero hay un principio del cual no debemos retroceder: una persona no tiene por qué cargar con las culpas de su “tribu”.

Uno de los pasos más importantes en la lucha histórica contra las diferentes formas de discriminación fue reconocer la necesidad de valorar a las personas por sus méritos individuales y no por las tribus a la que se percibe que pertenecen. Es una máxima para aplicarse en todas las direcciones.

Si se da el caso en que una persona perteneciente a un grupo oprimido comete un acto de violencia o muestra actitudes discriminatorias contra una persona de un grupo privilegiado, se debe tomar en cuenta el contexto y la situación, pero no se puede concluir de buenas a primeras, sin que medie el análisis y la reflexión, que la primera tiene la razón, o que el sufrimiento de la segunda no es importante o digno de empatía.

Agredir, humillar o excluir a una persona, y luego justificar ese acto, no en las acciones de la misma, sino en que pertenece a un grupo privilegiado, sería un injusticia que merecería ser denunciada y criticada. Invocar el sufrimiento del grupo oprimido no sería sino sofisma.

Eliminando prejuicios



De la misma manera, una opinión prejuiciosa y discriminatoria es injusta e irracional, y merece ser denunciada y criticada. Actitudes despectivas y prejuicios contra grupos humanos pueden existir en cada uno de nosotros, independientemente de si esos grupos han sido privilegiados y oprimidos.

El problema es que frases como “la misandria no existe” o “el racismo contra los blancos no existe” se han vuelto lugares comunes y el resultado es que se pierde la voluntad de superar los propios prejuicios. Como la misandria no existe (que incluso es imposible, inconcebible), decir que todos los hombres son una mierda no puede ser misandria, y entonces es una afirmación irreprochable.

Veamos unos ejemplos por demás banales. Pienso que la burla y escarnio contra el opresor es válida (y necesaria), pero en cuanto a que es opresor. Creo que está bien reírse del neonazi que después de dárselas de muy macho apareció lloriqueando en un video cuando supo que lo buscaba la policía. Como está bien apuntar con sorna que Steve Bannon es un viejo gordo y feo, compararlo con un magnífico ejemplar de hombre afroamericano y rematar con ironía recordándonos que el primero se cree racialmente superior al segundo.

Donde no veo justicia es en burlarse de hombres que han sido violentados por sus parejas, que fueron rechazados por su crush, o tienen penes pequeños (o alguna otra característica que los haga sexualmente “inadecuados”). Tendría sentido si se supiera que estos tipos son abusadores o misóginos notorios, pero asumir que merecen el escarnio sólo por ser hombres no me parece congruente.

No lo traigo a colación porque considere una injusticia terrible ni un asunto muy importante la burla hacia alguien que probablemente ni siquiera se entere de que está siendo objeto de tal. Es que me saca mucho de onda cuando viene de personas que censuraran el humor sexista o el body-shaming, y que cuando les pregunto qué pedo, responden recordando las formas horrorosas en las que los hombres (aunque no sean esos hombres) tratan a las mujeres y pontificando que “la misandria no existe”.

Es decir, me preocupa la incongruencia y falta de honestidad intelectual por parte de quien quiere racionalizar su mala onda gratuita. Es que aunque el objeto de una actitud prejuiciosa no llegue a convertirse en víctima, o siquiera a estar enterado, el prejuicio en sí es irracional e incompatible con un ideal de justicia para todos los seres humanos.

Los prejuicios y el pensamiento tribal siempre son obstáculos para el pensamiento crítico. Quizá los nuestros no lleguen a convertirse en actos injustos, pero creo que una persona lúcida debería hacer el intento por eliminarlos de su mente.  Nadie puede ser perfectamente congruente, nadie puede evitar todo el tiempo caer en sesgos y falacias, pero en yo creo en la responsabilidad de por lo menos intentar serlo; que la honestidad intelectual exige que, al ser confrontados con nuestras incongruencias, las reconozcamos.

La resistencia no es discriminación



Dicho todo lo anterior, aclaremos unas cosas. No solamente los casos de actitudes discriminatorias contra personas de grupos privilegiados son, tomados globalmente y en conjunto,  incomparablemente menores, casi ínfimos, con lo que sucede la inversa. No solamente los que invocan esos casos las más de las veces tienen la intención maliciosa de ningunear la inconmesurablemente más grave opresión sistémica. Es que además, con demasiada frecuencia, los que hablan de misandria, heterofobia o racismo a la inversa en realidad están atacando acciones, propuestas o posturas de legítima defensa y lucha contra la opresión sistemática existente.

De forma menos extrema y obvia, pero en el mismo espíritu de los supremacistas que dicen “anti-racismo es código para anti-blanco” o que “la diversidad es el disfraz del genocidio contra los blancos”  hay quien grita “¡heterofobia!” al reconocimiento de los derechos de las personas LGTB, quien llama “¡misandria!” a las denuncias contra esta sociedad misógina.

Una vez compartí un texto llamado “Mara: Todos los hombres son malos”. Un vato enseguida saltó a gritar “¡misandria!”, y desde entonces, cada que me topo con él en las redes, no pierde la oportunidad de recordar cómo el “feminismo de hoy” se dedica a difundir la misandria, usando ese artículo para que todo el mundo lo vea.

Lo que intenté explicarle es lo que les digo a continuación: si leen detenidamente el texto verán que no va contra los hombres como personas individuales, ni dice que todos seamos esencial e inevitablemente malvados; va en contra de la construcción cultural de lo masculino en nuestra sociedad, que lleva a nos hombres a reproducir conductas violentas y dominantes. El texto nos urge a los hombres a deconstruir esas nociones. Pueden estar de acuerdo o no, pero ¿cómo va a ser eso “difundir la misandria”?



Tampoco es misandria la creación de espacios exclusivos para mujeres: se trata de facilitarles lugares seguros en una sociedad en la que la violencia de género está en todas partes. No todos los hombres son asesinos, violadores o acosadores, obvio. Pero dadas las estadísticas, es perfectablemente razonable para una mujer minimizar los momentos en los que está vulnerable, y esos espacios son una opción.

No es misandria ni racismo a la inversa la política de cuotas de género o de raza. Se trata de compensar las desigualdades existentes, de no tener que depender de que los empleadores sean perfectamente ciegos a género y raza, y que de verdad sólo vean el mérito, en una sociedad en la que los prejuicios están arraigados en la cultura y las oportunidades no están al alcance de todos. A lo mejor podemos debatir si estas medidas resultan eficientes o no, pero es estúpido decir que se basan en la discriminación.

No es heterofobia decirle al homofóbico que está siendo homofóbico. No es discriminación decirle al que suelta mierda racista que es un racista de mierda. En fin, no podemos en este espacio detenernos a revisar cada medida, estrategia o acción llevada a cabo en nombre de la lucha contra la opresión. Pero podemos irnos con esta reflexión: Paren de mamar con eso de llamar discriminación a algo nomás porque  incomoda al que se encuentra privilegiado en un sistema de opresión.




[1] O sea, contra los blancos, porque el racismo de los blancos contra todos los demás es “el normal” #Sarcasmo.
[2] Usé el ejemplo gringo, porque nos tienen muy acostumbrados a entender racismo como un fenómeno blanco vs. negros y hacer entender el fenómeno del racismo de hispanos vs. indígenas en México y América Latina es harto difícil, además de que tiene características propias.
[3] Tengan en cuenta que Cleaver también violó mujeres negras antes de eso, así que su retórica de “retribución” era puro choro para justificar que era un misógino de mierda. También homofóbico, por cierto. Y terminó uniéndose al Partido Republicano y apoyando a Reagan. En fin, que una maravillosa persona no era.

viernes, 5 de enero de 2018

Los mejores libros que leí en 2017



Aunque 2017 fue una mejora con respecto al funesto 2016, lo cierto es que nunca me había sentido tan jodido emocional y físicamente al mismo tiempo. Digo, que el año pasado mi devastación emocional era más profunda, pero por lo menos estaba bien de salud y en buena forma. Ahora ando un poco más estable de mi de por sí neurótica psique, pero todo herido, maltratado, fláccido e infecto de mi cuerpo bienamado. ¿Por qué este lloriqueo? Ah bueno, pues para que entiendan por qué en cuanto a lecturas este año no fue precisamente de los mejores.

La falta de tiempo, coco y estado de ánimo hizo que en el '17 leyera menos libros que en cualquier otro año desde que me puse a leer en serio por allá en 2005. También influyó en mi selección. Con ánimos de pasarla bien me dediqué mucho a la literatura pop y de género (genre, no gender). Así que nada de grandes obras de la literatura occidental, como el año pasado.

En cambio, entre mis libros de no ficción me eché dos títulos enormes, tanto en tamaño como en calidad. En general, lo mejor de mis lecturas de este año fueron de no ficción. Esto no significa que venga a recomendarles pura patraña en la sección de narrativa; es sólo que leí menos libros buenos, y los que leí no fueron tan buenos (el primer lugar de esta lista no es tan bueno como el cuarto lugar del año pasado). Pero eso no quita que sean libros entre buenazos y excelentes, clásicos por mérito propio o descubrimientos afortunados, obras edificantes que ofrecen lo mismo aventuras, maravillas y misterio que reflexiones profundas.

Bueno, basta de rollos, leamos:

Ficción narrativa:


THE DARK LORD TRILOGY de James Luceno y Matthew Stover (2005) Para celebrar los 40 años de mi saga cinematográfica favorita, decidí aventarme una de las obras literarias más aclamadas y populares del Universo Expandido. La Trilogía del Señor Oscuro está formada por las novelas "Labyrinth of Evil", "Revenge of the Sith" y "Dark Lord: The Rise of Darth Vader". Juntas forman un volumen de más de 1000 páginas que relatan la transformación de Anakin Skywalker en Darth Vader, en el contexto de la caída de la República y los primeros días del Imperio. Si algo no me gustó de las primeras dos novelas es el manejo de Padmé como personaje: construida en función a su relación con Anakin y todo el libro se la pasa llorando y suspirando por él como protagonista de novela rosa decimononica. Es terrible. En cambio, lo mejor logrado es la amistad, o mejor dicho el bromance, entre Anakin y Obi-Wan. Cada momento en que están juntos es entrañable, divertido o conmovedor. Hablando de lo cual, debo hacer una confesión: mientras leía "Revenge" me encontré llorando a lágrima suelta en más de una ocasión. Sí, una novela de Star Wars me hizo llorar.

LOS VIAJEROS: 25 AÑOS DE CIENCIA FICCIÓN MEXICANA de varios autores (2010) Esta antología del escritor, ilustrador y comiquero Bernardo Fernández, alias Bef, reúne trabajos de algunos de los autores mexicanos más destacados que han hecho carrera en el género. Normalmente, cuando reseño antologías de cuentos, me gusta señalar unos cuantos que considero los mejores. Me es muy difícil aquí: todos ellos son muy buenos. Los estilos y los temas son muy variados también. n muchos permea esa tendencia que tenemos los mexicanos a esocger entre dos caminos: la farsa y la sordidez. Algunos de ellos son feroces sátiras sociales, mientras otros son distopías aterradoras. Otros más cuentan melancólicas historias personales. Algunos relatos siguen la tradición anglosajona; otros tienen ecos borgianos o cortazarianos; pero todos tienen un sabor inconfundiblemente mexicano. Aprendí que la literatura de CF mexicana es más vasta, rica y de mejor calidad de lo que había imaginado.

CUENTOS ESCOGIDOS de François-Marie Arouet “Voltaire” (Siglo XVIII) Un terrible terremoto destruye Lisboa. Los inquisidores portugueses saben lo que tiene que hacerse: quemar a un par judíos para aplacar la ira de Dios. Es uno de los episodios más crueles y a la vez más divertidos de “Cándido”, uno de los relatos contenidos en este volumen. Se trata de una colección de textos narrativos de uno de los más agudos satíricos que nos dio la Ilustración. El gran Voltaire, feroz crítico de la sociedad de su tiempo, brillante divulgador y polemista, defensor de la razón y la ciencia, enemigo del fanatismo y la tiranía, nos presenta sus cuentos filosóficos, en los que usa historias varias para exponer sus ideas. Todos ellos son fábulas; Voltaire utiliza situaciones fantásticas y escenarios exóticos para exponer sus ideas filosóficas. El absurdo de un mundo dominado por el fanatismo y la crueldad, pero sobre todo, el azar y el caos, nos presenta una distopía incompatible con toda la corriente de “pensamiento positivo” que sigue siendo consuelo de los tontos en nuestros días. La necesidad de la ciencia y la filosofía para reformar a los pueblos y sacarlos de la barbarie es una constante. La hipocresía del clero y la fatuidad de los pseudointelectuales es otra. Una más es la ausencia de relación entre la virtud personal y la buena fortuna. También se insiste en la necesidad de un trabajo útil y honesto que fortalezca el espíritu del hombre.

EL CEMENTERIO DE PRAGA Umberto Eco (2010) Simone Simonini es un misántropo de lo peor, además de misógino, racista y, sobre todo, antisemita. Ha hecho carrera como falsificador profesional e informante de los servicios secretos de inteligencia (ya sean italianos, franceses o rusos). Su especialidad: fabricar conspiraciones que permitan a personajes interesados deshacerse de sus enemigos políticos. Su obra maestra: los “Protocolos de los sabios de Sión”. Es una novela sumamente erudita y totalmente intelectual; como collage de eventos históricos y retrato de aspectos poco conocidos de la cultura decimonónica (en especial todo lo relacionado con el ocultismo, las sociedades secretas y las conspiraciones) es fascinante.Pero como narración le hace falta emociones, suspenso, un conflicto que mantenga el interés, personajes a los cuales odiar o echar porras. Sin embargo, este libro me pareció sumamente relevante para leer en estos tiempos de posverdades y odios crecientes. La falsedad y las teorías de la conspiración son el centro de su trama, y en particular el antisemitismo y la redacción de los “Protocolos”. El lector contemporáneo no podrá dejar de notar las similitudes entre ese ambiente intelectual y el contemporáneo, en el que proliferan los sitios web dedicados difundir mentiras para complacer los prejuicios de los fanáticos e intolerantes. Nos permite apreciar el poder de la mentira, que se reproduce como virus en la sociedad, la envenena y la corrompe. 


IT de Stephen King (1986) La más conocida del amo contemporáneo del género es una mezcla de maestría literaria y estética pulp, de muestras de absoluta genialidad y de pintorescas tonterías. ¿Qué es lo genial? La estructura narrativa, el manejo del tiempo, en que se intercalan en pasado y presente con precisión muy bien calculada, y se entretejen a lo largo de los capítulos, hasta que uno y otro se fusionan en el mismo plano narrativo.  Lo mejor, no me queda duda, es el retrato que King hace de la infancia y de sus poderes. El poder de las amistades más auténticas y sinceras que se conocen en la vida. El poder de la creencia pura que sólo se da en esos años. Por eso sólo los niños pueden enfrentarse al monstruo. King, por cierto, demuestra aquí ser un excelente narrador no sólo para episodios siniestros, sino también para los violentos. Tiene un talento impresionante para describir luchas y persecuciones; se sienten físicamente, como si uno estuviera ahí. Por otro lado, están las partes bobas de la novela. La razón por la que no me dio miedo es que pedía demasiado de mi suspensión de la incredulidad. Algunos pasajes en verdad siniestros me fueron arruinados porque King iba demasiado lejos. Pero la balanza se inclina, por mucho, hacia el lado positivo. La novela más célebre de Stephen King merece la fama que tiene. Es un clásico, y una gran obra literaria. Quizá la novela de Eco está mejor escrita, pero así como It está llena de torpezas narrativas de las que El cementerio de Praga carece, también está llena de originalidad, imaginación e intensidad emocional que se extrañan en nuestro segundo lugar de esta lista, y por eso doy a King el primer puesto del año.


Como decía, los mejores libros de este año fueron los de no ficción, y por eso dejo el Top 5 correspondiente al final, al revés de lo que solía hacer en otros años. Esta vez les dejo una buena selección de libros de aquéllos que te sacuden el cerebro y te obligan a repensar las cosas.

No ficción:


SENTIRSE BIEN de David D. Burns (1980) Burns es un galardonado y celebre psiquiatra de la Universidad de Pensilvania, cuyo trabajo ha sido principalmente con la Terapia Congnitiva Conductual de su colega y mentor Aaron T. Beck.  Este libro constituye un apoyo para los pacientes de depresión o sus familiares y seres queridos. La idea es usarlo como acompañamiento a la psicoterapia o la terapia con fármacos (y NO un sustituto para ninguna de la dos), dado que los pacientes no pueden visitar al psiquiatra a diario, o siquiera todas las semanas. Como racionalista me atrajo uno de los elementos centrales de la TCC: el pensamiento claro. Muchas de nuestras emociones negativas son el resultado de procesos de pensamientos irracionales y autodestructivos. El libro ofrece formas de identificar estas ideas, analizarlas y contrarrestarlas con reflexiones racionales y claras. Tema por tema, Burns aborda los distintos problemas que pueden llevar a una persona a la depresión: la baja autoestima, la irritabilidad crónica, el perfeccionismo, el sentimiento de culpa, la procrastinación, la adicción a la aprobación de los otros o la necesidad patológica de las muestras constantes de afecto.

THE STORYTELLING ANIMAL de Jonathan Gottschall (2012) Los humanos contamos historias. Es lo que hacemos. Es como le damos sentido al mundo. En pocas páginas Gottschall nos introduce en una gran variedad de temas. No sólo se trata de literatura narrativa, como pensé al principio, sino que expone los rasgos psicológicos universales que hacen de toda nuestra especie una adicta a las historias. ¿Cómo funciona nuestro aparato mental cuentacuentos? ¿Por qué la evolución favoreció que lo desarrolláramos? Las historias no sólo están en la ficción narrativa; están en nuestros sueños (cuyo eje es, como en el de toda historia, el conflicto), en los mitos de nuestras religiones, en nuestros juegos infantiles, en nuestras interpretaciones del mundo, en nuestra imagen de nosotros mismos. Las narraciones tienen el poder de transmitir mensajes y enseñanzas que la prosa expositiva está lejos de poseer. Las personas habituadas a leer ficción literaria suelen ser más empáticas que las que no. Las ficciones moldean nuestra visión del mundo y nuestros valores, y tienen el poder de transformar sociedades enteras, para bien o para mal.

EL HÉROE DE LAS MIL CARAS de Joseph Campbell (1949) Para culminar el cuadragésimo aniversario de 'Star Wars' me quise leer la obra clásica que George Lucas siempre había citado como una de sus principales fuentes de inspiración. ¿Y saben qué? Se nota. Este seminal trabajo, análisis de las diferentes mitologías del mundo, es una muestra de cómo los diferentes motivos se repiten una y otra vez; de cómo las dos grandes narrativas, el viaje del héroe y la cosmogonía, tienen los mismos momentos recurrentes. Aunque creo que el enfoque psicoanalítico de Campbell está más que superado, me encantó su perspectiva universalista. Nos contamos las mismas historias en todas las épocas porque la humanidad es una misma. En tiempos de divisiones causadas por el esencialismo cultural que plantean los extremos ideológicos de ambos lados, que quieren imponer un dogma de ininteligibilidad de la experiencia y la cosmovisión, esa perspectiva que hermana a la humanidad en sus anhelos, sueños y temores, es valiolísima y debe ser rescatada. Naturalmente, como geek que soy, todo el tiempo tuve en mente la cultura pop, esa gran mitología moderna, y me divertí al encontrar en estos análisis la receta no sólo de la Trilogía Original, sino de otras obras como 'El Señor de los Anillos' la saga de Harry Potter o los cómics de superhéroes.

HISTORIA DE LA TEORÍA POLÍTICA de George H. Sabine y Thomas Landon Thorson (1973) El ser humano es un animal social por naturaleza, pero es en cuanto aplica la reflexión consciente y racional a sus problemas de organización social que nace la teoría política. El libro se divide en tres grandes bloques: la ciudad-estado, la comunicad universal y el estado nacional. Sabine nos lleva de la mano por la historia del pensamiento político en Occidente, empezando por supuesto en la ciudad-estado griega, de la que explica su organización e instituciones de forma que podamos comprender las filosofías de Platón y Aristóteles. Luego viene el Imperio Romano y la Europa cristiana medieval, para finalizar en los últimos 500, años desde el Renacimiento hasta la fecha. Éste es uno de esos libros, chonchos y sesudos, que leerlos de cabo a rabo es como tomar un curso intensivo de un tema. Uno aprende, y mucho. Conocí a algunos pensadores de los que no sabía casi nada y que me llamaron la atención de inmediato, como Marsilio de Padua y James Harrington. Comprendí mejor el concepto del iusnaturalismo y cómo la filosofía de David Hume contribuyó a su derrumbamiento. Aprendí que la Edad Media fue más “democrática” que la Modernidad, que los pensadores de la Ilustración fueron menos originales que los del siglo XVII, que muy interesantes antecedentes del comunismo pueden hallarse en la Revolución Inglesa, que la teoría del contrato social antecede por mucho a la filosofía del Siglo de las Luces, y que las críticas de John Stuart Mill y Thomas Hill Green al capitalismo liberal siguen siendo vigentes. Los capítulos que me parecieron más interesantes son los últimos cinco, dedicados dos de ellos al liberalismo, dos más al comunismo y un último al fascismo. Me parece que es fundamental hoy en día entender en qué consisten estas ideologías como sistemas de pensamiento, de dónde vienen, cuáles son sus contradicciones y sus limitaciones, y hasta dónde pueden llevarnos.


LOS ORÍGENES DEL TOTALITARISMO de Hannah Arendt (1951) Sin duda el mejor libro que leí este año, y uno de los más apasionantes libros de historia o pensamiento político que he leído jamás. Le dediqué ya dos entradas en este blog (aquí y aquí). Va sólo una reseña rápida. Esta obra monumental está dividida en tres partes: Antisemitismo, Imperialismo y Totalitarismo. En las dos primeras presenta los antecedentes sociales, culturales e ideológicos que derivaron en el totalitarismo, y en la última expone cómo los movimientos extremistas llegaron al poder y cuál es su naturaleza y su funcionamiento. La importancia del imperialismo en el desarrollo de las ideologías totalitarias es múltiple. Por un lado, la experiencia imperialista creó por vez primera una política global y el ideal de la expansión por la expansión misma demostró que es posible para una entidad seguir extendiéndose sobre otras de forma prácticamente ilimitada. Es aquí en donde se desarrollan las primeras doctrinas racistas, como una forma de justificar la dominación de los europeos sobre los pueblos del mundo. En pasajes que recuerdan de forma aterradora lo que estamos viendo suceder actualmente en el mundo, Arendt advierte del uso que los movimientos totalitarios dieron a la propaganda, en especial a las teorías conspirativas; del descaro y la desvergüenza de los líderes totalitarios para cambiar constantemente su discurso, pretendiendo cambiar así la realidad; de la ceguera de las élites que pensaron que podrían mantener bajo su control a los nuevos dictadores para asegurar su propio beneficio; de la extraña alianza entre las élites y la turba para aplastar a los elementos moderados de la sociedad; de la ingenuidad de los gobiernos no totalitarios que, incapaces de comprender la lógica de estos regímenes, creyeron ver en ellos déspotas con los que se podría negociar con base en los principios de pragmatismo e interés propio; y finalmente, de los campos de la muerte, tanto nazis como estalinistas, en los que se buscaba no sólo apagar vidas humanas, sino la totalidad destrucción de lo mismo que nos hace humanos.


¿Qué hay de ustedes, mis queridos camaradas? ¿Han leído alguno de esta lista? ¿Qué libros buenos leyeron el año que terminó? ¿Qué proyectos lectores tienen para el 2017? Espero sus comentarios. ¡Nos leemos!

domingo, 31 de diciembre de 2017

Los últimos Jedi



Fui a ver Los últimos Jedi la misma noche en la que se estrenó. No había hecho una reseña porque quería verla una segunda vez; desafortunadamente no he podido. En el ínter, he estado reflexionando y reflexionando sobre lo que vi en las pantallas de cine esa media noche. He estado leyendo muchas reseñas, críticas y análisis de la película, tanto de los que la amaron como de los que la odiaron. Como quería que ésta fuera mi último texto del 2017, aquí lo tienen. Empecemos por establecer ciertos puntos…

SPOILERS ARE THE PATH TO THE DARK SIDE
SPOILERS LEAD TO ANGER
ANGER LEADS TO HATE
HATE LEADS TO THE ALT-RIGHT


No me gusta la base de la Nueva Trilogía



No es que no esté de acuerdo con la idea de una nueva serie de aventuras, es que no me gusta el enfoque que desde un inicio le han dado a ésta. La Trilogía de Precuelas narra la caída de una República y su transformación en un Imperio. La Trilogía Original narra el triunfo de una Rebelión contra ese Imperio. En seis películas tenemos una historia redondita (dejando de lado los agujeros argumentales de las precuelas).

Detalles más o menos, el Episodio IV inicia en un mundo creado por los hechos del Episodio III. El Episodio VII no inicia en el mundo creado por lo que sucedió en el Episodio VI. La Nueva Trilogía es retroceso, un reset a una situación demasiado parecida a la de la Trilogía Original. Lo peor, ni siquiera nos dicen cómo se llegó a esta situación. Para eso hay que leer las nuevas novelas y cómics (que obviamente voy a terminar haciendo, tal es mi nivel de ñoñez).

El conflicto es esencialmente el mismo: una banda de rebeldes oponiéndose a una tiranía fascista. Digan lo que digan de las precuelas, en cada una de ellas se esforzaron por mostrarnos situaciones diferentes, incluso cuando hacían paralelismos con la Trilogía Original. La Guerra de los Clones era un conflicto de escala y motivos muy diferentes a los de la Rebelión; las fuerzas beligerantes, la República y la Confederación, eran muy distintas a la Alianza Rebelde o al Imperio. En cambio, la lucha entre la Resistencia y la Primera Orden es prácticamente idéntica a lo que ya vimos en los Episodios IV-VI. Hasta con los mismos uniformes. X-wings y TIE Fighters otra vez. ¡Otra Estrella de la Muerte! Es insultante.



Lo más ofensivo es lo que hicieron con nuestros héroes, con Han y Luke. Leía sigue conservando su dignidad y fortaleza (y la amamos por eso), pero quieren hacernos creer que, estos personajes a los que vimos crecer de un cínico egoísta y un mocoso remilgón a un líder guerrero y un maestro Jedi, ante un fracaso se retirarán del mundo y dejarán a aliados, amigos y familiares solos. Y no, no es que quiera que mis héroes sean infalibles; claro que espero verlos fallar, ser derrotados y luego levantarse para superar las dificultades. Pero tampoco quiero que sean un completo fracaso.

La situación en la que inicia la Nueva Trilogía hace de la victoria de El Regreso del Jedi algo poco menos que insignificante. Sidious y Vader han muerto, pero ¿qué más da? Hay un nuevo Emperador siniestro y deforme; hay un nuevo Caballero Negro que ejecuta sus mandatos. Hay hasta nuevos Stormtroopers.

Las secuelas deben expandir una historia, no repetirla. Yo pienso que la Nueva Trilogía debió tomar a nuestros héroes, con los logros que ya habían conseguido, y enfrentarlos a nuevos desafíos, a situaciones inéditas, que no hubiéramos visto antes.

Por ejemplo, el Canon de Leyendas presentó la guerra Yuuzhan Vong, en la que una raza proveniente de fuera de la Galaxia, que navega planetas enteros, invade la Nueva República unos 20 años tras la caída del Imperio. No digo que las películas debían haber adaptado alguna de las historias del viejo Universo Expandido (muchas de las cuales son también repeticiones de lo mismo: el Imperio renace y construye otra superarma…), pero sí habría preferido que pensaran en algo nuevo.

En fin, ya lo había dicho en mi reseña de El despertar de la Fuerza: las precuelas fueron criticadas porque no se sentían como Star Wars. Esta nueva película tiene tanto miedo de no ser Star Wars que pierde la oportunidad de ser algo más que otro capítulo genérico.

Ahora, dicho todo lo anterior…

Amé Los últimos Jedi



Una vez que acepto que así es la Nueva Trilogía, que ésta es la historia que nos van a contar, tengo que admitir que El despertar de la Fuerza es una muy buena película, a pesar de ser un soft remake de Una nueva esperanza. En la misma línea Los últimos Jedi es una gran película. ¡Es increíble! Grité, aplaudí, lloré y salí del cine con un hype que no se me ha pasado dos semanas después.

¿Por qué me gustó tanto? Bueno, tiene todo lo que ha hecho a la saga de Star Wars grandiosa: aventura, emociones, drama humano, una lucha épica entre el bien y el mal, mundos exóticos y, bajo todo eso, reflexiones acerca de los temas eternos y universales de la humanidad. Se ve Rian Johnson ama esta saga.

Pero sobre todo, estaba marcando un nuevo camino, estaba mostrándonos cosas nuevas por primera vez en años. Fue sorprendente. A partir de cierto punto, yo no tenía ni idea de por dónde iba a ir la película. Cuando parecía que iba a repetir El Imperio contraataca, subvirtió la fórmula y canceló incluso la posibilidad de que se repitiera El regreso del Jedi. Es la única que deconstruye la mitología creada por estas películas y que se pone hasta metaficcional. De hecho, si algo no me gusta de esta peli es que empezó un poco tarde con eso de irse por lo nuevo.

Deja morir el pasado



Ahora, me preocupa que muchos fans hayan entendido que el mensaje de la película sea “Deja morir el pasado; mátalo si es necesario”. No sé si lo notaron, pero quien enuncia esa frase es el villano. Quien sigue esa máxima, Kylo Ren, es un individuo agobiado por sus demonios internos, dispuesto a destruir todo lo que le rodea, incluso a asesinar a sus propios padres, alguien que no le es fiel ni a sus aliados en la maldad. Sólo alguien así está dispuesto a enterrar su pasado, lo bueno y lo malo, sin miramientos.

No, los mensajes de esta cinta son “el mejor maestro es el fracaso” y “no se trata de destruir lo que odiamos, sino de preservar lo que amamos”. En conjunto nos dice que debemos dejar atrás lo que nos impide seguir creciendo, pero que debemos preservar lo que hay de bueno.

El viejo camino de los Jedi (con sus academias, templos y códigos) ya no era viable en el nuevo mundo que había quedado tras la caída de la República (eso lo admite el mismo Yoda en la novelización de La venganza de los Sith), pero no por ello había que dar la espalda a los ideales de los Jedi, de proteger a los débiles, de procurar la paz y la justicia. Yoda quema el árbol sagrado, pero Rey ya había recuperado los libros (y estoy seguro de que nuestro amigo verde lo sabía… por cierto, amé su intervención).

Yo también quería ver a Luke pateando traseros durante tres películas. Yo tampoco quiero pensar que nuestro héroe, después de El regreso del Jedi, se convierte en un viejo amargado y pusilánime (#NotMyLuke). Pero esta película lo redime, como la anterior le había dado a Han la oportunidad de reivindicarse y participar en una última misión heroica. Luke había intentado revivir el pasado (con su academia Jedi); ante ese fracaso, había dado la espalda a todo (hasta se había desconectado de la Fuerza), intentando dejar morir el pasado. Ninguno de los dos caminos era el adecuado.



Luke nos muestra que se había convertido en un gran Jedi con la maniobra con la que salva a los pocos sobrevivientes de la Resistencia. Se sacrifica para que los otros puedan construir un mañana mejor, siguiendo otros caminos. Dándole la espalda al pasado, Luke no había podido encontrar la paz, sólo la amargura y la soledad; es cuando aprende de sus errores, y usa ese conocimiento, ese poder adquirido, para brindar esperanza al futuro, es que Luke pude mirar la puesta de sol (el ocaso de su vida) y hacerse uno con la Fuerza.

Los planes temerarios ya no pueden servir contra un enemigo superior en armas y en números. Ante este panorama, lo más importante es la supervivencia. Por eso Leia degrada a Poe tras sacrificar a tantos pilotos para destruir una nave de guerra enemiga. Por eso el motín de Poe está destinado al fracaso. Por eso es que el sacrificio de la vicealmirante Holdo (uno de mis personajes favoritos de SW ipso facto), tenía sentido, mientras que el Finn no lo habría tenido. Holdo gana tiempo para que la Resistencia se pueda salvar. Finn habría muerto sin que nada bueno saliera de ello. Al impedirle sacrificarse, Rose abre la posibilidad de un futuro para ambos.

En las relaciones paralelas entre Poe y Holdo por un lado, y Rey y Luke por el otro, vemos precisamente que hay situaciones en las que los jóvenes deben respetar la sabiduría y prudencia de los mayores, y otras en las que los mayores deben reaprender el idealismo de los jóvenes. Al mismo tiempo, si Holdo le hubiera confiado sus planes a Poe se habría evitado un conflicto. Pasado, presente y futuro necesitan estar en constante diálogo.

El casino



“Qué hueva que quieran meter comentario social a la fuerza en Star Wars” han dicho los vatos que no han estado poniendo atención los últimos 40 años. Star Wars siempre ha tenido un subtexto político y siempre ha promovido valores liberales y democráticos. Escribí toda una serie de textos al respecto. Aunque ciertamente, el discurso político es más contundente en algunas entregas que en otras (en La venganza de los Sith y Roge One, por ejemplo). La secuencia en Canto Bight es perfectamente consistente con eso.

También lo es con otra tradición starwarsiana. Una de las principales inspiraciones de estas películas son los viejos seriales cinematográficos de los años 30 y 40, tipo Flash Gordon. En este tipo de historias, nuestros héroes pasan de un peligro a otro, de una aventura a la siguiente. No todas se tratan de hacer avanzar la trama, sino de vivir emociones; tal es la estructura del serial. Por eso en cada película sucede alguna o más de una aventura que no tiene que ver directamente con la historia central.

¿Cuál es el punto de que Luke, Leia y Han se queden atrapados en contenedor de basura y se enfrenten a ese monstruo de hentai? ¿No podrían haber sólo salido de allí y la película sería igual? ¿Cómo contribuyó a la trama el episodio en el que Han y Leia quedan atrapados en el vientre de un gusano espacial gigante? ¿Tenía que ser tan larga la secuencia del palacio de Jabba? ¿El viaje por los mares de Naboo, la carrera de vainas, la persecución por las calles de Coruscant?

La secuencia de Canto Bight es sólo otro de esos momentos, aunque admito que quizá fue un poco más largo de lo necesario. Si algo no me gustó fue el diseño del casino. Obviamente hace referencia a Montecarlo (y no a Las Vegas, como han dicho a algunos despistados) y toma inspiración de las películas clásicas de James Bond. Mi problema es que lo hicieron de un aspecto demasiado terrícola; como que le faltó creatividad, exotismo, que se viera un poco más fuera de este mundo, que los juegos no se vieran idénticos a los de un casino terrestre. Pero realmente eso es sólo nitpicking mío.

En cambio, amé la química que había entre Rose y Finn. Me encanta que ellos dos sean los personajes por los que nadie da un peso. Son muy divertidos juntos y me dio mucho gusto verlos pasar de peripecia en peripecia. Además, que sean ellos dos los protagonistas de su propia línea argumental nos regresa a la esencia de la Trilogía Original, en la que los protagonistas eran no los caballeros Jedi en el apogeo de su poder ni los acaudalados políticos de la República, sino un granjero huérfano, un pirata, un viejo ermitaño de una era muerta y una princesa sin planeta. Es decir, los perdedores, los nadie, los que no tienen nada, o que han perdido todo lo que tenían y que con cada Episodio se van ganando un lugar en la historia de la Galaxia.

Por último, esta secuencia es consecuente con el espíritu de la película. En apariencia esta aventura no sirvió de nada y hasta terminó perjudicando a la Resistencia, pero no olvidemos que el fracaso, y lo que se puede aprender de él, es uno de los temas centrales. Además, aunque no consiguió su cometido, la incursión de Rose y Finn en Canto Bight sirvió para dejar ahí una semilla (entendí que a lo largo de Galaxia habría otras) que crecería para convertirse en una Rebelión contra la Primera Orden. La lucha nunca es en vano.

La representación importa



Decía que Star Wars siempre ha sido progresista. Si la Trilogía Original nos daba por héroes a una guerrilla revolucionaria, y la Trilogía de Precuelas nos dio por villanos a corporaciones interplanetarias, la Nueva Trilogía (y también Rogue One) ha querido resaltar el valor de la diversidad. Aunque tanto la Orden Jedi como la Alianza Rebelde siempre habían tenido una composición diversa (mujeres, minorías raciales y hasta alienígenas) en oposición al Imperio, blanco y masculino, el tema nunca había sido tan importante como ahora.

Nuestros nuevos protagonistas son dos mujeres (Rey y Rose) y dos hombres “de color” –como les gusta decirlo a los gringos- (Finn y Poe). En una época en la que blancos supremacistas y misóginos declarados están en la Casa Blanca y ascendiendo al poder en todo el mundo, un reparto así es una declaración de principios poderosa. Sin embargo, se diluye un poco cuando la Primera Orden también tenga mujeres y people of color entre sus filas, a diferencia del Imperio. Parece que la entidad dirigida por Snoke, aunque fascista, es menos racista y misógina que su predecesora.

Se ha resaltado como uno de los temas de esta Nueva Trilogía que las mujeres son asombrosas, mientras los personajes masculinos son bastante torpes. Algunos entusiastas han exagerado un poco; tampoco los personajes femeninos son infalibles. Pero definitivamente son presentados como bastante más competentes que sus contrapartes varoniles, y la clave está en un rasgo que es resultado de la educación que se nos da a hombres y mujeres en el mundo real: los hombres somos emocionalmente ineptos porque no se nos enseña a lidiar con nuestros sentimientos.

En ello se fundamenta toda la ventaja que tienen los personajes femeninos sobre los masculinos en Los últimos Jedi: las mujeres mantienen la entereza mientras los hombres se desmoronan (Leia frente a Han y Luke); mantienen la serenidad y cabeza fría cuando los hombres quieren lanzarse impulsivamente al peligro (Holdo ante Poe); conservan la esperanza cuando los hombres quieren abandonarla (Rey ante Luke y Rose ante Finn). De nuevo, esto no es tan absoluto; las mujeres también toman malas decisiones, y no olvidemos que había varias de ellas apoyando el motín de Poe, que también fue un conflicto entre generaciones.



Sin embargo, creo que se pueda ver la fuerza de este tema en la reacción del público. Hay una curiosa intersección entre perfil ideológico y apreciación de la película: muchos de sus haters más acérrimos (no todos, aclaro) han sido los antifeministas, los enemigos de la corrección política y derechairos en general. Para feministas entusiastas, la Vicealmirante Holdo es una mujer fuerte que no admitirá tonterías de ningún onvre temerario como Poe. Para los detractores, Holdo es una líder torpe que provocó un motín al no comunicar sus planes a sus subordinados.

Admitiendo que Holdo pudo haber informado a Poe de lo que iba a hacer, tengamos en cuenta que ella es la oficial de más alto rango en la Resistencia y que Poe acababa de ser degradado por idiota. Ella no tenía obligación de decirle nada a ese chavo, pues el alto mando sí sabía qué onda. La reacción de los haters nos dice mucho de su misoginia interiorizada: para ellos un hombre no tiene que seguir las órdenes una mujer, aunque ésta sea su jefa indiscutible, a menos que ella le rinda cuentas; si el hombre la desobedece poniendo en peligro todo el trabajo hecho, es culpa de ella por no haberlo convencido.

Respuestas así por parte de personas con inclinaciones reaccionarias han sido comunes ante las nuevas películas: los blancos supremacistas que han dicho “¡genocidio blanco!” por ser Finn uno de los protagonistas; los seguidores de Trump que llamaron a boicotear Rogue One; los hinchas que se quejan de los colores del reparto y dicen que “es sólo por corrección política”. ¿Y saben qué? Me da un chingo de gusto que estén tan ardidos.

Los caminos de la Fuerza son misteriosos



En Una nueva esperanza nos hablan de la Fuerza como la energía omnipresente creada por la vida, une la Galaxia y que le da su poder a los Jedi. En ese mismo episodio, deja muy ambiguo qué es capaz de hacer alguien que tiene el poder de la Fuerza. Algunas de las habilidades Jedi que luego damos por sentadas, en especial la de mover cosas con la mente, no aparecen sino hasta El Imperio contraataca, mientras que los rayos de Sidious y el lanzamiento bumerán de Vader sólo se dejan ver hasta El regreso del Jedi.

El caso es que no creo que la intención fuera establecer un número de poderes limitados y definidos. Así, no me molesta para nada, antes bien me encantó, que nos mostraran nuevas posibilidades del poder de la Fuerza: como el contacto interestelar entre Rey y Kylo o la magnífica actuación de Luke en el duelo final.

El vuelo de Leia sí se ve un poco bobo, pero me refiero a su aspecto, no al concepto en sí. Que Leia es poderosa en la Fuerza es algo que ya estaba establecido en las películas y los cánones viejo y nuevo. Que ella no necesitaba blandir sables de luz ni dar maromas, sino que la Fuerza se manifestaba en su fortaleza personal y en su capacidad para ser líder e inspiración a pesar a de las dificultades, no quita que no fuera capaz de usarla, aun sin entrenamiento, de forma casi intuitiva, para salvar su vida. No me parece que hubiera inconsistencia allí, además de que en el Canon de Leyendas hay un antecedente del uso de la Fuerza justo de esa manera (aunque por Luke).

Los misterios que no lo eran



Snoke (o, como me gusta llamarlo, Darth Gollum) es un villano aburrido. Una versión fea y barata de Darth Sidious. Sí creo que nos deberían explicar de dónde demonios salió y cómo llegó al poder, pero sólo porque es necesario para entender cómo el statu quo que dejamos en Episodio VI se convirtió en lo que vemos al inicio del Episodio VII, y no porque el personaje tenga algún interés en sí mismo. Agradecí que lo despacharan, de verdad.

También me pareció brillante el “misterio” de los padres de Rey (y eso que tenía mi propia teoría con todo y árbol genealógico). Fue una pintada de dedo para todos los fans y sus teorías en las que todo mundo tiene que ser pariente de alguien más. Pero también es consistente con la esencia de Star Wars. Luke y Leia eran los hijos de un legendario caballero Jedi, pero Anakin era un esclavo que vivía en un rincón inhóspito de la Galaxia.

En la ideología de Star Wars existen individuos con habilidades y talentos superiores a los de los demás; los malvados las usan para sus propios fines egoístas y los bondadosos se convierten en líderes que trabajan para el beneficio de los demás. Pero estos individuos pueden surgir de cualquier parte, sus orígenes pueden ser los más humildes o los más ilustres, lo mismo de la nobleza de Serenno que de un establo en Canto Bight. Sus orígenes no importan: son sus acciones y sus decisiones lo que los definen.

Me gusta que hayan dejado de lado esos dos “misterios” inútiles. Star Wars nunca se ha tratado de resolver enigmas. La identidad de Vader fue un giro argumental, una sorpresa, no un misterio sobre el que todo mundo estuviera especulando. Espero que a Abrams no se le ocurra meter otro misterio que luego vaya a dejar sin respuesta (no olvidemos que él nos vio la cara de pendejos por años con Lost). Ahora sólo falta ver cómo rayos el sable de Anakin llegó a manos de Maz Kanata después de haber caído al interior de un gigante gaseoso.

Los villanos de Star Wars y los fans



Hay una tradición de fans de Star Wars por enamorarse de villanos cuyo único mérito es verse chidos y creer que eso los hace grandes personajes. Como no lo son y nunca se pretendió que lo fueran, la película los despacha rápido y fácil. Entonces los fans se rasgan las vestiduras y reclaman que hayan “desperdiciado”. Así con Boba Fett, con Darth Maul y ahora con Phasma.

Pero no, ñoños, no son “grandes personajes” (por lo menos, no en las películas, el EU es otra cosa), sólo se ven chidos. No los desperdician; los quitan porque no tienen nada que hacer ahí. Que luego aparezcan encabezando en las listas de “los mejores villanos de Star Wars” nos dice mucho de la superficialidad del fan promedio, que en cambio es incapaz de apreciar a otros personajes mucho más interesantes como Tarkin o Dooku, porque ellos no se ven chidos.

Lo que quiero decir es que me tiene sin cuidado que se hayan echado a Phasma y a Snoke tan fácil y que a ustedes tampoco debería importarles mucho.

Hace mucho tiempo, en una Galaxia muy lejana…



Me sorprendió mucho el odio que despertó esta cinta en buena parte de la fanaticada. Puedo entender que hubiera gente a la que no le gustara tanto, pero cuando supe que algunos andaban diciendo que la odiaban, que era una porquería, que se habían salido del cine y demás, me quedé pasmado. Las cosas se han puesto feas desde entonces, con ataques personales: “los que no opinaron sobre la cinta como yo son unos imbéciles” o “los verdaderos fans son los que piensan así y no asá”.

Pero aunque lamento que esto haya pasado, saludo lo que significa: estemos ante un trabajo osado. Es mejor que una película provoque controversia a que se quede en la “zona de confort” como Episodio VII. Lo dicho, muchas de las cosas que molestaron a los detractores me parecen lo mejor de la película.

El caso es que si Los últimos Jedi causó reacciones tan fuertes es porque se trata de una película rica en contenido. Es una de las mejores de la saga, de las que presenta sus temas con mayor contundencia, de las que permite crecer más a sus personajes, una que tiene tantas aristas y ángulos que seguramente seguiremos hablando de ella por meses y por años. De hecho, este análisis podría prolongarse por muchas líneas más.


Esperemos que el Episodio IX sepa mantener el estándar. Y por favor, que incluyan a Mara Jade.

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