lunes, 30 de abril de 2012

¡Listos ya!

Pues bueno, en lo que tengo el Top 10 de películas de Disney, les dejo esta tira cómica como especial del Día del Niño, dedicada a mis alumnos:


















lunes, 23 de abril de 2012

Walt Disney



Es el Mes del Niño, y la mayoría de ustedes, quiéranlo o no, a menos que sus padres fueran activistas comunistas que se quedaron en los 60 y sólo los dejaban ver caricaturas soviéticas, lo más probable es que hayan crecido viendo películas animadas de Disney, "Los Clásicos", que les dicen. Así que este mes quiero hablar de Walt Disney y su trabajo de animación.

Pero antes, hay algo que debemos sacarnos del sistema:



En esta ocasión, nuestro amigo el chairo de Bully Magnets tiene toda la razón. Sí, Walt Disney era un racista de derechas; sí, en su obra se pueden detectar los peores antivalores y formas de discriminación, y sí, The Walt Disney Company es como Monsanto pero con orejas de ratón. Pero dejemos eso de lado por hoy, sólo en nombre de la nostalgia y quedémonos con la animación de Disney y lo que podemos rescatar de ella. 

Y la verdad es que a pesar de todo, adoro las películas de Disney. Creo que Walter Elias Disney (1901-1966) era un maldito genio y que hizo algunas obras maestras de la cinematografía mundial. ¿Ah? ¿Dudáis acaso de mis aseveraciones? Va, pues...

Quizá lo que ustedes tienen en mente son, sobre todo, las princesitas Disney. Oh sí, esas historias de muchachitas estúpidamente bonachonas y de príncipes estúpidamente galantes y de villanos malos que son malos sólo porque son malos. Historias que enseñan a las niñas a ser superficiales y a quedarse esperando que llegue su príncipe azul para poder vivir felices por siempre en un palacio y mamadas por el estilo. 

Pero aquí vale la pena hacer una aclaración: a Walt Disney no le interesaba hacer películas de princesas. "¡Cómo!", dirán, "¡Pero si la mayoría de las películas de Disney son de princesas!". No, señores, no es así. Miren, Blancanieves fue el primer largometraje de Disney y se estrenó en 1938. La siguiente película de Disney que involucraba alguna princesita es Cenicienta, de 1950; la siguiente y última, es La Bella Durmiente, de 1959. O sea, Walter sólo produjo TRES películas de princesitas en 28 años de carrera.

Yuck!

Los estudios prosiguieron con la producción fílmica por décadas, pero no habría otra película de princesas sino hasta 1989: La Sirenita, estrenada 23 años después de la muerte de Walter. Vinieron más princesas con La Bella y la Bestia (1991), y Aladín (1992). Luego vinieron las princesas "étnicas" que no pegaron muy bien en y a las que no se les ve mucho en forma de pseudo-barbies: Pocahontas (1995) y Mulán (1998).

El mundo se olvidó de las princesas, hasta que alguien tuvo la brillante idea de comercializar parafernalia con su imagen, lo cual se vendió estúpidamente bien. Por ello, los estudios decidieron regresar a la fórmula con  La Princesa y el Sapo (2009) y Enredados (2010), cada una más olvidable que la anterior. 

Es cierto, las princesas Disney nos invaden en toda clase de productos imaginables y son una fuente de riquezas colosales para Disney; después de Mickey Mouse y sus amigos, las princesas deben ser su ícono más reconocido. Pero en cuanto a la historia de sus largometrajes animados, las princesas no han sido protagónicas. Walt Disney, e incluso sus herededos, han tratado de experimentar, a veces de forma muy arriesgada. ¿Por qué vuelven siempre a las princesas? Pues porque eso vende, mierda.

Sólo esto me faltaba...


O sea, quítense la imagen de Walt Disney (o sus achichincles) como un Lex Luthor (o sus esbirros) que conspira en las sombras, frotándose las manos y diciendo "Y ahora con mi siguiente producción, haré que todas las niñas quieran ser princesas en vez de perseguir la realización personal. MUAJAJAJAJAJA." No, es sólo que se dieron cuenta de que las princesas venden más que otra cosa, y como son un montón de putas unos empresarios muy astutos, ofrecieron lo que pidió el público. El hecho de que "princesas" no blancas, muy fuertes y poco glamurosas como Pocahontas o Mulán no hayan tenido éxito, no habla mal de Walt Disney, sino de esta puta sociedad.

De veras que soy incapaz de comprender la falta de popularidad de Pocahontas...

Abro paréntesis para decir que lo mismo se aplica con el racismo de Disney. No es que él estuviera pensando "Voy a hacer que la sociedad odie a los negros. MUAJAJAJAJAJAJA" Es que ésos eran los valores de la época, que la mayoría de su público compartía. Disney no hizo a nadie racista, la gente de su tiempo ya lo era, chingaos. Y en su momento, a nadie le pareció mal cosas como éstas:


¡Jajajajaja! ¡Pinches negros!

En ese entonces, hasta el maltrato animal era material de comedia. No habría que juzgar sólo a Disney sino a la sociedad de su tiempo, o hasta verlo desde el lado optimista y pensar cuánto hemos avanzado que ahora este tipo de expresiones serían condenadas por la mayoría (o por lo menos en Twitter).

Entonces, si a Walter no le interesaban las princesas, ¿qué tanto hizo entre la producción de Blancanieves y la de la Cenicienta? Mucho, pero la mayoría se ha olvidado por completo. Verán, Walter Disney era un visionario. Muchos de sus proyectos, incluyendo el de hacer largometrajes animados y parques de diversiones temáticos, eran vistos por sus contemporáneos como locuras descabelladas que seguramente llevarían a la ruina al animador. En la mayoría de las ocasiones Disney tuvo razón y ahora debe estar en algún lugar del Infierno pintándole el dedo a sus adversarios. En otras ocasiones sus proyectos estuvieron muy avanzados para su tiempo y nadie los entendió (como en el caso de Fantasia o Epcot Center)

Walter Disney no quería hacer Blancanieves. Su primera película iba a ser sobre un clásico de la literatura que él amaba: una de sus más grandes ambiciones era hacer una adaptación de Alicia en el País de las Maravillas. Pero por asuntos de dineros, y porque las técnicas de animación no estaban todavía muy bien desarrolladas, prefirió hacer un proyecto más modesto, y de ahí salieron la princesita y sus siete enanos.

Y aquí hay otra cosa que debo decirles: Blancanieves podrá ser una película ñoña, con una historia ñoña, una protagonista ñoña y siete patiños ñoños... ¡pero la animación es una joya! La importancia histórica de Blancanieves es comparable con la de Ciudadano Kane. Es en serio, en esta película Disney sentó las bases de la narrativa en animación, de la misma manera en la que DW Griffith y Orson Welles sentaron las bases de la narrativa cinematográfica. TODA la animación posterior, oriental y occidental parte de Disney, lo quieran reconocer o no. Sí, eso incluye a los genios Ozamu Tezuka y a Hayao Miyazaki... ¡OJO! No estoy diciendo que todos le copien a Disney, o que no haya habido nada nuevo desde Disney, o que Disney haya sido el mejor, sólo que él sentó unas bases a partir de las cuales se ha trabajado en animación a lo largo de la historia. ¿No me creen? Vean esto:



David Lynch, muérete de envidia


La anterior es una de las secuencias mejor logradas y más importantes de la historia del cine. Y no lo digo yo, sino realizadores como Sergei Einsestein y Charles Chaplin, y estudiosos como Umberto Eco.

Walter, sin embargo, tenía en mente usar su genio para cosas más intensas. Así, nos dio Pinocho en 1940, y a finales de ese mismo año, su obra maestra Fantasía. Ahora bien, esto es lo que quiero que ustedes entiendan: Fantasía era el sueño de Walt Disney, la obra que había querido realizar toda su vida. De haber sido por él, nos habría entregado más películas así y menos princesas cabeza hueca. De hecho, la idea de Disney no era sólo musicalizar grandes piezas de música sinfónica, sino añadir un nuevo segmento cada año. Pero Disney no sólo era un genio del arte, sino un hombre de negocios muy brillante (y con muchas ganas de hacerse rico), así que cuando Fantasía fue un fracaso en taquilla, probó con otras cosas.




Ahora, imaginen un universo paralelo en el que hubo más de esto y menos Bíbidi Bábidi Boo...


Aún así, entre 1940 y 1950, Disney se resistió a regresar con las princesas. Sus siguientes largometrajes fueron Dumbo (1941) y Bambi (1942). Ambas están basadas en sendos libros de los que nadie ha oído hablar, lo que da cuenta del conocimiento que Disney tenía sobre la literatura mundial, y Bambi es el antecedente de películas animadas rompe madres sobre lo jodida que es la vida de los animalitos, como Watership Down y The Plague Dogs (o de los libros en que se basaron, o de ambos, o qué sé yo).

¿Y después? Una sucesión de películas por completo olvidables, que apenas le dejaban a Disney dinero para seguir comiendo:

En serio, ¿qué son estas madres?

Seguro han visto segmentos de estas cintas como cortometrajes en la tele o en compilaciones en video, pero dudo que supieran que formaban parte de largometrajes completos y dudo más todavía que alguna vez los hayan visto como tales (quizá Los Tres Caballeros). De todas formas, les dejo aquí un clip titulado "All The Cats Join In" de la película Make Mine Music (1946). Si son tan amables como para ignorar el contenido sexista, verán que es una joya olvidada de la animación:



¡No pensé que los 40's hubieran sido tan sexys!


En 1950 Disney cedió a la tentación e hizo Cenicienta. De nuevo, historia ñoña, protagonista ñoña, patiños ñoños, canciones ñoñas... aunque la animación es brillante en algunos momentos. La forma en la que animaron a la Madrastra no tiene, valga la expresión, madre: la convierten en un gran villano sólo con el manejo de las sombras y las expresiones. Desde luego, la película fue un rotundo éxito.

Esto le permitió a Disney realizar su sueño dorado: Alicia en el País de las Maravillas (1951), de la que hablaré con más detenimiento en otra entrada. Le siguieron otros clásicos, Peter Pan (1953), La Dama y el Vagabundo (1955), La Bella Durmiente (1959), La Noche de las Narices Frías (¿por qué le pusieron ese título en español? Suena como a película de George Romero... Ah, sí el año: 1961) y, finalmente El Libro de la Selva (1967). Después... Walter Disney se murió (y no, su cabeza no está en un centro criogénico, ésas son leyendas urbanas).

Los estudios experimentaron una era de oscuridad y películas olvidables (aunque algunas de ellas merecerían más atención de la que han tenido...), de la que sólo saldrían hasta 1989 con La Sirenita, que traería otra era de esplender, conocida como el Renacimiento Disney, hasta que de nuevo caerían en decadencia a principios del siglo XXI. En serio, creo que Disney no hizo una buena película en la primera década de este siglo, aparte de Lilo y Stitch (más de ella en otra entrada), de 2002, y si no fuera por Pixar, ya se habrían podido retirar a producir sólo pendejadas taquilleras como Piratas del Caribe, Príncipe de Persia, Tesoro Nacional y demás...

(Aunque si de verdad quisieran hacerse ricos, deberían poner a sus animadores a aplicar la Regla 34 y vender porno de alta calidad, que tiene mucha demanda por ahí. Fuck yeah!).

Disney en su Valhalla personal


En la próxima entrada empezaré hablaré un poco de lo que fue de los Estudios Disney sin su creador, para después pasar a hacer un Top 10 (Parte I y Parte II) de las mejores pelis de Disney, y espero entonces convencerlos de que era, como dije al principio, un maldito genio.

martes, 17 de abril de 2012

Neostalgia: Canales

Es Abril,... ¿saben lo que eso significa? ¡¡Neostalgia para todos!! Así es, mis vejetes, éste es el mes en el que su seguro servidor goza del placer masoquista de recordar buenos tiempos que no volverán jamás, mientras ustedes derraman una lagrimilla de emoción. Y para los imberbes que leen este humilde blog, echen un vistazo a cómo eran los tiempos prehistóricos en los que los hombres de verdad tenían que luchar con las bestias para tener un poco de entretenimiento... bueno, no.





En diversas ocasiones anteriores he hablado de las caricaturas que veíamos de niños (las cuales son mejores que las de ahora, porque todas las generaciones están mal, excepto la mía), y hoy les quiero hablar de los canales de televisión en los que pasaban esas caricaturas. Verán, los canales no son sólo, pues, "canales" a través de los que nos llegan nuestros programas favoritos. Tienen toda una personalidad, una atmósfera, igual que un lugar como un restaurante, un club o una escuela. No es sólo las cosas que pasan, sino el orden, los horarios, los comerciales y, sobre todo, esos anuncios en los que los canales se hacen referencia a sí mismos (Ej.: "Canal 5, en tus cinco sentidos. En tu mismo canal").

A lo largo de mi vida como bolsa de patatas que veía 6 horas de televisión diarias, los canales de TV se convirtieron en sitios de referencia obligados, íntimamente ligados a mis otros recuerdos de infancia y adolescencia. Así que empecemos este recuento.

La primera etapa de mi vida televisiva es de cuando vivía en Mérida, o sea de los 0 a los 4 años. No me acuerdo cómo se llamaba el canal en que veía mis series favoritas: Cazafantasmas, Dinosaucers, TigerSharks, Inspector Gadget, Kissifur, ALF y otras. Pero cuando me mudé a Villahermosa (inicia mi segunda etapa de vida televisiva), por alguna razón en la tele local estos programas no los pasaban. Los llegaron a retransmitir en algunas ocasiones en los canales tabasqueños, pero de forma esporádica. Así, aún estaba en la primaria cuando ya sentía "neostalgia" por mis caricaturas que veía en Mérida.




Ahora bien, para ustedes, chilangos, esto parecerá muy raro, pero aquí en provincia no tuvimos Canal 5 por muchos años. O séase, que teníamos que ver caricaturas en la tele local. Cuando viajaba a la ciudad de México, Canal 5 era para mí uno de los principales atractivos, después de Reino Aventura y poder usar ropa "de frío". Canal 5 era mágico, porque ahí estaba el Tío Gamboín con GC y pasaban caricaturas de Hanna-Barbera, como Los Picapiedra, Don Gato, La Cacería de Tesoros de Yogui, Los Trece Fantasmas de Scooby-Doo, etcétera.

Bueno, de vuelta en ese puesto avanzado construido en medio del pantano en el que crecí, así como los huaches tenían al Tío Gamboín, en Villahermosa teníamos al Mago Chontal (y en Mérida al Tío Salim). El del Mago Chontal era medio programa de concursos y variedades, medio chou en el que pasaban episodios de sus caricaturas favoritas (tipo el Show de Krusty). Fue en esta etapa en la que conocí muchos otros programas, como El Conde PátulaLos Snorkles, Los Halcones Galácticos, BraveStarr, La Ranita de Metán, Remy, Astroboy, Los Mapaches, Los Pequeños Magos, Los Ewoks (a quienes conocí antes de ver Star Wars) y muchas otras que de las que ya tenía noticia pero que apenas entonces aprendí a apreciar, como Thundercats y He-Man.




Por cierto, una vez fui al show del Mago Chontal, y según mi habitual buena suerte, fue escogido aleatoriamente para participar en un concurso. Se trataba de una carrera de sacos. Debíamos tomar, una por una, unas letras de unicel y llevarlas a un plafón para formar la palabra "Charricos", nombre de una botana local. Aunque iba ganando, perdí contra la niña del al lado, porque mi S final estaba rota. No importa: como premio de consolación me dieron una playerota y una dotación de productos "Natura", que incluía a los mundialmente famosos "Tostonucos" (botana de plátano frito).

Lo decepcionante no fue haber sido humillado ante un auditorio lleno de niños y frente a miles de televidentes, sino que cuando pasaban las caricaturas, teníamos que verlas en una pantallita diminuta, y yo esperaba estar en una salota tipo cine. Pensé que habría sido mejor quedarme en casa.

El gran cambio llegó con Canal 5, y después con Azteca 7. Ahora podía escoger entre hasta tres canales para ver caricaturas por la tarde. Fueron los años de los Tiny Toons, Animaniacs, Batman: La Serie Animada, Patoaventuras, Chip y Dale: Rescatadores, Aventureros del Aire, Tortugas Ninja, Power Rangers, X-Men y un largo etcétera.




Por esos tiempos aún viajaba a menudo a Yucatán. Mi destino favorito era la hacienda de mi tío, en la que criaba cerdos y otros animales como gansos, gallinas y chivos. Pasé algunos veranos lavando chiqueros y ayudando a dar a luz a los cochinitos. Durante las tardes y noches veía el Canal 13 local, en el que pasaban Club para gente chica, un programa conducido por un remedo de Cepillín llamado Pepillín, en el que pasaban más o menos las mismas caricaturas que en cualquier parte, pero yo recuerdo sobre todo los shows de cortos de los Looney Tunes. No había Canal 5, pero en la noche mis tíos, mis primos, mi hermano y yo nos sentábamos a ver Azteca 7, con Los Simpson (mis papás me los tenían prohibidos), La Niñera y El Príncipe del Rap (que no me encantaban, pero los veía).

De vuelta a Villahermosa... Azteca 7 se convirtió en un verdadero hit, porque trajo algo completamente nuevo: anime (que pasaban en el inolvidable Caritele). Claro que antes ya teníamos Astroboy y dramones como Candy Candy, pero en ese entonces yo no tenía consciencia de que eran caricaturas japonesas. Azteca 7 trajo Los Caballeros del Zodiaco y Sailor Moon, que iniciaron el "¡boom!" del anime en nuestro país, y que fueron seguidos por otras series, ya fuera que las pasaran en Azteca o en Canal 5, como Supercampeones, Las aventuras de Fly, Ranma 1/2 y, obviamente Dragon Ball Z, que debe ser la gesta heroica que definió a mi generación. De todas ellas, ninguna me gustaba (creo que peco de ser demasiado occidental).




Volviendo a Canal 5, debo decir que gracias a sus ciclos de cine los sábados y domingos llegué a ver muchas películas clásicas. Dobladas, sí, pero era lo único que un chico de mi edad y de esa época tenía si quería ver Lawrence de Arabia, El Puente Sobre el Río Kwai, El Planeta de los Simios, Ben-Hur, Cleopatra, etc. Por supuesto, como muchos de ustedes, me chuté la trilogía de Volver al Futuro incontables ocasiones (al igual que toda la serie de Tiburón, que siempre pasaban en verano, cuando yo visitaba la playa). En esos entonces, pasaban AÑOS antes de que una película que había estado en cine llegara a la TV.

Pero una verdadera revolución arribaría con algo llamado Televisión por Cable. Antes de eso, sólo los ricos podían tener antes parabólicas para ver otros canales. Con Cable, todo cambió. Primero llegó TNT, en donde pasaban algunas caricaturas viejitas de Hanna-Barbera, al igual que películas clásicas, sobre todo de Hitchcock. No estoy seguro, pero creo que luego tuvimos FOX, en donde veía El mundo de Bobby, Los Tomates Asesinos y Los Simpson (en sus primeras temporadas, todas mal dibujadas), además de series de Sci-Fi muy viejitas y muy camp, como Batman, Perdidos en el Espacio (mi favorita), el Avispón Verde, El Túnel del Tiempo, Tierra de Gigantes y Viaje al Fondo del Mar.



Y claro, no podría dejar de hablar de Cartoon Network, el primer canal con puras caricaturas. Lo recuerdo muy bien, pues quizá ningún otro canal fue por sí mismo tan importante para la conformación de la imaginería de mi infancia. Al principio el canal era un desmadre: no había horarios fijos y cualquier cosa podría estar pasando en cualquier momento. Luego se medio estabilizó con los horarios, y por lo menos ya había anuncios autorreferenciales que decían CARTOON NETWORK, con su clásico entramado de cuadros negros y blancos. Aún así, en ese entonces mucha de la programación y todos los comerciales estaban en inglés. Veía entonces anuncios de productos que no vendían en México.

¿Qué pasaban? Puras caricaturas viejitas de Hannah-Barbera, no sólo Los Picapiedra, Scooby-Doo y otras que ya conocía, sino también muchísimos shows que eran totalmente nuevos para mí, como Johnny Quest, El Fantasma del Espacio, Jossie y las Gatimelódicas, Los problemas de papá, Roma me da risa, Los Osos Revoltosos, Godzilla, ésas de carreras en la que salía Penélope Glamour, y un infinito etcétera. Los primeros shows más o menos nuevos que llegaron a pasar fueron Dos perros tontos, James Bond Jr y la magnífica Piratas de las Aguas Tenebrosas.




Así, pasaron como dos o tres años. Cartoon Network estabilizó su horario y ya no pasaban programas en inglés, mientras que poco a poco aparecían comerciales en español. Fue el último año de mi primaria cuando CN empezó a experimentar... Y llegó World Premiere Toons, un proyecto de animación original en el que vieron la luz El Laboratorio de Dexter, Johnny Bravo, Las Chicas Superpoderosas, La Vaca y el Pollito y Coraje, el Perro Cobarde (aunque éste tardó mucho en obtener su propio show). Poco a poco estas series, que después recibieron el nombre de Cartoon Cartoons, tomaron el canal y ya no quedó espacio para las caricaturas viejitas que tanto me gustaban. Lo último que recuerdo que me haya gustado fueron series como Las Sombrías Aventuras de Billy y Mandy, Los Chicos del Barrio y Duck Dodgers. Durante mucho tiempo no tuve ni idea de qué pasaban ahora en CN, aparte de Ben 10 (mi hijo mayor no ve mucha tele), pero ahora veo con gran placer que hay algunas series nuevas estupendas, empezando por Hora de Aventura y siguiendo con Steven Universe y Un Show Más.

Para primero de secundaria regresé a Mérida. En cuanto tuvimos cable, el canal que capturó mi atención fue WBTV, hoy Warner Channel. Como en otros, ahí pasaban viejas series como ALF, Tres por tres, Paso a paso, La mujer maravilla y otras tantas. Ahí conocí El Mundo de Beakman, que alimentó mi amor por la ciencia. Recuerdo también que pasaban un bloque especial llamado BIZARRO, los fines de semana, muy tarde por la noche. Ahí veía películas viejitas de ciencia ficción y horror, malas con ganas y con horribles efectos especiales. Creo que de ahí me nació este placer culpable. 




Poco después llegó el canal de Nickelodeon, en donde veía La vida moderna de Rocko, Los Castores Cascarrabias, Aventuras en Pañales, Clarissa lo Explica Todo (y después, con bubis más grandes, Sabrina, la Bruja Adolescente), y por supuesto, esa obra maestra del horror para preadolescentes que era ¿Le temes ala oscuridad? ¡OMG! Para un geek del horror como yo, este programa resultaba fascinante, con excelentes historias, desde aterradoras hasta conmovedoras y todas muy perturbaadoras, una especie de Dimensión Desconocida para chavos.

También por esos días llegó Discovery Kids. Yo era fan del Discovery Channel original, antes de que se volviera un templo de la magufería, y recibí el Discovery Kids con entusiasmo. Cabe aclarar que en esos entonces DK era muy diferente ahora, cuya programación está dirigida a niños de kinder. En ese entonces era para niños y predolescentes, y pasaban programas como Mecánica Popular Para Niños, La Magia del Cine, La Computadora del Tiempo y Fantasma Escritor. Además, entre anuncios y anuncios te enseñaban a hacer origami, sombras con las manos, experimentos rápidos, o acertijos mentales... los cuales estaban presentados por una chica bien guapota. :p




Y noup, no teníamos Disney Channel, ni ZAZ, ni FOX Kids (después Jetix, hoy Disney XD). Pero primos y conocidos que vivían en otras ciudades sí los tenían, por lo que visitarlos era toda una experiencia televisiva para mí. De hecho, parte importante de un viaje era ver qué otros canales y qué otras caricaturas pasaban en las ciudades a las que iba. Ahora, en todas las ciudades es lo mismo. :(

Conforme avancé en la adolescencia, me fui rebelando contra la TV que me consumió tantas horas de la infancia, hasta que llegó un punto en el que ya casi no veía tele, como ahora, que si veo algo es para acompañar a mi esposa. De caricaturas "recientes", debo decir que he disfrutado mucho Invasor Zim, Los Padrinos MágicosPhineas y Ferb además de las ya mencionadas de Cartoon Network.

Seguro se me pasó mencionar muchos shows y algunos canales, pero pensándolo bien ya perdí muchas horas de mi vida viendo tele, como para ahora perderlas hablando de ella. Abur.

martes, 10 de abril de 2012

La historia subjetiva de Carlos Fuentes




Para aquellos a quienes nos apasiona el conocimiento de la Historia, nuestra fuente principal de este deleite suelen ser los libros. Los libros de historia, valga la obviedad, pero también la literatura. Porque, como verán, hay por lo menos dos historias. 

Una es la historia objetiva, la de (perdónenme tanta rebuznancia), los libros de historia, desde los que nos dan una idea general de los sucesos, fechas, lugares y nombres más importantes, hasta los que profundizan con erudición y agudeza en las causas, factores, procesos y significados de aquellos sucesos históricos, para no sólo saber qué pasó, sino comprender por qué ocurrió y de qué forma moldeó el mundo en que ahora vivimos. 

Pero esa historia objetiva rara vez, si acaso, nos proporcionará algún vistazo a los detalles que suelen dejarse soslayados y qué no pocas veces nos preguntamos. Un libro de historia podrá explicarnos las causas, desarrollo y consecuencias de la Primera Guerra Mundial, pero ¿qué sentía y pensaba el individuo anónimo que tuvo que pasar noches en vela en las trincheras? El libro de texto podrá detallar los cambios económicos, políticos y sociales que se vivieron en la URSS tras su revolución, pero ¿qué significaron estos cambios para una familia? ¿Cómo afectaron su vida, el crecimiento de los hijos, la relación entre ellos y sus padres? 

¿Qué era para un niño escuchar las historias de un anciano que había sobrevivido a los campos de exterminio nazis? ¿Qué comían, qué bebían, de qué hablaban y qué cantaban los soldados de Pancho Villa entre batallas? ¿Qué sintieron las personas que observaban por TV cuando Neil Armstrong pisó la Luna? ¿A qué olía el Titanic el día que los pasajeros lo abordaron? ¿Cómo era un día ordinario en las ciudades que estaban lejos del campo de batalla durante los años de la Segunda Guerra Mundial? 

Esto no puede decírnoslo un libro de historia. Para eso está la literatura, que nos cuenta las otras historias, las historias subjetivas. No son las historias de las masas de seres humanos que se mueven de aquí para allá, haciendo la guerra y cambiando al mundo, sino las historias de los individuos frágiles, vulnerables y prescindibles, y por lo tanto únicos e invaluables. La historia objetiva hace a la subjetiva y viceversa, y el conocimiento de una complemente el de la otra.

Si quieren conocer la historia subjetiva de México, en especial la del México posrevolucionario, les recomiendo enérgicamente las novelas de Calos Fuentes (1928-2012), el narrador mexicano más importante de su tiempo. En especial les recomiendo estas tres novelas que leí recientemente. Hagamos un breve recorrido; trataré de decirles lo suficiente de cada una para animarlos a leerlas, pero sin quemarles lo importante:

La región más transparente (1958)


Carlos Fuentes escribió esta novela cuando acababa de cumplir los 30 años, y aún así es ya una obra de sorprendente madurez. La acción principal se da en ese universo caótico, plural y multidimensional que es la Ciudad de México en la década de los 50. Conocemos allí a una rica galería de personajes de todo tipo: el populacho, la vieja aristocracia porfirista venida a menos, los cultosos decadentes, la nueva burguesía surgida a partir de la Revolución... Paseándose por la ciudad va Ixca Cienfuegos que apenas es protagonista, sino más bien testigo o confidente de lo que ocurre. Es a Ixca a quien la mayoría de los personajes le cuentan sus historias y es a través de las historias personales de cada uno que podemos aprender un poco de la historia objetiva.

Ahí está Federico Robles, peón de hacienda convertido en soldado revolucionario convertido en rico empresario; ahí está Rodrigo Pola, el rencoroso hijo de un revolucionario que no sobrevivió a la guerra y por lo tanto dejó a su familia en la incertidumbre; ahí está Norma Larragoiti, la escaladora social, aceptada por la vieja aristocracia porfirista en un sucio intercambio de dinero por estatus social... En fin, en esta novela están todas las historias subjetivas que conjugan para construir la historia del país. No faltan episodios que ilustran cómo era la época: fiestas decadentes, tejemanejes corruptos entre funcionarios sin escrúpulos, corridas de toros, pleitos de cantina, viajes por carretera hacia Acapulco, y muchos más.

No sé ustedes, pero cuando leo de historia lo que más me fascina son los momentos de convulsiones, grandes guerras, revoluciones y movimientos sociales que transformaron drásticamente al mundo. Los periodos de cambio gradual y pacífico me parecen aburridos... en la historia objetiva. Pero en la historia subjetiva estos momentos cobra un interés especial, porque se puede apreciar cómo estos cambios graduales afectaron las vidas de las personas, sus relaciones, sus amores, sus profesiones, etcétera. A veces solemos pensar que tras la Revolución Mexicana nada cambió; sólo cambió el grupo en el poder y se trocó una dictadura (el Profiriato) por una dictablanda (el PRI). Pero en realidad sí cambiaron las cosas, y mucho. Para bien o para mal, México ya no era el mismo y esta novela nos permite apreciarlo.

Carlos Fuentes hace un mosaico magnífico de historias en La región más transparente. Les recomiendo adquirirla en la edición de las Academias de Lengua Española.

La muerte de Artemio Cruz (1962)


Otra de las novelas más famosas de Carlos Fuentes. En ella, en vez de tener a una multitud de personajes, nos concentramos en uno solo, a través de cuya vida podemos atestiguar los episodios más importantes de la historia de México desde finales del siglo XIX a principios del XX. Artemio Cruz es un soldado revolucionario que se convierte en cacique, empresario y demás. Acostumbrado desde niño a ver por sí mismo y luchar por sobrevivir, Cruz se alza desde la miseria y la soledad hasta hacerse con el poder económico y político. Pero si Federico Robles tiene algunos elementos que lo redimen, Artemio Cruz es un individuo cuya ambición sólo rivaliza con su falta de escrúpulos, y no le importa pasar por encima de quien tenga que pasar.

Escrita en tres personas (yo, tú, él) y en tres tiempos verbales (pretérito, presente y futuro), la novela construye poco a poco la historia y la personalidad del caudillo. Como lectores vamos saltando por el tiempo, aterrizando por vez en un día de un año en la vida del protagonista, mientras en el presente, el viejo agoniza... ¿Dónde quedan todo el poder, todos los logros y ambiciones? 

No pude evitar que La muerte de Artemio Cruz me recordara a Ciudadano Kane, pues es la historia de un hombre que de no tener nada se hizo con muchísimo poder, y al final acabó odiado por todos y enfrentando a la hora de la muerte los fantasmas de su pasado. Es un gran libro que les recomiendo mucho. Lo leí por primera vez hace algunos años, pero no le agarré bien la onda, porque había varias cosas sobre la historia de México que no conocía. Léanlo, pues.

Los años con Laura Díaz (1999)


Esta novela pertenece a una época totalmente distinta en la vida de Carlos Fuentes. Si las primeras dos las escribió un treintañero, ésta es la obra de un hombre de 70 años de edad. Más tradicional y mucho menos experimental e innovadora que los dos ejemplos anteriores, y con un estatus menos prestigioso en la bibliografía del autor, encontré con grata sorpresa que me gustó más. Aclaro, no digo que sea mejor, ni más importante, sólo digo que a un nivel visceral la disfruté más. Ahora me explico.

Escogí leer esta novela inmediatamente después de haber leído las otras dos porque, al igual que aquéllas, Los años con Laura Díaz conjuga y entrelaza las historias personales con la historia nacional, y aún más, con la historia del mundo. De hecho, al igual que en La muerte de Artemio Cruz, en ella seguimos la vida de un personaje a través del siglo XX. Pero si Laura Díaz me gustó más es porque pude identificarme mejor con los personajes.

Quizá es que a los 30 años Carlos Fuentes era más cínico, o quería dar la impresión de ser un tipo duro, o quizá con el tiempo se hizo más sensible, pero lo cierto es que ni en La región más transparente ni en La muerte de Artemio Cruz se pueden hallar personajes muy entrañables. Casi todos parecen ser unos patanes, o unos canallas, o unos hipócritas, mezquinos, cobardes o, por lo menos, unos bravucones. En cambio, en Laura Díaz hay muchos personajes con los que uno puede congeniar, empezando por la protagonista. Son personas más cercanas a la realidad, humanos que cometen errores y que tienen sus defectos y manías, como todo mundo, pero que también son capaces de generosidad, de amor auténtico, de valentía y sacrificio. Me pareció desde el principio una obra más sincera y personal, lo que comprobé al leer el postfacio del mismo Fuentes, en el que admite que muchas de las historias que cuenta en la novela son las de su propia familia.

Otra cosa que me gustó es que este libro va más allá de la Revolución y el orden postrevolucionario; en esta novela algunos eventos históricos internacionales tienen un papel fundamental para Laura Díaz y los personajes que la rodean: la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial, el Macartismo, el Movimiento Estudiantil del 68... todos éstos son temas que me fascinan. La forma en la que Carlos Fuentes detalla la vida de Laura y los demás es magnífica: sabemos a qué juega la niña, a qué baila la adolescente, a quiénes ama la mujer, qué fotografía la anciana; sabemos qué viste, qué come, qué lee, qué películas va a ver, y cómo cambia a lo largo de toda su vida, y así podemos participar un poquito de esa historia subjetiva, íntima, que es tan nuestra, tan de todos los mexicanos (o más), como lo es la otra historia, la objetiva, la nacional, la universal, la que está hecha de nombres, datos y fechas.

Esta novela, por su parte, me recordó a películas como Forrest Gump, en la que se puede ver la vida de un país en la vida de un individuo. Y creo que más que eso de la historia, lo importante en esta novela es precisamente la vida: todas las cosas grandes y pequeñas que pueden ocurrir en el lapso de una vida humana: los amores, las amistades, las pasiones, las tragedias, los desengaños, los ideales, las personas que vienen y van, las experiencias que nos marcan, las anécdotas en apariencia intrascendentes, pero que nunca podemos olvidar... ¿Se nota que me gustó mucho el libro?

Por eso, no puedo dejar de recomendarles esta novela. Les sugeriría leer las tres de corrido, pero si eligen leer sólo una, les recomiendo empezar por Los años con Laura Díaz. Saludos y que tengan una buena lectura.

sábado, 7 de abril de 2012

Sobre opciones (estúpidas) de voto



Yo voté porque nuestro shampoo volviera a su vieja botella de vidrio. Después me volví un cínico...
Homero  J. Simpson

Nos encontramos una vez más en la gesta electoral, y una vez más no hay ni a quién irle ni para dónde mirar. Ante esta perspectiva, las personas sensatas y conscientes que habitan esta república bananera parecen tener sólo dos opciones: anular su voto (o no votar, que para efectos prácticos es lo mismo), o votar por el menos peor. Aquí hay dos criterios que guían la conducta. El criterio ético nos llevaría a anular el voto, porque ninguno de los candidatos se lo merece, porque el sistema electoral es un circo corrupto y una persona con integridad moral no quiere formar parte de esa farsa, porque ésta no es democracia sino partidocracia y etcétera. El criterio pragmático es el que nos llevaría a votar por el menos peor, porque de todos modos, votemos o no, alguno va a ganar y mejor que sea el que nos joda a todos lo menos posible.

Tanto votonulistas como menospoeristas están desencantados con la realidad política del país, y tentados a mandarlo todo a la chingada. Ambas posturas, debo decirlo, me parecen muy respetables y comprensibles, y es absurdo, aparte de mala estrategia, que los votonulistas traten a los menospeoristas con condescendencia: "ay sí tú, crees que vas a cambiar algo con tu 'voto útil' ¡despierta nene!"... o que los menospeoristas traten con desprecio a a los votonulistas: "ay sí tú, te crees tan puro y tan chingón que estás por encima de la democracia, ¡pinche huevón inconsciente!". Este tipo de actitudes no llevan a ningún lado.




Pero aunque comprendo y respeto la postura del voto nulo, en lo personal me inclino por el menospeorismo. Mis razones son las mismas: alguien de hecho va a ganar, y lo mínimo que puedo hacer es tratar de que gane la opción menos abominable. Además, y creo que éste es el punto de divergencia clave entre el votonulismo y el menospeorismo, a mí no me da igual que gane quien sea. No creo que sea lo mismo una victoria del PRI o una victoria del Peje, y no porque crea que López Obrador es menos peor candidato que Peña Nieto (bueno, quizá un poquitín menos), sino por el escenario que podría venir con una u otra victoria. Es que no pienso votar por el candidato menos peor, sino por el escenario menos horrible. Y es de eso de lo que tratará esta entrada.

De entrada, dejemos fuera de la ecuación a Josefina Vázquez Mota. Es claro que la señora es tonta como un ladrillo y que nadie la quiere. No puede llenar un estadio para un mitin, la corren de los restaurantes, dice que hay que fortalecer el lavado de dinero (aquí, segundo 00:40) y en fin, se burlan de ella a la menor oportunidad (y sus simpatizantes no ayudan). Aunque me parece muy probable que Peña Nieto esté de hecho a la cabeza en las encuestas, no me creo que la Chepina esté arriba del Peje. Igual y es sólo mi percepción subjetiva, pero me parece que el Peje tiene muchos más seguidores, y no sólo sus usuales pejezombis, sino personas que lo consideran la alternativa menos funesta. A Chepina sólo le quedan los panistas más popis o los más individuos más ingenuos.



Como el mismo Enrique Krauze dijo en una entrevista, el PAN ha sido un partido que ha decepcionado y defraudado al país. Otros analistas, entre ellos Denisse Dresser, han señalado que el PAN tuvo una importante oportunidad histórica, la de implantar por completo la democracia en México, y la perdió por concentrarse en asuntos coyunturales (como impedir que la izquierda llegara al poder) y en elevar al nivel de política su proverbial mochería (no gays, no condones, no aborto, no, no, no, no y ¡no!). De más está recordar la estúpida guerra mal planeada y peor ejecutada de Felipe Calderón contra el narco... y no, criticar a Calderón no significa apoyar a los narcos o querer que se negocie con ellos; hay que perseguir al crimen, pero con inteligencia y conocimientos, no nada más a la pendeja (y por eso, entre otras, cosas SÍ es importante que los políticos sean cultos). Además de que Calderón inició el desmadrito para legitimar su presidencia, cuando dos terceras partes de la nación no lo querían como presidente. Pero ahí tenemos lo 50 mil muertos y un aumento de violaciones a los derechos humanos por parte del Ejército.

El (improbable) triunfo de Josefina Vázquez Mota significaría darle continuidad a 12 años que, si bien no han mandado al país precisamente al abismo, tampoco hicieron gran cosa por impedirlo. Recuérdese que la Chepina ha prometido seguir con la guerra de Calderón (ya sólo con eso está muy cañón que gane). Entonces, siendo que el triunfo del PAN es una posibilidad muy remota, hagamos caso omiso de la fulanita y concentrémonos en los dos gallos fuertes de este palenque, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador, y veamos cuál escenario es el menos horrible.



No sabía bien si adelantarles que llegué a la conclusión de que el triunfo del Peje sería menos horrible que el triunfo del PRI, porque sé que por ahí hay muchos antilopezobradoristas tan violentos como los mismos pejezombis, que quizá se encabronarían conmigo, me llamarían "chairo" o "morenazi" y se irían a otro blog sin leer mis argumentos. Pero tomaré ese riesgo, y si después de tan indigna declaración siguen leyendo esto, me permito exponerles mis razones.

No me simpatiza el Peje (y aguántense, pejezombis, porque lo voy a estar llamando "Peje" a lo largo de todo el post). Nunca he votado por él y esperaba no verme en la necesidad de hacerlo. Más allá de lopezobradorismos y antilopezobradorismos fundamentalistas, me parece la única opción factible para evitar que el PRI recupere el poder. Pero antes de explicarles los pros y contras de Andrés Manuel y su probable triunfo, quiero exponerles el porqué la victoria del PRI constituiría el escenario más distópico posible.


De entrada hay que entender eso: no se trata de Peña Nieto, se trata del PRI. Aunque Peña Nieto fuera un estadista capaz y emprendedor, y no el junior cabeza hueca que es, su victoria no significaría el gobierno de su proyecto, sino del PRI, y hay que tener muy claro lo que eso implica. Hoy en día los priístas hacen lo posible para maquillar sus 70 'bonitos' años de historia, señalando que durante ellos se hizo obra pública y se evitó que el país cayera en manos de una dictadura. Esos argumentos sólo podrían convencer a alguien que de plano no sepa nada de historia. ¿Quieres aprenderla? Bien, aquí te una Brevísima Historia del PRI

Otros priistas arguyen que "quien no tiene propuestas para el futuro no tiene derecho a criticar el pasado".  Do me the fucking favor, priistas. "Hola, quiero ser presidente" "¡Oye, pero eres un asesino en serie!" "¿Tienes propuestas para el futuro?" "Eh... noup" "¡Entonces, no tienes derecho a criticarme! Laralalala" ...Y más o menos así suelen ser los argumentos que utilizan los priistas de hueso colorado. Pero volvamos a ellos más tarde.



Como decía en la entrada anterior, cuando les conté de las linduras de algunos gobernadores priistas, a diferencia del PAN y del PRD, el PRI no nació como un partido político. Es decir, no se trata de un grupo de gente que se organiza para competir por el voto de la ciudadanía y así alcanzar puestos de poder desde los que pueda llevar a cabo sus planes, de acorde con sus objetivos e ideología. El PRI nació como una maquinaria para que el grupo que ya tenía el poder pudiera mantenerlo y seguir controlando al país, y para ello necesitaba una institución que aglutinara dentro de sí, y de esa forma manipulara, a todos los sectores de la sociedad: sindicatos, federaciones estudiantiles, agrupaciones de profesionistas, medios de comunicación, corporaciones diversas, todos los niveles de gobierno, gremios, iglesias, cofradías, camarillas, etcétera, etcétera. Por eso el PRI no tiene más ideología que la de obtener el poder y beneficiar a sus paniaguados con él.

A esto se le conoce como corporativismo. El individuo no es nadie, a menos que se encuentre dentro de una  organización (un sindicato, una federación estudiantil, etc.). Fuera de ella, le será difícil conseguir empleo u oportunidades para crecer. Dentro de ella, tendrá todas esas oportunidades, siempre y cuando sea absolutamente fiel al equipo y esté dispuesto a lamer muchas botas, a cambio de que, si le llega el momento, él mismo pueda obligar a otros a lamer las suyas. Para ascender dentro del grupo, para ser chingón, hay que entrarle al juego de la corrupción y la tranza, hacer favores, agachar la cabeza y mirar para el otro lado. Si te quieres hacer al de las manos limpias, no pasa nada, sólo te quedas abajo en la jerarquía por el resto de tu mediocre vida. Si quieres hacer un cambio desde adentro y limpiar la organización, te eliminan, o en el mejor de los casos, te defenestran. En pocas palabras, o te corrompen, o te ignoran, o te matan.

Ahora, cada una de estas organizaciones pertenece o está afiliada de una u otra forma a la organización mayor: el Partido Revolucionario Institucional. La misma estructura de cada grupúsculo se reproduce en escala vertical hasta arriba, y así es como el PRI logra constituir una red de corrupción y poder omnímoda y omnipresente, en la que cada individuo se esfuerza por mantener el estado de cosas porque está convencido de que es la única forma de que le toque algún hueso. Se trata de una estructura tan brillantemente malvada que bien podría haber sido diseñada por el Profesor Moriarty.

Es ésa otra razón por la que el PRI supo obtener más simpatías que el PAN. Mientras que en el PAN sólo puede prosperar la "gente bien", en el PRI cualquier huaracataca puede escalar por la estructura si aprende a lamer botas y rascar espaldas como es debido.




Los analistas Roger Bartra, en "La hidra mexicana" y Enrique Serna en "¡Vivan las cadenas!" lo han expresado de forma contundente: El ascenso del PRI no se puede explicar por un cambio o reestructuración en su forma de trabajar, métodos o ideología. El PRI sigue siendo exactamente el mismo, con sus líderes charros y sus caciques, después de 12 años de presidentes panistas. La victoria de Fox en el 2000 no mató a la Hidra, sólo le cortó la cabeza, pero el monstruo siguió vivo y con su estructura intacta en el microuniverso de las gubernaturas y los municipios.

Si algo ha permitido el ascenso del PRI ha sido el desastroso gobierno de la derecha y la obstinación intransigente de la izquierda, que sólo se dedicaron a roerse las cabezas unos a otros por los últimos 6 años. Eso provocó un sentimiento de decepción y desaliento entre la población. Algunos están muy conscientes de que los responsables de esa decepción son los políticos mexicanos, pero otros se han decepcionado de la democracia y prefieren el regreso a tiempos, que ellos recuerdan como "más sencillos", en que había un solo partido, un solo gobierno, una sola clase política, un solo discurso, un solo camino y ninguna ideología. Cuando el PRI perdió la presidencia, se abrió una jaula, pero a muchos mexicanos les ha dado miedo estar en el exterior.

El regreso del PRI significaría la pérdida de la libertad de expresión e imprenta, la vigilancia constante a la población, la represión a los disidentes, las crisis económicas constantes, el fortalecimiento de los sindicatos corruptos, la recuperación de privilegios por parte de la Iglesia Católica, la eternización de líderes charros y caciques que controlan regiones enteras como señores feudales, la imposibilidad de organizar grupos que pretendan hacer las cosas de forma distinta, la impunidad absoluta, la consolidación del poder de Televisa, el regreso de narcojefes de policía corruptos, el pacto con el crimen organizado (lo que no quiere decir que los narcos te vayan a dejar tranquilo, sino que ahora tendrán el pláceme del gobierno para hacer lo que les dé la gana)... En fin, el regreso del PRI sería un retroceso histórico del tamaño de volver a construir el Muro de Berlín o restaurar el Apartheid. Eso es lo que yo temo, y es por eso que lo considero el escenario más horrible.

Y bueno, del mismo Peña Nieto no hay mucho qué decir. Es un títere del PRI, un candidato con mucha imagen y poco fondo creado para una sociedad dirigida por la televisión (y no cualquier televisión sino Televisa), un tipo a todas luces torpe e ignorante (y el caso de la FIL no es una cosa sin importancia), con un gobierno corrupto y autoritario, y al que se le olvida de qué se murió su esposa. Como dijo Enrique Serna, en un país civilizado alguien con el currículo de Peña Nieto no habría llegado tan lejos en la contienda electoral. ¿Qué tan incivilizado necesita estar este país para que lo tenga como presidente?




Ahora hablemos del Peje. Ufff. Bueno, les dejo este fragmento de una entrevista que Neewsweek le hizo a Roger Bartra:


En México han estado casi ausentes las grandes tradiciones de la izquierda en el mundo: el comunismo y la socialdemocracia. Estas dos corrientes no enraizaron y no se modernizaron en nuestro espacio político. Esto ha provocado una gran penuria y una falta de experiencia política en los movimientos sociales, que han sido captados por la cultura populista. Y el populismo no es propicio a la indignación; propicia más bien sustitutos blandos, nacionalistas e institucionalizados de la idea de revo­lución.


Ése es el Peje. Un tipo populista con complejo mesiánico, intransigente, dogmático, incapaz de reconocer sus errores, con una idea de izquierda de hace 40 años o más. Pero, ¿es realmente un peligro? Como he dicho antes, el Peje me parece más ridículo que peligroso.

Eso sí, sus pejezombis me cagan la madre. Uno no puede tener una discusión decente con ellos y suelen creer que todo de lo que hablas es AMLO o contra AMLO. Son verbalmente violentos, y si criticas al Peje, de cerdo fascista-prianista-neoliberal no te bajan. Se lo toman todo personal y piensan con el hígado, no con el cerebro. Confían en su mesías hasta el punto de declarar que quien no está con él no es izquierda verdadera, que "no hay otro", que es el único verdaderamente revolucionario, y demás bosta por el estilo. Y aunque el Peje ha hecho lo posible por dejar en claro que él no tiene nada que ver con Chávez, entre los pejezombis se cuentan muchos chavistas, castristas y hasta stalinistas.

Pero he aprendido que no todos los simpatizantes de López Obrador son pejezombis descerebrados. Algunos simplemente consideran que es la única opción de izquierda disponible. Hay en el movimiento mucha gente decente y sensata, y ellos sí merecen mi respeto.




Volviendo al Peje y a su peligrosidad, algo que me encabrona desde las elecciones pasadas es que en vez de criticarlo con verdades (tiene cola que le pisen, y no poca), sus enemigos lo han hecho con falsedades, confiando en la ignorancia política e histórica de los mexicanos, y muchas veces valiéndose de falacias lógicas bastante burdas. Por ejemplo, la asociación Chávez-Peje es muy socorrida. Se dice que de ganar el Peje implantaría una dictadura tipo Venezuela. ¡Pero el Peje no tiene nada que ver con Chávez! El Peje ni siquiera es socialista, ni nada por el estilo. Es sólo un populista con un discurso izquierdista mesiánico de hace 40 años.

El Peje no implantaría una dictadura. Incluso promete dejar abierta la posibilidad de que la ciudadanía pueda revocar su mandato en caso de que la cague muy en grande. Pero si quisiera implantar una dictadura, eso no es posible: México no es Venezuela, con su historial de dictaduras militares. El Peje no es militar, ni tiene al ejército a su disposición. Es más, de ser presidente, no tendría ni la mayoría en las Cámaras, ni muchos gobernadores aliados. O sea, no hay forma en la que el Peje pudiera acumular y concentrar el poder en sí mismo, aún si ése realmente fuera su objetivo.

Otras acusaciones incluyen:  el Peje rompería relaciones con Estados Unidos; le quitará un auto a quien tiene dos, para donar el otro a los pobres; acomodará familias pobres en las casas de gente de clase media. Son tan absurdas y ridículas como ésas de que los comunistas comían bebés o los ateos violaban niños, con los que se solía espantar a los aldeanos ignorantes en tiempos ligeramente menos primitivos que los que vivimos en México.

¿Qué se le puede criticar al Peje? Varias cosas, como su mochismo religioso, que le impide pronunciarse con claridad en asuntos espinosos como el matrimonio gay o el aborto. Y aquí los pejezombis dicen "No, maese, lo que pasa es que es un brillante estratega y sabe que no puede pronunciarse a favor de estos temas porque pierde electorado"... sí a huevo, por lo mismo lo hace el PAN. La otra gran crítica que puede hacérsele al Peje es la presencia de ilustre escoria política como Bejarano y Bartlett. Pejezombis "No, maese, lo que pasa es que en política hay que hacer alianzas estratégicas"... sí a huevo, por lo mismo lo hace el PRI.



Lo que realmente me da miedo del Peje son dos cosas: 1) Que, como a lo largo de su carrera política, se muestre reacio a admitir errores o aceptar críticas, y que cada cosa que haga mal o que deje descontenta a la población se la atribuya a un compló, y que sus pejezombis estén listos para defenderlo con gritos, insultos, marchas y uno que otro wamazo. 2) Que de alguna manera la cague tan estrepitosa y absolutamente que le vede el camino a grupos de izquierda realmente progresistas. Pero ninguno de los dos temores tiene que hacerse necesariamente realidad, sobre todo si la voluntad de los ciudadanos mexicanos se encauza en impedirlo.

Decía yo que ni aún ganando la presidencia tendría AMLO los medios ni la oportunidad de concentrar el poder en su persona, movimiento o partido. El PRI, en cambio, sí que los tendría. Su red de corruptelas, tranzas y tráfico de influencias llegaría desde Los Pinos hasta las comisarías ejidales, y tendría todos los recursos a su disposición como para eternizarse en el poder por varios sexenios más, ya sea mediante el fraude electoral (en lo que son expertísimos) o de alguna otra forma.

Y aquí está el meollo de todo el asunto, la razón por la que finalmente me decidí a votar por el Peje y no a anular mi voto: el Poder. Se trata de evitar que una sola entidad tenga el poder absoluto en México. Ni el PAN ni el Peje podrían hacerlo; el PRI sí. El PAN no tiene posibilidades reales de ganar la presidencia (y ya quemó a lo pendejo las dos oportunidades que les dimos); el Peje sí.

Verán, yo creo que el futuro de la democracia no está en las elecciones ni en los partidos políticos; no está en elegir a un candidato y esperar a que lo resuelva todo. Creo que la verdadera democracia va más allá de las urnas, y que incluso no es necesario participar en la farsa electorera para ejercerla. Creo que el futuro de la democracia está en la participación cada vez más directa de sectores cada vez más amplios de la ciudadanía, es decir, de una presencia más activa de la sociedad civil, participativa, consciente, ilustrada y propositiva, en oposición a la clase política, anquilosada, retrógrada y que sólo se representa a sí misma. En México no tenemos democracia, sino partidocracia, pero será mucho más viable rompes esa partidocracia si el poder está repartido entre tres partidos, y no concentrado sólo en uno. Por eso me saca de onda que habiendo tantas personas luchando ahora mismo por fortalecer sus democracias, los mexicanos vayan a votar para eliminar la poca que tiene.

El triunfo del PRI bloquearía o eliminaría cualquier intento por construir una sociedad más democrática, plural y próspera en nuestro país. Piensen, ¿cuándo fue la última vez que la sociedad civil trató de dialogar con un gobierno priista?




Ah... Hum... No, debe haber habido otra ocasión más reciente...




Ok, ya etendimos. El punto es que si bien AMLO podría ser igual de incompetente que cualquier otro candidato, por lo menos su gobierno no tendría el poder (y dudo mucho que la intención) de reprimir o aplastar los movimientos sociales necesarios para la cristalización de la democracia en nuestro país.. y por movimientos no digo marchas ni plantones, sino acciones colectivas organizadas para asegurar que realmente sea la ciudadanía la que determina el rumbo que toman esta nación. Con el PRI eso sería prácticamente imposible. Vamos, hasta Enrique Krauze dice que con todo y todo el Peje es el menos peor de los candidatos:




Y es que López Obrador es un por lo menos. Por lo menos no es corrupto, por lo menos no ha mandado a matar a nadie, por lo menos no es autoritario, por lo menos se ha rodeado de intelectuales, por lo menos se preocupa por los pobres, por lo menos ha prometido la posibilidad de revocación de mandato, por lo menos dejaría abierta la puerta a la pluralidad política; por lo menos sus anuncios de campaña no son completamente vacíos, sino que por lo menos dicen alguna propuesta concreta; por lo menos no es clasista, elitista y despectivo; por lo menos él tiene a UN Bartlett y a UN Bejarano, mientras el PRI está lleno de Bartletts y Bejaranos. Pero es un por lo menos muy real, un por lo menos del que Peña Nieto no puede jactarse. Esto no lo hace el mejor candidato, pero su gobierno sería el escenario menos horrible.

Volviendo a lo de la red de poder que significa el PRI, ésa es precisamente la razón por la que voy a votar por el PAN en las elecciones estatales. El PAN y el PRI son prácticamente iguales en Yucatán, y efectivamente no habría mucha diferencia entre un gobernador de un partido o del otro. Pero el gobernador priista no estaría solo, sino que formaría parte de esa misma red de corruptelas y putrefacción que hemos descrito. Como yo quiero realmente quebrar esa red, o por lo menos impedir que alcance el poder absoluto, voy a votar por el único partido que puede hacerle la competencia para la gubernatura y la presidencia municipal: el PAN. Invito a todos los mexicanos a hacer lo mismo: votar por el que tenga las posibilidades de vencer al PRI, tratar de cortarle a la Hidra todas las cabezas posibles.

Ahí lo tienen. Ésas han sido las reflexiones que he estado formulando en las últimas semanas. A los votonulistas, les dejo una más: ¿no vale la pena ensuciarse el alma con la farsa electorera si en el peor casos el hacerlo resulta inocuo (aunque moralmente indeseable), pero en el peor casos el NO hacerlo redundaría en la muerte de toda posibilidad para construir una verdadera democracia en este país?

Y ahora veamos qué opinan los lectores...





Gracias.

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